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Editorial

Renovar el aguacate

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Ayer publicamos en El Universal la noticia de la muerte de 3.700 hectáreas de aguacate en Montes de María, además de que hay otras 800 hectáreas amenazadas. Senén arias Aragón, un líder montemariano, nos dijo que allí se había perdido 80% del empleo debido a la mortandad de los árboles de este fruto emblemático de la zona.
Colombia es el quinto productor mundial de aguacates, y los Montes de María eran los mayores productores del país, pero debido a la violencia, a las malas prácticas agrícolas –allí no se poda, abona, ni se siembra técnicamente- y a los hongos Phytophthora Cinnamomi Rands y Verticillium sp, la producción cayó y cae vertiginosamente.
Además de lo anterior, mientras el aguacate de la zona sigue siendo el mismo de la raza antillana, de los ecotipos cebo, leche y manteco, llevado de Santa Marta por los españoles durante la Colonia y sembrado por ellos en Montes de María (dato de Yabrudy, en los cuadernillos del Banco de La República), en el interior del país se cultivan aguacates mejorados como el Hass, con amplios mercados para exportación.
Según José F. Camero (2011), “En  Colombia hay sembradas 21.801 hectáreas de aguacate distribuidas así: nativos o criollos 10.645 hectáreas que corresponden al 49% del área; 5.696 hectáreas de Hass, que corresponden al 26%; y 5.460 hectáreas de aguacates pieles verdes, que hacen el 25%  restante”.
Entre estos de pieles verdes está la variedad Lorena (o Papelillo), considerada excelente para Montes de María por un cultivador experto del municipio de Turbaco. Estos frutos pesan de 400 a 650g y se comportan bien a menos de 1.000 metros sobre el nivel del mar, incluido el área rural de Turbaco.
Varias veces hemos opinado aquí que es una vergüenza cómo el Estado arrastra los pies en Montes de María. Los militares hicieron una gran labor al arrancárselos a los violentos, pero no han sido secundados por el resto de la institucionalidad.
El aguacate es la base de la economía de Montes de María y la burocracia nacional no ha hecho sino hablar paja en vez de implementar un plan de choque que tendría que incluir rescatar los aguacates que quedan vivos como medida de emergencia, y resembrar rápidamente la tierra disponible con nuevas variedades mejoradas de este fruto.
La tragedia causada por la enfermedad de los árboles creó la oportunidad de mejorar todo y de ayudar a enriquecer a los Montes de María, pasando de un cultivo obsoleto y con árboles viejos, a técnicas modernas de siembra, manejo, cosecha y empaque, de tal manera que la tierra produzca más y mejores frutos.
Ya que el Estado no se inmuta, el sector privado podría crear una alianza fenomenal con el campesinado alrededor de cultivar aguacates con técnicas y mercados del siglo XXI. No sería una obra de caridad, sino un gran negocio para todos.

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