La captura de Camilo Torres, alias “Fritanga”, mientras disfrutaba en compañía de más de cien personas la fiesta de su matrimonio, pone otra vez en el primer plano del interés nacional el despilfarro de dinero y la ostentación desmedida de los narcotraficantes.
Pero también pone el dedo en la llaga en torno al verdadero control que ejerce el Estado sobre sus bienes, que no son enajenables y solo pueden ser usados por particulares mediante concesión. Entre esos bienes está isla Múcura, donde funciona el hotel que sirvió de escenario para la fiesta de “Fritanga”, que el Incoder asegura que es un terreno baldío de la Nación y que está en proceso de recuperarlo.
El Consejo de Estado tiene en sus manos una disputa jurídica, porque el predio Punta Faro había sido entregado por Salvatore Mancuso para reparación de las víctimas de la violencia de los paramilitares, argumentando que se la había dado el narcotraficante José Israel Guzmán, como parte de pago de una deuda. Sin embargo la familia de Guzmán reclama tener derechos sobre el sitio.
Para terminar de enredar el asunto, el Fondo de Reparación no ha recibido el predio oficialmente, porque considera que es un baldío de la Nación como asegura Incoder, y no una propiedad privada que se pueda vender o transar.
Y como una funcionaria del Incoder aseguró que esa entidad no ha suscrito ningún contrato para arrendarlo, requisito que tienen que cumplir los demás usuarios de predios en Islas del Rosario y San Bernardo, sería bueno conocer en virtud de qué acuerdo usufructúa el predio, o si el Incoder aún no ha empadronado las islas de San Bernardo ni establecido contratos con sus usuarios, como sí hizo en las del Rosario.
Pero ahí no terminan los enredos alrededor de “Fritanga”, pues en otra muestra de la manera como el narcotráfico puede corromper las instituciones, existe un registro de defunción en la Notaría 17 de Bogotá, en el que se certifica que Camilo Torres Martínez murió el 2 de diciembre de 2010 a las 11 de la noche. El registro fue expedido a solicitud de un hombre que presentó para ello un certificado de un médico de quien no existe información.
El episodio de la captura de “Fritanga” demuestra que todavía está vigente la cultura ostentosa y farandulera del narcotráfico, esa que tanto parece asombrar y atraer a los colombianos. Peor aún, demuestra la capacidad de los narcotraficantes para infiltrarse en las instituciones con el dinero ilimitado que tienen y las estructuras criminales que manejan.
Preocupa que para muchos colombianos, más que la importancia del golpe a una de las organizaciones de tráfico de drogas con la captura de “Fritanga”, lo que les llama la atención y lo que comentan con entusiasmo es la capacidad ilimitada de estos criminales de entregarse a los excesos de la rumba y el licor, como si esa ostentación grotesca fuera un acto virtuoso.
Reiteramos que debería ser más llamativa para los colombianos la capacidad demostrada por las autoridades para investigar y capturar a un prófugo de este calibre, que el derroche de la francachela.