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La Constitución de 1812, un ejemplo a seguir

Hoy hace 199 años se publicó la primera constitución republicana de la Nueva Granada, la Constitución del Estado de Cartagena de Indias, redactada por una Convención de 34 diputados en representación de las cinco provincias que hacían parte de él.

Fue, además, la primera constitución libre de lo que hoy es Colombia, consecuencia directa de la Declaración  de Independencia firmada y proclamada el 11 de noviembre de 1811.

Este documento es un ejemplo de dignidad y voluntad libertaria, empezado por dejar claro que el de Cartagena era un “Estado libre, soberano e independiente, absuelto de toda sumisión, vasallaje, obediencia”.

Demuestra también lo complejo de ajustar  sociedad e instituciones, para dejar a un lado la monarquía y llegar a la república, apartando el despotismo y comprometiéndose por la libertad.

Fue una gesta que lograron por igual los autonomistas aristócratas y los independentistas populares, tras meses de debates, discusiones y finalmente acuerdos, se logro una ley fundamental que expresaba el espíritu democrático motivador de los libres asumidos, respetando la diferencia ideológica y con el propósito irrenunciable de lograr el consenso.

En un territorio multirracial, donde blancos, negros libres, mulatos y pardos dejaron atrás sus conflictos sociales para abrazar una causa común, pudo prosperar durante algunos años el sueño de la nación emancipada, que se sacudió del yugo colonizador del imperio español y, al menos por un tiempo, empezó a construir una república donde todos sus ciudadanos tenían los mismos derechos.

Infortunadamente, ese espíritu unitario no se mantuvo cuando tres años después, la corona española mandó el imponente y numeroso ejército de Pablo Morillo, pues en lugar de seguir inspirados por el consenso que derribó barreras clasistas e ideológicas entre las dos facciones dirigentes de Cartagena, ambos bandos gastaron sus energías y su entusiasmo en combatirse mutuamente, hasta cuando el reconquistador español puso sitio a la ciudad y perpetró la más infame de las matanzas por estos lares, dejándola diezmada y abatida, inerme ante el regreso de los colonizadores.

El período que va entre noviembre de 1811 y agosto de 1815 debería servirnos para reflexionar sobre el destino de los pueblos cuando están unidos y cuando están fraccionados en conflictos fratricidas.

La Constitución de 1812, que resume e ilustra la dignidad de un pueblo que no está dispuesto a seguir sometido a las cadenas opresoras de un imperio colonial, es un documento que debería ser de obligatorio estudio en colegios y universidades de Cartagena, al tiempo que las circunstancias de su redacción y promulgación deberían ser conocidas de memoria por todos.

Tal vez así entenderíamos que no llegaremos a ningún lado si persistimos en el canibalismo que desbarata buenos propósitos y que, como a los insensatos patriotas de 1815, sólo nos conducirá a la ruina y a la desolación.

En cambio, si seguimos con energía el ejemplo de los que redactaron esa constitución, probablemente Cartagena empieza a transitar otro rumbo más próspero, amable y en un espíritu de paz.

 

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