En Cartagena se observa un curioso contraste con respecto a la conservación de un ambiente sano, especialmente en lo que respecta a la arborización: mientras se condena de manera indiscriminada toda tala, incluso aquellas imprescindibles para la protección de las redes de energía, no hay un compromiso para colaborar en el cuidado de los árboles que están sembrados en el espacio público. Hace unas semanas, la Fundación Verde que te Quiero Verde criticó la arborización en el segundo tramo de Transcaribe, que se extiende desde el sector El Amparo hasta Los Cuatro Vientos, en la Avenida Pedro de Heredia, con señalamientos puntuales que la Contraloría Distrital quiso comprobar la semana pasada, en compañía del Establecimiento Público Ambiental (EPA), Tras una inspección, la Contraloría dijo que había encontrado defectos, sobre todo en el sector de La Castellana, por lo cual pidió a Transcaribe tomar cartas en el asunto. Es satisfactorio observar que los organismos de control están atentos a que las obras contratadas en Cartagena cumplan plenamente con su componente ambiental, especialmente en el caso de la siembra de árboles, que ha sido un verdadero problema en la ciudad en los últimos 15 años. El gerente de Transcaribe se comprometió a exigir a los contratistas que enmienden los errores cometidos, al tiempo que justificó la siembra de algunas especies, como la Palmera de Manila, asegurando que era la adecuada para el separador de una vía de tanto flujo. También asegura el gerente de Transcaribe que los contratistas buscan directamente a los profesionales que se encargarán de la arborización, y ambos son responsables del resultado. Precisamente, las críticas a ese resultado fueron formuladas por la Fundación Verde que te Quiero Verde, que ha sido contratada para la siembra de los tréboles en el Camellón de los Mártires, donde también hubo que reemplazar algunos que no pegaron. En todos los casos, la comunidad espera que se corrijan los errores y se le entreguen a la ciudad espacios verdes para mitigar la contaminación ambiental, considerando que Transcaribe cuenta con la asesoría de un ingeniero forestal y el EPA tiene sus propios especialistas, que no sólo deben estar atentos a lo que hagan los contratistas, sino incluso sugerir qué árboles deben sembrarse en los diferentes lugares de la ciudad que lo requieran. En todas las obras públicas y privadas que se adelanten en Cartagena –sean las vías de Transcaribe, la ampliación de redes de los servicios públicos o la construcción de un edificio– y que requieran la tala de árboles, es obligatorio reponerlos en número mayor. Este efecto multiplicador que en teoría se exige para otorgar cualquier permiso de tala, no es visible y valdría la pena que tanto la Contraloría como el EPA se ocuparan también de inspeccionar el cumplimiento con la misma celeridad con que lo hicieron en el caso de Transcaribe. Por ejemplo, sería bueno saber dónde se siembran los nuevos árboles que deben reemplazar a uno que se haya talado. Teniendo en cuenta que hay más de 15 edificios en construcción, que talaron al menos dos árboles, es de presumir que existirían por lo menos 60 nuevos árboles en la ciudad, si la exigencia es en la proporción de 2 a 1. ¿Dónde los sembraron y en que estado se encuentran? Un recorrido simple por las tres o cuatro principales avenidas de Cartagena nos muestra un escenario yermo y abrasador, como consecuencia de la tala exigida por gran número de obras públicas y privadas. Esperamos que todos los organismos de control se entreguen a la tarea de inspeccionar si se han cumplido a cabalidad las exigencias de siembra a quienes se les otorgaron permisos de tala. La arborización de calles, avenidas y parques debe ser una prioridad, para compensar los árboles que se destruyen en otras partes de la ciudad, para mejorar el paisaje y para gozar de sombra. Y esta preocupación debe suscitar el mismo afán en los organismos gubernamentales que se ocupan del medio ambiente, al igual que en los de control, pero sobre todo, debe ser una tarea cotidiana y permanente de cada ciudadano.