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Eunice los atrae con la danza para construir futuro

Tanto talento diluido en cada enfrentamiento entre pandillas, tal como el agua se escurre entre los dedos de las manos, suscitó en Eunice Martínez Villamil la iniciativa de sacar a muchos niños y jóvenes del curso de la violencia y las malas influencias, para encarrilarlos por los estimulantes caminos del baile, la música y en general las buenas costumbres.

Hace tres años, el 5 de marzo del 2013, esta mujer crea la corporación artística Pandora Dance, para acoger a la mayor cantidad posible de jóvenes de la deprimida zona Las Vegas, en el barrio Nelson Mandela.
La calidez y el cariño que recibe de unos 65 niños y jóvenes de ambos sexos, es la investidura que tiene ‘La Tía Uni’, como apreciadamente le dicen los muchachos, para mantenerse en su inalterable objetivo.
“Cuando comencé con esto llegaron 110 chicos, tenía niños desde los 3 años de edad hasta jóvenes de 20, pero no ha sido fácil, porque me ha tocado ser muy perseverante para que no se vayan por otros caminos”,  comenta Eunice.

LA CALLE ES LA PISTA
No disponen de un espacio digno para sus prácticas diarias de bailes folclóricos y modernos, así que lo hacen frente a la casa de Eunice, en la pedregosa Calle La Ceiba, y además descalzos, pues muchos no tienen zapatos.
Desde las 3 o 4 de la tarde empiezan a congregarse, no solo para perfeccionar sus presentaciones; también aprenden, mientras bailan, a esquivar las piedras y las marcadas deformidades de la calle destapada.
“He tenido que estar encima de ellos para que no se me vayan, porque varias veces se han machucado los dedos, y a veces se han arrancado las uñas de los pies con los orillos de las piedras; cuando han querido irse, siempre los estoy motivando para que no se den por vencidos, porque la danza los aleja de las cosas malas”, relata Eunice.
Por esa razón, la prioridad de Pandora Dance es tener un sitio propio en el mismo sector, mínimamente acondicionado para su labor social, sin esas complicaciones que podrían distanciar a los muchachos del abrigo maternal de esta joven mujer.
“Tenemos vista una casa que están vendiendo por aquí, pero no hay plata para comprarla”, anota, dejando asomar sus añoranzas.

SIN TAMBALEAR
Hace 6 años Eunice se vio en la necesidad de dejar el bien localizado barrio La María, donde nació y se crió, para caer en el sector Las Vegas del periférico arrabal de Nelson Mandela, en el suroccidente de Cartagena, con una quijotesca misión que a esas alturas de su vida ella ignoraba por completo.
Cuenta que era habitual escuchar entre algunos jóvenes del sector, preguntarse a qué hora comenzaba la pelea, ya que para ellos irse al mejor mirador en las alturas de un árbol o situarse en cualquier sitio estratégico para observar los cavernarios enfrentamientos entre jóvenes en riesgo, era como sentarse a ver una telenovela.
Todavía Martínez Villamil exterioriza una sensación avinagrada al contarnos que “había un ‘pelao’ que se subía a un árbol a narrar las peleas de pandillas, y la verdad tenía mucho talento como para ser un grande de la radio; yo le decía que se alejara de eso, pero también terminó metido en ese mundo y se dañó, y eso me dolió mucho”.
“A mi hija Melanie le gusta bailar desde muy pequeña, pero ver cómo los jóvenes de la zona se estaban perdiendo en la violencia y el vicio, me impresionaba mucho, porque no hacían más nada que eso, y entonces me dije, ‘mi hija no puede crecer viendo todo esto’”, cuenta Eunice.
Sin embargo, su decisión no fue salir huyendo del barrio, como seguramente habría hecho cualquier otra persona, sino que se quedó allí decidida a redireccionar el rumbo de todos esos muchachos desubicados.
“Voy a cambiar la manera de pensar de estos ‘pelaos’”, se propuso en aquel momento, y ese ánimo redentor se mantiene intacto, así lo corrobora al preguntársele hoy qué piensa del tema: “Estoy decidida a hacerlo”, dice.
Empezó a buscarlos, habló con los padres de ellos para conseguir su aprobación, y en efecto la respaldaron, y pronto empezaron a ensayar los bailes, siempre en la accidentada Calle La Ceiba. 
“No tengo dinero, sino amor para ellos y mis conocimientos de danza para enseñárselos”, añade.

EN EQUIPO
Eunice Martínez estudió Emprendimiento Cultural a través de la Universidad de Antioquia, y cuenta con la colaboración de tres docentes, igualmente jóvenes, que viven en la zona: Ángel Andrés Lobo Ruiz, Brainer Canencia Robles y Juan José Tejedor.
Ellos ayudan en los montajes artísticos cuando tienen presentaciones, y a impartir enseñanzas de expresión corporal, etiqueta y glamour, pasarela, historia ancestral de la música y demás aspectos artísticos.

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