Hoy empieza la recolecta de firmas por el cabildo de la discapacidad

12 de julio de 2014 12:02 AM

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Un grupo de cartageneros busca recolectar 3500 firmas para que el gobierno distrital y la ciudadanía se sienten a debatir abiertamente sobre la discapacidad.

Cartagena tiene más de 50.000 personas con discapacidad; por eso este  grupo de ciudadanos recolecta las firmas para así crear un cabildo abierto en el que gobierno y ciudadanía se reúnan a hablar del tema.

El número de firmas de cartageneros que se requieren debe estar registrado en el censo electoral, es decir, un número de firmas no inferior al 5 por ciento  del censo electoral de la ciudad para lograr debatir abiertamente sobre los problemas que afectan a las personas en condición de discapacidad.

La recolecta de firmas se llevará a cabo desde hoy en el Centro Comercial Caribe Plaza.

En la iniciativa ciudadana, el grupo de líderes cívicos que tiene la bandera de la discapacidad, está promoviendo el cabildo por varias causas. Si logran el apoyo de los cartageneros, será la oportunidad para discutir en el Concejo las políticas públicas que son necesarias para apoyar a estas personas.

El cabildo abierto es un mecanismo de participación democrática ciudadana consagrada en el capítulo IV de la Constitución, que establece los instrumentos con los que cuenta la ciudadanía para hacerse partícipe en asuntos públicos.

La Ley 1145 regula  la discapacidad, pero hasta ahora la Administración Distrital no da cumplimiento a lo consagrado en ella. Se requiere legalizar un comité distrital sobre el tema para discutir la problemática y hacer de Cartagena una ciudad más amigable para estas personas.

Dentro de las varias historias contadas por  María Clara Valencia, profesora de la UTB, encontramos la de Andrés Felipe Ávila, un joven de 18 años que nació con discapacidad auditiva y de movimiento.

“Vive en las partes más altas de La Popa o como su madre, Emilce Farías, dice “en los últimos pisos de la ciudad”. Hasta ahí tuvo que cargarlo ella hasta que cumplió 11 años y se pudo mover por sí mismo. Pero hoy Emilce sigue cargando los dolores de espalda que le dejaron los 70 escalones y más seis cuadras que tuvo que subir y bajar a diario por años con su hijo a cuestas para llevarlo a terapia.

Un taxi hasta su casa no baja de 10.000 pesos. La plata no alcanzaba para tanto. Y sin embargo ni Emilce ni Andrés Felipe se rindieron; hoy siguen haciendo esfuerzos por salir adelante, mientras sueñan con una ciudad que les facilite el camino”, cuenta Valencia.

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