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Facundo Cabral, el trovador argentino que le cantó a la vida

Facundo Cabral, muerto a tiros en Guatemala este sábado a los 74 años, fue un cantautor argentino que recorrió América latina y el mundo con su trova en la que mezclaba el desparpajo y la cruda ironía con las reflexiones sobre la vida, el amor y la paz. 

“No soy de aquí ni soy de allá” fue una de las canciones que le valió la fama en los años 70 y la que mejor describe su actitud hacia la vida que él mismo definió alguna vez como la de un “vagabundo que busca ser felíz”. 

Nacido en la ciudad bonaerense de Balcarce, sufrió el abandono de su padre y emigró junto a su madre y seis hermanos a Tierra del Fuego, en el extremo sur del país, donde vivió una niñez traumática en la extrema pobreza. 

“Un día me fui a Buenos Aires sin avisar a nadie, porque no había casa ni nadie a quien avisar, tardé siete semanas en llegar, tenía 9 años y casi no hablaba, quería conocer al presidente (argentino Juan) Perón y lo hice”, relató en una reciente entrevista en Buenos Aires en la que repasó su vida de asombro. 

En la adolescencia empuñó una guitarra “para conseguir un peso” y comenzó a tejer una carrera de trovador en Mar del Plata, 400 km al sur de Buenos Aires, donde se presentaba en hoteles con repertorios de los folcloristas argentinos Atahualpa Yupanqui y José Larralde, de donde brevó sus fuentes. 

Su desparpajo y sus canciones que mezclaban ácidas críticas sobre la realidad ganaron su mayor fama en Argentina en los años 80, cuando regresó de su exilio en México durante la dictadura militar (1976-1983). 

Sus canciones fueron grabadas en nueve idiomas y cantó junto a artistas como el estadounidense Neil Diamond, el español Julio Iglesias y el mexicano Pedro Vargas. 

Su canción de cuna “Vuele bajo” fue uno de los hitos de su carrera, grabada por numerosos artistas y que el artista compuso cuando apenas tenía 17 años. 

“Un vagabundo en la calle me iluminó a Dios al relatarme el Sermón de la Montaña, entonces me sentí desamparado y necesité acunarme a mí mismo. Por eso volví corriendo y compuse 'Vuele bajo', allí comenzó todo”, relató sobre sus inicios. 

“Mi vida es caminar por la calle sin maletas, soy libre”, decía Cabral, que se jactaba de no tener propiedad alguna y cuya residencia eran cuartos de hoteles de Buenos Aires. 

Fue analfabeto hasta los 10 años, enviudó a los 40 y conoció a su padre a los 46. 

Confeso admirador de Jorge Luis Borges, a quien citaba de memoria en sus presentaciones, siempre en diálogo intimista con el público, Cabral se jactaba de haber recorrido al menos “165 países en casi 50 años” de trayectoria. 

Aquejado por problemas de salud, en los últimos años se movilizaba auxiliado por un bastón y lamentaba “ya no poder viajar tanto”. 

“Soy un nómade, amo más que nada el desierto porque es abierto y libre”, decía. 

Grabó una veintena de discos cuya producción matizó con la escritura, en la que había una fuerte impronta mística con alusiones a Dios y a la Madre Teresa de Calcuta. 

“Facundo hablaba de Dios y de la paz, nunca fue un desobediente de la sociedad ni le hizo daño a nadie, fue un hombre en el buen sentido de la palabra bueno”, recordó este sábado el cantautor argentino Alberto Cortés, con quien hizo decenas de presentaciones conjuntas en España durante los años 90. 

Su constante llamado a la paz le valió un reconocimiento de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), que lo declaró Mensajero Mundial de la Paz en 1996. 

“Soy un agradecido de la vida, jamás pensé hacer tanto, nadie pensaba eso porque nadie daba nada por mí, yo soy un milagro”, dijo alguna vez Cabral sobre sí mismo.

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