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“El Festival Vallenato es un reflejo del alma de Colombia, en las buenas y en las malas”: Juan Manuel Santos

 

Como una expresión cultural que identifica el alma del pueblo colombiano, calificó el presidente Juan Manuel Santos, al Festival de la Leyenda Vallenata, certamen de amplia connotación folclórica y musical que no se amedrenta ante las dificultades.

La expresión del mandatario nacional se escuchó durante su intervención en la ceremonia inaugural de la 44 Festival de la Leyenda Vallenata.

El acto se inició a las nueve y 10 de la noche, hora en la cual se escuchó la voz de Jean Carlos Centeno entonando el Himno Nacional. Seguidamente, se escucharon los himnos de Valledupar y el de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, el paseo ‘Ausencia sentimental’, himno del Festival de la Leyenda Vallenata y como era de esperarse, se guardó un minuto de silencio en memoria de Rafael Salas Mendoza, Rey Vallenato fallecido recientemente.

A su turno, el alcalde de Valledupar, Luís Fabián Fernández, destacó la importancia de la música vallenata en la cultura de la ciudad y la región. “Es que el vallenato es como la yuca, entre más la escuchamos, más nos gusta”. La intervención del Mandatario Municipal finalizó con un pedido al Presidente de Colombia, para que ayude a cuidar la cultura vallenata.

“EL FESTIVAL PERMANECERÁ”

El presidente de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, Rodolfo Molina Araújo, afirmó en tono enérgico que “se equivocan quienes se aventuran a señalar que la permanencia de la Fundación y del Festival de la Leyenda Vallenata se encuentra amenazada. Nunca, como ahora, la institucionalidad de la organización ha sido más sólida, y ahora mucho más que antes, vemos como la suerte del Festival trascendió las metas de los soñadores que lo crearon”.

Envió un mensaje de tranquilidad a cesarenses y colombianos, asegurando que el Festival de la Leyenda Vallenata permanecerá y, con respecto a los alegatos jurídicos, la Fundación acudirá ante los organismos de control para absolver con total claridad las dudas que se han planteado.

El presidente de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, Rodolfo Molina Araujo, agregó que el Festival Vallenato del presente año se escribe con la letra L de Lorenzo, de Leandro y de Leyenda. “Que suenen entonces los acordeones!!! Y se inicie la fiesta cultural más grande de Colombia, Festival hecho con amor, con ternura, con cariño, con trabajo y sacrificio. Éste es nuestro legado para las generaciones futuras”.

El coliseo Cacique Upar se estremeció de júbilo y alborozo cuando subieron a la tarima ‘Colacho’ Mendoza los homenajeados Lorenzo Morales Herrera y Leandro Díaz Duarte, dos personajes de leyenda que agradecieron a los miles de asistentes el reconocimiento tributado por la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata en nombre del pueblo vallenato y colombiano.

Junto a las dos figuras centrales del presente Festival, fueron exaltados el Canal Regional Telecaribe, por su invaluable aporte al desarrollo regional; y el fiel amigo Darío Pavajeau Molina, miembro fundador del Festival de la Leyenda Vallenata excelente anfitrión y digno representante del hombre costeño.

 

REFLEJO DEL ALMA

Al momento de dirigirse a los colombianos desde el Parque de la Leyenda Vallenata ‘Consuelo Araujonoguera’ tarima la tarima ‘Colacho’ Mendoza, el presidente Juan Manuel Santos calificó el Festival de la Leyenda Vallenata como una expresión cultural que identifica el alma del pueblo colombiano, prueba de eso es que ha visitado la capital del Cesar durante veinte ocasiones, precisamente  a finales del mes de abril.

El mandatario manifestó que llegó a pensar en no asistir a los actos inaugurales del Festival de la Leyenda Vallenata, por la situación de la ola invernal que se registra en el sur del Cesar, “pero pronto reflexioné: El Festival Vallenato es un reflejo del alma de Colombia, en las buenas y en las malas, y sus cantos son el símbolo de un pueblo valiente, corajudo, que no se amedranta ante las dificultades. Por eso estoy acá, acompañando esta tradición de décadas”, expresó.

Mientras recordó su amistad con ‘La Cacica’, Consuelo Araujonoguera, con quien compartió gabinete presidencial, Juan Manuel Santos manifestó su complacencia por el homenaje que el Festival Vallenato le rinde a Leandro Díaz y a Lorenzo Morales, dos juglares destacados de la historia musical del Valle de Upar.

PALABRAS DEL PRESIDENTE JUAN MANUEL SANTOS CALDERÓN

“Señores, voy a contarles.

