Indicadores económicos
2017-07-22

Dólar (TRM)
$3.010,77
Dólar, Venta
$2.868,00
Dólar, Compra
$2.680,00
Café (Libra)
US$1,56
Euro
$3.505,13
UVR, Ayer
$251,53
UVR, Hoy
$251,55
Petróleo
US$45,77

Estado del tiempo
2017-07-21

marea

Marea min.: -15 cms.

Hora: 05:41

Marea max.: 29 cms.

Hora: 22:51

Dirección viento: Variable

Intensidad viento: 5 a 19 kms/h

Temp. superficial del mar: 27 ºC

oleaje

Cartagena-Islas del Rosario: 0.8 a 1.3 metro(s) de altura

Estado

estado
Mín. 27 ºC
Máx. 33 ºC

Pico y placa
2017-07-22

Hoy no salen los vehículos con placa:

Vehículos Particulares

Sábados de 7 a.m a 3 p.m

1 - 2
Taxis
N/A - N/A
Motos
N/A - N/A - N/A - N/A - N/A

El intento de reformar la Ley 30 despertó un dragón dormido

Analistas, académicos y estudiantes concuerdan en que hace décadas no se veía un movimiento juvenil con las características de la Mesa Amplia Nacional Estudiantil, MANE, una organización que se consolidó en poco tiempo, pero que condensa la experiencia y el trabajo que han desarrollado líderes universitarios rebeldes, pero con argumentos.

Lo que hoy se conoce como MANE empezó a formarse hace tres años, cuando cinco organizaciones vieron posible la idea de unir fuerzas en las movilizaciones estudiantiles: la Federación de Estudiantes Universitarios, la Asociación Colombiana de Estudiantes Universitarios, la Federación Universitaria Nacional, la Organización Colombiana de Estudiantes y el Proceso Nacional Identidad Estudiantil.

Desde entonces han venido trabajando para consolidar lo que ellos llaman una mesa amplia democrática, donde pueden participar estudiantes de universidades públicas y privadas. Solo el 21 de agosto de este año, en el auditorio Camilo Torres de la Universidad Nacional de Bogotá, quedó conformada la MANE, con once voceros en Bogotá y con representantes en cada región elegidos por votación.

El vocero más joven de la MANE en Bogotá es Óscar Aponte que tiene 17 años y que empezó a formarse para ser un líder estudiantil cuando ingresó al programa de sociología de la Universidad Nacional. Aponte comparte discusiones con compañeros más experimentados, como Andrés Rincón, estudiante de la Nacional de la maestría de estudios políticos, quien de sus 30 años, le ha dedicado 10 al activismo estudiantil. 

Un elemento clave en el movimiento es que logró organizarse por comisiones: de derechos humanos, de comunicaciones y académica, para coordinar las protestas y para darle forma a su proyecto bandera: “El programa mínimo”, una idea que retomaron del movimiento estudiantil de 1971, que mostró su fuerza ante la muerte de ocho estudiantes de la Universidad del Valle durante una protesta ocurrida el 26 de febrero de 1971.

Según Rincón, se retomó la esencia del programa mínimo de los años setenta y se actualizaron puntos. Por ejemplo, la financiación de la educación superior, que se concibe como un derecho y para la cual se hacen propuestas macro, como la eliminación de exenciones tributarias a las multinacionales extranjeras, la reducción del presupuesto destinado a la guerra y la destinación de utilidades de las empresas de servicios públicos a la educación.

En cuanto a la labor del Icetex en este programa, se plantea que el instituto sea financiado solo con recursos del Estado, para cortar los vínculos con las entidades bancarias y organismos multilaterales de crédito, de manera que el Gobierno tenga la capacidad de reestructurar créditos, suspender procesos contra quienes no han podido pagar sus deudas y refinanciar los restantes.

En total son seis puntos que integran el fortalecimiento de la autonomía universitaria, el bienestar de los estudiantes en los campus, y la creación de garantías para que las universidades puedan mejorar su calidad académica y los estudiantes tengan real libertad para expresar sus opiniones.



