El sexo se vende en El Terminalito, recorrido por una ruta de prostitución

03 de septiembre de 2018 09:06 AM

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Las agujas del reloj apenas van saboreando las 10 de la noche y en las aceras de la vía La Cordialidad las caras del sexo, las drogas y la necesidad ya se dejan ver.

Entre los claroscuros se detallan las curvas pronunciadas, frente al barrio Villa Estrella. Las mujeres reparan a los conductores que pasan por el lugar, y una que otra deja ver un gesto lascivo. Sus vestidos cortos e insinuantes atraen a los clientes.

El conductor de la moto baja la velocidad y me voy adentrando en la estación de servicio que está frente al barrio. Apenas nos detenemos cuando una de las mujeres se acerca.

“Hola, a dónde me van a llevar”, me dice una joven con acento de venezolana, de pelo negro y tez blanca. Tiene un vestido negro ceñido al cuerpo, con escotes en el pecho y la espalda.

Tiene un rostro y una voz angelical, pero sus gestos y destreza para encararme delatan la madurez que le ha dado la calle.

“Cuánto me vas a cobrar mami”, le dice el conductor de la moto en la que voy de parrillero. “Para ti... te lo puedo dejar en 35 mil pesos, con todo”, responde la joven.

“Firme, déjame y termino una carrera y regreso”, dice el motociclista y sigue en marcha lenta. Retomamos el recorrido por la vía La Cordialidad y en los corredores nos seguimos encontrando con mujeres en los andenes, que afanosas buscan clientes.

Antes de llegar a la calle que conecta con la Terminal de Transportes, tres mujeres muy jóvenes están junto a la vía. Son rubias, blancas y de pronunciadas curvas.

“Uy, cómo”, dice el motociclista con el que voy, mientras que se acerca al grupo de jóvenes, que tendrían escasos 21 años.

Pero el entusiasmo primitivo se rompe abruptamente. “Uuffff”, exclama el conductor, mientras que decide alejarse y cambia de rumbo. “Compa a esa mejor no les preguntemos. Ese olor a marihuana me patea”. Pasamos junto a la estación de gasolina que está frente a la Terminal de Transportes y vemos más trabajadoras en busca de clientes. Al menos diez hemos visto hasta ahora.

El motociclista baja más la velocidad y empieza otro eslabón del corredor sexual. “A la orden”, dice una voz masculina.

Es uno de los tres travestis que se acomodan junto a un poste. Se ríen entre ellos y saludan con la mano. Solo unos ocho metros después, casi entre tinieblas de ese sector comercial que está a orillas de La Cordialidad, otro grupo de hombres, con vestidos cortos, saluda.

Cerca de las mujeres, de la mayoría, está un hombre. Por las señas y los gestos, se puede inferir que serían sus cuidadores o proxenetas.

Recorro las inmediaciones de la Terminal de Transporte. Hay poca o ninguna iluminación en los alrededores. Algunos habitantes de calle consumen bóxer en las esquinas, pero recuerdo claro el relato del mototaxista que me condujo hasta este punto de Cartagena:

“Compadre, si quiere viejas buenas, bacanas y baratas llégate ahí junto a la Terminal de Transportes. Ahí, por ahí en eso que llaman el Terminalito. Hace como dos meses llegaron unas venezolanas allá.  Una me cobró por el polvo 15 mil barras. Pero yo estaba era limpio, llevaba apurado lo de la tarifa. Pero era una pelá bien bacana mi hermano. Yo le dije ‘qué hacemos mi amor’, no tengo para la residencia’. Me dijo que ‘no te preocupes’. Subió y me llevó a un parqueadero que está cerca de la Terminal. Me pidió 2 mil pesos y se los dio al vigilante. El vale nos dejó entrar al parqueadero y nos sentamos en un sillón viejo. Ahí lo hicimos compa, bajo las estrellas jajajaja... Yo al principio tenía era como miedo porque eso estaba oscuro y al aire libre, pero después me dio risa cuando vi que cerca estaban otros manes tirando con otras putas. Estábamos todos allí, cerca, todo el mundo se podía ver”.

Le dije al conductor de la moto que diera la vuelta para pasar nuevamente por el mismo corredor. Ahora había más movimiento de mujeres.

El motociclista se detuvo un momento y se acercó a donde uno de los hombres que acompañaba a las mujeres. Algo osado me pareció el movimiento ante el olor a marihuana y la zona lúgubre.

“Vale, cómo vas. Estamos buscando a unas chamas bacanas, para venir con amigos”, le dijo el motociclista al hombre de tez morena.

“Se las tengo. Bien bonitas y limpias. Compa te pueden salir en 40 mil la jugada”, dijo.

“Compa pero estamos ‘tirados’. A mí me dijeron que cobraban mucho más barato. Además, que uno se las podía llevar en la moto a un parqueadero que está aquí cerca”, contestó el motociclista.

“Claro, te puedes ir al parqueadero que está aquí cerca de la Terminal. Te cobran los dos mil barras para entrar, pero papi lo barato puede salir caro. Mira por aquí por todos lados hay residencias y bien baratas. Yo te consigo unas venezolanas bien bacanas, pero eso sí me tiras la liguita”, explicó el sujeto, mientras agarraba uno de los cachos de la moto.

La conversación terminó y poco a poco nos fuimos alejando del lugar, mientras las minifaldas seguían contoneándose de un lado a otro en las aceras.

ONU INTERVIENE

Tras ser consultada, la alcaldesa (e) Yolanda Wong indicó que tanto la Policía como Migración Colombia siguen haciendo tareas de control en los establecimientos y sitios donde se ejerce la prostitución, sobre todo donde están venezolanas.

También reveló que hace varios días llegó a la ciudad una delegación para mujeres de la Organización de Naciones Unidas (ONU). Estos funcionarios hicieron una caracterización de los trabajos sexuales que realizan mujeres en la ciudad, entre ellas las venezolanas, “con miras a ofrecerles alternativas de empleabilidad”.

OPERATIVOS

Hace unas semanas, la Fiscalía General junto a miembros de la Armada realizó un operativo contra tres prostíbulos en el sector El Amparo. La institución señaló que de estos fueron rescatadas 49 mujeres dedicadas a la prostitución, de las cuales 23 eran de Venezuela. La institución señaló que estas habrían sido sometidas a largas jornadas de trabajo y habrían sido víctimas de trata de personas. Sin embargo, el apoderado del representante legal de estos negocios negó los señalamientos y asegura que en el lugar no hay mujeres que estén contra su voluntad. Por esta razón las autoridades empezaron un proceso de extinción de dominio contra estos tres negocios nocturnos, aunque estos siguen funcionando. 
 

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