Hay nuevo encanto en la sabana.

En adelanto van estos lugares.

¡Ya tienen su diosa coronada!”

¡Qué alegría volver a Valledupar, y qué alegría venir a este Festival Vallenato, patrimonio cultural de Colombia!

¡Qué gusto, además, hacerlo en esta versión número 44, cuando el pueblo vallenato rinde homenaje a dos de los más grandes juglares de su historia: Lorenzo Morales y Leandro Díaz!

Comencé estas palabras con los versos inmortales de Leandro, con esa ‘Diosa Coronada’ que nos encanta a todos. Aunque no es novedad que un texto comience con ellos.

Ya antes Gabriel García Márquez, nuestro querido Nobel, había utilizado los mismos versos como epígrafe de su gran novela El amor en los tiempos del cólera.  Y no contento con eso, Gabo hizo que su protagonista, Florentino Ariza, se adjudicara la composición de este paseo de Leandro, y que llamara así, ‘la diosa coronada’, a su adorada Fermina Daza, el amor de su vida.

Porque los vallenatos son tan grandes que ya están graduados de Nobel de Literatura, están graduados de Grammy Latino y, sobre todo, están graduados en el alma de Colombia, que no se cansa y nunca se cansará, de escucharlos y de cantarlos.

No es la primera vez que vengo a un Festival Vallenato y tengan la seguridad de que no será la última.

Aquí he venido desde muy joven, como estudiante, como periodista, como ministro, incluso vine hace dos años en representación del Presidente Álvaro Uribe, pero ésta es la primera vez que vengo como Presidente de la República, y es algo que me llena de emoción.

Porque asistir al Festival Vallenato es vivir, vivir en el lugar que toca, la más honda tradición Caribe de nuestro país.

Es contagiarse de sentimiento, de leyendas, de tradiciones, que han forjado la nación que somos y que queremos ser.

Cuando instalé el Festival hace dos años, el maestro Rafael Escalona estaba muy enfermo, yo acababa de visitarlo en su hospital en Bogotá, y nos dejó a los pocos días.

Pero no se fue del todo.

Las canciones de Rafael Escalona siguen vivas, vigentes en los corazones de los colombianos, como si acabara de componerlas, y nos recuerdan su estatura como compositor.

Desde el Parque de la Leyenda Vallenata hoy –como siempre- recordamos y honramos la memoria del gran Rafa Escalona.

Pero a los juglares vallenatos es mejor honrarlos en vida, y por eso recibí con alegría la noticia de que esta versión del festival se dedicaría a Lorenzo Morales y a Leandro Díaz, aquí presentes.

¡Así es como hay que honrar a nuestros artistas! Cuando están con nosotros, con sus palabras y con su ejemplo.

¡Quién no recuerda a Moralito, inmortalizado por Emiliano Zuleta, el viejo Mile, en ‘La gota fría’, bajo la dudosa acusación de que estuvo en Urumita y no quiso hacer parada!

Lo cierto es que ‘La gota fría’ es apenas un episodio de muchos enfrentamientos musicales que tuvieron Emiliano Zuleta y Lorenzo Morales en una “piqueria” que duró varios años.

¡Ojalá todas las diferencias entre colombianos se arreglaran así, entre copla y copla; entre sones, paseos y merengues; con generosidad e hidalguía!

¡Ojalá!

Es sabido que la pretendida rivalidad entre el Viejo Mile y Moralito se zanjó con un abrazo, y que luego se volvieron amigos inseparables.

Tanto es así, que Morales, unos de los más grandes acordeoneros que ha dado este Valle de Upar, silenció su acordeón el mismo día en que murió Zuleta, en cumplimiento de una promesa que se habían hecho el uno al otro.

¡Gracias, Lorenzo Morales –orgulloso de que le digan ‘negro yumeca’ y de haberse criado entre los cardonales de Guacoche- por su aporte al folclor de nuestra patria!

Gracias por ese acordeón que aprendió a tocar desde los doce años, siguiendo la tradición de Chico Bolaños; que estuvo a la altura de otro grande, como es el maestro Abel Antonio Villa, y que hizo historia en todas las parrandas del Cesar, de La Guajira, de la Sierra y de la Zona Bananera.

Bien dijo Escalona en su famoso paseo ‘Buscando a Morales’, haciendo honor a su trashumancia:

‘Porque Moralito es hombre andariego,

que cambia de nido ni el cucarachero.

Porque Moralito es una enfermedad

que llega a todas partes y en ninguna está’.

 



Gracias, maestro Morales; gracias, Moralito, por esas canciones que se han transmitido de boca en boca y que se siguen cantando, como se cantarán siempre los clásicos.

