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Filántropo irlandés ayuda en la educación de hispanos

Bob Hildreth vio desde su casa las consecuencias de la redada de hace cuatro años en que fueron detenidos unos 350 presuntos indocumentados de Guatemala y El Salvador y quedó golpeado por el impacto de esas acciones en los hijos de los detenidos, que pasaron a ser cuidados por extraños.

Hildreth, un ejecutivo bancario y filántropo, decidió que no podía quedarse cruzado de brazos.     

Este hijo de inmigrantes irlandeses y descendiente de los puritanos aportó el dinero para pagar las fianzas de la mitad de los detenidos, unos 100.000 dólares. Para su sorpresa, hispanos de New Bedford y del resto del estado pusieron el dinero para la otra mitad.     

Hildreth pensó: ¿Será posible convencer a las familias hispanas de que recauden dinero para la educación universitaria de sus hijos?     

Fundó así la agrupación Familias en un Liderazgo Educacional (Families in Educational Leadership, o FUEL). Durante más de un año, la organización realizó “círculos de ahorros” en Chelsea, Lynn y otras localidades de los alrededores de Boston con el objetivo de instruir a familias inmigrantes de bajos ingresos acerca de cómo ahorrar para la universidad de sus hijos. La agrupación promete que si una familia ahorra 1.500 dólares para cuando su hijo termina la secundaria, aportará la misma suma para que siga con sus estudios.     

“Actué instintivamente, por impulso”, expresó Hildreth, de 60 años y quien vendió bonos en Latinoamérica en las décadas de 1980 y 1990. “Vi que estos inmigrantes podían recaudar dinero para las fianzas, que enviaban miles de millones de dólares en remesas. ¿Por qué no pueden hacer lo mismo con la universidad?”.     

Dirigentes de FUEL dicen que la agrupación asesora a 260 familias de inmigrantes y espera ampliar su alcance a otras ciudades de Massachusetts. Uno que se enroló en sus cursos es Félix Mendoza, un salvadoreño de 57 años que trabaja a tiempo parcial en la limpieza del aeropuerto internacional Logan de Boston y quien pensaba que sus dos hijas nunca tendrían oportunidad de ir a la universidad.     

Tras enrolarse en el programa de Hildreth, Mendoza dijo que ahorra “cada centavo que puedo”. Va a talleres sobre ahorro, asiste a reuniones comunitarias en las que se informa sobre becas y no tiene problemas en preguntar a los consejeros sobre las distintas universidades.     

“No para”, comentó su hija Carolina Alemán, de 12 años y quien estudia en la Northeast Metropolitan Regional Vocational School de Wakefield. “Está encima nuestro todo el tiempo porque realmente cree que podemos hacerlo”.     

En las reuniones hablan consejeros universitarios, expertos en finanzas y estudiantes hijos de inmigrantes, que relatan sus experiencias. “En muchos casos, logramos que costeen todos sus estudios con dinero que está allí disponible”, expresó Gene Miller, jefe de operaciones de FUEL.     

Hildreth empezó con un programa piloto en Lynn, con 12 estudiantes. Los estudiantes de secundaria que asistieron a los talleres sobre becas y planificación familiar recibieron admisiones en 61 universidades y becas por un total de 2,6 millones de dólares.     

Desde entonces, FUEL abrió programas en Chelsea y Boston orientados a inmigrantes hispanos, haitianos y chinos de bajos recursos. La organización además convenció a comerciantes, bancos y fundaciones de la zona de que aporten sumas equivalentes para los jóvenes que son la primera generación de una familia que asiste a la universidad.     

Patricia Gándara, codirectora del Proyecto de Derechos Civiles de UCLA y coautora de “La crisis de la educación latina: Las consecuencias de fallidas políticas sociales” (The Latino Education Crisis: The Consequences of Failed Social Policies), dijo que hay varios programas en todo el país que ayudan a los inmigrantes hispanos a ir a la universidad, pero que ninguno aporta fondos, como FUEL.     

“Hay numerosos programas en los que sus fundadores dicen 'Voy a pagar por su matrícula y por tutores' y ese tipo de cosas”, manifestó Gándara. “Pero un programa como éste, que aporta los mismos fondos que la familia, es bastante inusual”.     

Gándara indicó que muchas familias de inmigrantes hispanos saben de la importancia de la educación universitaria, pero que a veces les cuesta planificar para ella porque el sistema educativo es muy distinto al de Latinoamérica. Por ejemplo, señaló, en México la mayoría de los niños dejan de estudiar en el octavo grado porque en la secundaria hay que pagar matrícula.     

Hildreth dijo que con su programa quiere cambiar la noción de que la universidad es algo inalcanzable. Indicó que una versión más amplia de su programa, con fondos del programa del gobierno Pell Grants para personas de bajos recursos podría tener en los inmigrantes hispanos el mismo impacto que tuvo el G.I. Bill entre los chicanos de Texas y California luego de la Segunda Guerra Mundial.     

Hildreth afirmó que su organización quiere proyectarse más allá de Massachusetts. “Tengo un plan a diez años. Y me propongo llegar algún día a Los Angeles”, expresó.     

Por ahora, no obstante, FUEL se enfoca en Chelsea, ciudad de 37.000 habitantes pegada a Boston, en la que el 80% de la población estudiantil es hispana. Más del 85% de los estudiantes de esta ciudad son clasificados como personas “en desventaja económica”, según schoolmatters.com, un portal con información sobre temas de educación de todo el país.     

Durante un reciente taller sobre becas, una joven que completó sus estudios secundarios en la Chelsea High School relataba a varios padres sus experiencias en la universidad UMass-Boston y con becas privadas. Los padres escuchaban atentamente y le pedían a sus hijos que tradujesen algunas cosas.     

“No me quiero perder nada”, dijo Encarnación Landaverde, salvadoreña de 47 años, madre de dos hijos, uno de ellos en la secundaria. “Todos los detalles son importantes”.     

Su hijo Oscar Láinez, de 15 años, que cursa estudios en la Chelsea High School, estaba sentado a su lado y le traducía las presentaciones.     

También asistió al taller Mendoza. Luego de su primera incursión, puso 28 dólares en una cuenta para su hija Carolina y 12 para su hija Eileen Alemán, de nueve años. Prometió colocar al menos 25 dólares mensuales en cada cuenta en la esperanza de reunir 1.500 dólares para cuando las niñas terminen la secundaria.     

Eileen, quien quiere ser maestra o doctora, dijo que el padre no para de hablar de la universidad. “Quiere que lleguemos lejos”, declaró. “Que no terminemos limpiando baños”.

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