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La agenda del Caribe

Los 8 departamentos de la Región Caribe colombiana siguen siendo muy pobres a pesar de todas las promesas de los candidatos presidenciales de que atenderán sus reclamos, luego incumplidas cuando llegan al Palacio de Nariño. La golosina ofrecida en este gobierno a la Costa Caribe son las regalías.

El proyecto de autonomía regional consagrado en la Constitución de 1991 nunca será impulsado por el Gobierno central, ni este ni otro, sino lo contrario. Siempre lo torpedearán. La región tiene que buscar cómo sacarlo adelante.

Solo dos regiones en el país tienen inquietudes autonomistas fuertes, Antioquia y la Costa Caribe. La primera tiene lo que le falta a la segunda: medios económicos y sobre todo, regionalismo y una unión acerca de lo fundamental. Ser paisa está por encima de todo, incluidas las rencillas internas. Y los paisas tienen mucha confianza en sí mismos.

En la Región Caribe no paisa, no solo no tenemos confianza en nosotros mismos, sino que prima la desconfianza entre las comunidades de cada departamento y sus políticos, y entre las propias ciudades y departamentos. Aquí la ganancia de un departamento o una ciudad es vista como la pérdida de otro. Y en río revuelto, gana siempre el centralismo.

La desconfianza entre la población y sus políticos aún no permite que en el Caribe se vea bien un gobierno regional con su burocracia respectiva, sino lo contrario. Genera una incertidumbre enorme, salvo por la certeza popular de que si tuvieran cómo hacerlo, también se “ripiarán” la plata que le correspondería al Caribe. 

Por otro lado, y repitiendo lo dicho aquí en otras oportunidades, las ciudades principales compiten entre sí y también desconfían unas de otras, tanto dentro de los propios departamentos, como entre estos. Los habitantes de Mompox y Magangué, por ejemplo, ven a Cartagena como la capital centralista que se traga todos los recursos bolivarenses, en perjuicio del desarrollo de esas dos poblaciones. Arjona y Turbaco pueden sentir algo parecido, aunque sus economías están mucho más integradas a la de Cartagena, asimilándose en muchos aspectos a una conurbación.

Santa Marta, Barranquilla y Cartagena tienen también sus propias rivalidades, especialmente las dos últimas: ambas quieren ser centros industriales, portuarios y aeroportuarios principales, cuando cabrían especializaciones y sinergias. Por su parte, San Andrés también se siente periférico y marginal, además de tener una identidad propia fuerte.

Reiteramos que el Caribe colombiano necesitar definir –con la ayuda de expertos aceptables para todos- en qué es más eficiente cada cual para trabajar como bloque regional, aunque podría definirse antes algún proyecto común, concreto y benéfico para todos que permitiera arrancar con el pie derecho en el reto de trabajar juntos las ciudades y departamentos.

El localismo miope que nos agobia podría dar al traste con la gran oportunidad del litoral, acentuada por la dinámica del comercio exterior, la inversión extranjera y el turismo.

¿Cómo vencer la suma de desconfianzas que nos fragmentan y paralizan? Ese quizá sea el reto mayor de la Costa Caribe. Resuelto, es probable que lo demás llegara por añadidura.

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Comentarios

...muchas cosas sugieren ke

...muchas cosas sugieren ke todas las cuestiones planteadas en el editorial, tienen resolucion a partir de la observacion a los cimientos del edificio social construido hasta el momento. En terminos de esa analogia, se fundieron unas zapatas para la cimentacion, cuando por condiciones del territorio tan solo se necesitaba era una simple viga de amarre.

Totalmente válidas las

Totalmente válidas las angustias planteadas en el editorial. De manera prioritaria debe insistirse en la unidad de la región Caribe, sin egoísmos, decidiendo siempre elegir a los más capaces y honestos. La corrupción rampante ha venido opacando los grandes valores de sus habitantes, contrariando su verdadera idiosincrasia. El pueblo y sus gobernantes tienen el derecho y el deber de exigir un trato equitativo al Gobierno Central.

Esos celos enfermizos y

Esos celos enfermizos y desconfianza recalcitrante entre los ciudadanos y entre las poblaciones, deben desaparecer con educación y civismo, proyectando ante los demás la imagen positiva que realce a la costa Caribe como lo que es: El gran patrimonio de Colombia.