¿Quién, si no Lorenzo Morales, nos iba a regalar unos versos tan hermosos como los de ‘El Errante’?

‘Tengo que vivir errante en la vida

por tu amor que me ha causado demencia.

Por eso es que el corazón me titila.

Yo sé que la criminal es la ausencia’.

¡Gracias, Lorenzo Morales!

Tiene usted razón: ¡De esa tela suya ya no se consiguen los juglares!

¡Y qué decir del inmenso Leandro Díaz, el poeta ciego de la canción vallenata!

Ciego era Homero, el bardo griego que creó La Ilíada y La Odisea, ¡y miren los prodigios que dejó a la humanidad!

Así es el caso de Leandro Díaz, este hijo de La Guajira, que nos ha dejado canciones tan emblemáticas como ‘Matilde Lina’ y ‘La Diosa Coronada’.

Maestro Leandro, tiene usted razón: Dios no le dio la vista de las cosas externas para que pudiera ver con los ojos del alma, ¡y así lo demuestran sus canciones!

Y tiene también razón, Leandro, cuando ha dicho que usted no es un compositor, sino un pensador que tuvo la suerte de ponerle melodías a sus pensamientos.

Porque eso es el vallenato, como decía Gabo: ¡el arte de contar cantando!

Y cómo serán las cosas de la vida, maestro Leandro, que ahora me acuerdo de una anécdota, hace unos nueve años, en el Castillo de San Felipe en Cartagena.

Esa noche, después de que usted deleitó al público con sus sones y paseos, subió al escenario el ex presidente Bill Clinton y nos brindó un improvisado concierto de saxofón.

¡Qué otro cantor vallenato puede decir que compartió tarima ni más ni menos que con Bill Clinton!

Pero es que a Clinton, como a muchas otras personalidades del mundo, el vallenato también le llega al alma.

De la misma manera como nos llegan a nosotros al alma los versos que usted creó para Matilde Lina:

‘Un mediodía que estuve pensando

en la mujer que me hace soñar,

las aguas claras del río Tocaimo

me dieron fuerzas para cantar’.

¡Gracias, maestro Leandro Díaz, por su aporte a la cultura y el folclor de Colombia!

Y gracias a la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata y a su presidente Rodolfo Molina Araujo, por organizar este homenaje y esta nueva edición del festival.

Pero no paran acá los tributos.

Esta noche tengo el inmenso placer de ver condecorado a un gran vallenato, pero sobre todo a un gran amigo que ha sido alma y nervio del Festival Vallenato por muchos años: nuestro querido Darío Pavajeau Molina.

Darío, el confidente de Escalona, el gallero de grandes ligas, el generoso anfitrión de miles de parrandas, es –como decía el mismo Rafa- ‘la dignidad de toda una generación’.

 



Como fundador de este Festival, Darío Pavajeau ayudó a llevar al vallenato al trono que hoy ocupa en la música nacional e internacional, y esta noche recibió, como corresponde, el reconocimiento y la gratitud de su pueblo.

Y yo también le agradezco, Darío.

Aquí he venido a este Festival más de 20 veces. Siempre me he quedado en la casa de Darío, salvo la primera vez que me quedé donde ‘Pepe’ Castro, en la habitación y en la cama de su hija Josefina, pero sin ella, tengo que aclararlo.

Pero desde entonces, desde entonces, siempre he venido a donde Darío Pavajeau. ¡Qué gran vallenato!

Muy merecido este reconocimiento, y qué bueno que me haya tocado entregarles la medalla.

Porque el vallenato tiene cuerda para largo.

¡Qué bueno ver que, detrás de juglares como Lorenzo Morales y Leandro Díaz vienen las nuevas generaciones, con talento y vocación, enamorando a Colombia y al mundo de este ritmo tan colombiano!

¡Qué bueno constatar el positivo impacto que tiene el festival para el turismo del Cesar, y cómo ha sido semillero de talentos!

La Escuela de Música del Turco Gil y la Escuela Talento Vallenato Rafael Escalona, junto con esos pequeños grandes embajadores que son ‘Los niños del vallenato’, son procesos que merecen el respaldo de nuestro sector cultural.

Gracias al apoyo del Ministerio de Cultura y al compromiso departamental y municipal, hoy podemos decir que el Cesar tiene todos sus municipios con escuela municipal de música, convirtiéndose en un referente a nivel nacional.

La Nación, a través del Ministerio de Cultura y del Fondo Nacional de Regalías, apoya también este Festival Vallenato porque sabemos que no sólo es patrimonio cultural, sino, sobre todo, parte del corazón de Colombia.