EL RENACER DEL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL 



Líderes como el presidente del Sistema Universitario Estatal (SUE), Danilo Vivas, reconocen que el movimiento estudiantil estaba en deuda con el país, hecho que para otros voceros, como Rincón, se debe a la represión que vivieron los estudiantes desde la década de los años ochenta y que “se extendió hasta el Gobierno de Álvaro Uribe”.

“Hace falta recordar la década de los ochenta, cuando el movimiento estudiantil fue prácticamente barrido. El periodo de Uribe también fue tremendamente difícil en materia de libertades democráticas y hoy el movimiento estudiantil ha logrado sobreponerse”, dijo Rincón.

Para este vocero, de cabello largo y ojos azules, más que saldar una deuda lo importante de la MANE es que logró entender que solo con la unidad se pueden lograr cosas importantes. Hoy lo han hecho, a punta de marchas y de un paro sostenido lograron que la ministra de Educación, María Fernanda Campo, firmara la carta para pedir el retiro del proyecto de reforma a la Ley 30 del Congreso.

“Hace muchos años que el movimiento estudiantil no estaba tan cerca de obtener una victoria nacional contundente, el movimiento estudiantil tiene propuesta, elemento fundamental y jugará un papel muy importante de aquí en adelante”, sostuvo el joven Aponte.

Incluso, ahora que parecen tener el sartén por el mango no se conformarán con el retiro de la reforma del Congreso. Según Rincón, su meta es “materializar un modelo de educación superior radicalmente diferente al que tenemos actualmente, lograr que ese programa mínimo de los estudiantes se haga realidad en nuestro país, porque sabemos que es posible”.



MÁS ALLÁ DE LA SÉPTIMA PAPELETA



El último de los movimientos estudiantiles que los colombianos recuerdan es el que terminó en la conformación de la Asamblea Nacional Constituyente, y que se conoció como el de la Séptima Papeleta. Pese a su importancia, para Alejandra Barrios, una de las líderes de este movimiento y hoy directora de la Misión de Observación Electoral, (MOE), la MANE ha logrado superar el impacto de esas marchas que marcaron la historia de la creación de la Constitución de 1991. 

Según Barrios, las movilizaciones de finales de los ochenta e inicios de los noventa empezaron porque los estudiantes sentían que la Constitución de 1886 no los representaba y por eso buscaron el camino hacia una reforma, mientras que la MANE está enfocada en un viraje en el modelo de educación y de políticas que afectan la disponibilidad de recursos para este rubro.

Pero ella cree que la gran diferencia entre uno y otro movimiento es el poder de convocatoria que ha demostrado tener la MANE. Solo en Bogotá el número de personas que salieron a las calles superó los 50 mil marchantes, que se aglutinaron como hormigas en la Plaza de Bolívar después de caminar por distintos puntos de la ciudad acompañados de un fuerte aguacero, el jueves pasado. 

“La séptima papeleta movió muchísimos estudiantes, pero creo que no tuvo la dimensión de este movimiento. Estuve en la marcha del jueves y hubo una capacidad de movilización impresionante, que logró unir a jóvenes, familiares, amigos y profesores, que empezaron a entrar a la Plaza de Bolívar desde las 11 de la mañana, y eran las 3:00 p.m. y seguían llegando pese a la lluvia”, se asombró Barrios.

Aunque muchos consideran que las marchas podrían restarle puntos de popularidad al presidente Juan Manuel Santos, Barrios considera, al contrario, que la MANE puede rejuvenecer su Gobierno, sobre todo por la actitud conciliadora que ha demostrado en las últimas semanas: “Esto es importante para el país y para la educación, cuando los jóvenes le hablan al país los gobiernos se rejuvenecen, toman otros alientos, se plantean otros retos, ponen otras dinámicas políticas; temas que posiblemente han quedado en un segundo lugar, ellos son capaces de ponerlos sobre la mesa con mucha frescura y tranquilidad”.


Ranking de noticias

DE INTERÉS

Exprese su opinión, participe enviando sus comentarios. Las opiniones aquí registradas pertenecen a los usuarios y no reflejan la opinión de www.eluniversal.com.co. Nos reservamos el derecho de eliminar aquellos que se consideren no pertinentes. Consulte los términos y condiciones de uso.

Para enviar comentarios Inicie sesión o regístrese