Estamos comprometidos con la cultura vallenata y estamos comprometidos con el Cesar y con su desarrollo.

A principios de este mes tuve oportunidad de presidir aquí, en Valledupar, un Acuerdo para la Prosperidad sobre el importante tema de la seguridad alimentaria, que significa apoyo al sector agropecuario y programas sociales para la nutrición de nuestros niños.

Y quiero reiterarles –desde este parque que lleva el nombre de esa buena amiga que fue mi colega de gabinete, Consuelo Araujonoguera- que vamos a apoyar al Cesar en su camino hacia la prosperidad económica y social.

Hemos incluido en el Plan de Desarrollo recursos por alrededor de 12 billones de pesos para El Cesar.

Estos recursos irán a importantes proyectos como las concesiones de la Ruta del Sol, en sus tramos 2 y 3; el tramo 1 de la concesión Transversal de las Américas, y –algo muy importante para los vallenatos- el Sistema Estratégico de Transporte Público de Valledupar.

Igualmente se invertirán en la construcción del Megacolegio de Chiriquí, en Valledupar; en la Universidad Popular del Cesar, y en el Macroproyecto de Vivienda ‘Ciudad Nuevo Valledupar’.

Además, nos hemos comprometido con la estructuración del proyecto de navegabilidad y de la zona de reserva forestal del Río Magdalena; del proyecto de recuperación de la Ciénaga de Zapatosa; del Centro de Convenciones de Valledupar, y del despacho judicial de Becerril.

Y también con la estructuración de otros proyectos de vías que están en etapa de estudios, como las vías Valledupar-La Paz-San Diego; Valledupar-Badillo-San Juan del Cesar, y El Banco-Arjona-Cuatro Vientos-Codazzi.

 

 

Alcalde, no se me ha olvidado la solicitud que me hizo Valledupar en la campaña: la Represa de Besotes, que ya la incluimos en el Plan de Desarrollo que hoy está votando el Congreso.

Queridos amigos vallenatos:

Venir a Valledupar; sentir el aroma de los mangos; admirar la belleza de las trinitarias; oír el suave rumor del Guatapurí; disfrutar del sonido de acordeones, cajas y guacharacas, es un bálsamo para el alma.

Pero no todo es alegría, infortunadamente.

Esta tarde, antes de venir acá, viajé al sur del Cesar, donde me reuní con los alcaldes de Aguachica, Gamarra, La Gloria y Tamalameque, afectados por el invierno y por el caudal crecido del Río Magdalena, y analizamos la situación de sus municipios.

Llegué a pensar, en medio de las dificultades que hoy viven estos y muchos otros compatriotas, que tal vez no era momento, no era oportuno venir al Festival.

Pero pronto reflexioné: El Festival Vallenato es un reflejo del alma de Colombia, en las buenas y en las malas, y sus cantos son el símbolo de un pueblo valiente, corajudo, que no se achicopala ante las dificultades.

Por eso estoy acá, acompañando esta tradición de décadas, y prefiero, más bien, traer a cuento los hermosos versos de ‘La Creciente’, la mejor canción del recordado Hernando Marín:

‘Y así, como en invierno un aguacero,

lloran mis ojos como las tinieblas.

Y así como crecen los arroyuelos,

se crece también la sangre en mis venas’.

¡Que crezca, SÍ SEÑORES, que crezca la sangre en las venas de los colombianos para que enfrentemos con entereza la mayor tragedia natural de nuestra historia!

Hoy, desde Valledupar, desde el Festival Vallenato, enviemos un saludo solidario a tantos compatriotas que están en refugios, con sus cultivos inundados, incomunicados, por causa de este desastroso invierno que sufrimos.

El vallenato es un ritmo que une a Colombia y por eso, desde aquí, quiero reiterar la invitación a mis compatriotas a la unidad, a la solidaridad, al emprendimiento, para que salgamos fortalecidos de este difícil momento de nuestra patria.

Al igual que Francisco El Hombre, que venció al diablo en un duelo musical cuando le tocó el credo al revés, los colombianos vamos a superar la adversidad con fortaleza, con trabajo y con ingenio.

Por lo pronto, queridos amigos, ¡que suenen los acordeones!

¡Que canten los juglares!

¡Que se escuche en todas partes ese gran sentimiento vallenato, que es el sentimiento de Colombia!

Con emoción en mi corazón, con el recuerdo imperecedero de Escalona y la Cacica, con el homenaje que merecen Lorenzo Morales y Leandro Díaz, declaro instalado, solemnemente, este Festival de la Leyenda Vallenata número 44.



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