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Acoger o no a Saleh: una decisión difícil para Obama

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La petición del presidente yemení, Ali Abdullah Saleh, de ir a Estados Unidos para seguir un tratamiento médico pone al mandatario de este país, Barack Obama, en un dilema, ya que ambas opciones, aceptarlo o no, representan riesgos para su administración

Responsables estadounidenses afirmaron que Saleh, que en junio pasado resultó gravemente herido en un atentado y que aceptó en principio ceder el poder tras 33 años gobernando su país, solo podría ser acogido en el país por motivos médicos “reales”

El lunes, la Casa Blanca desmintió que hubiera dado ya su visto bueno a la llegada de Saleh, como había publicado horas antes el periódico The New York Times. 

“Cada vez que un extranjero intenta ir a Estados Unidos, hay un proceso formal para determinar si el solicitante puede recibir un visado”, explicó el martes el portavoz del Departamento de Estado, Mark Toner. 

“Estados Unidos sigue estudiando la petición del presidente Saleh. El departamento de Estado confirmará que ha tomado una decisión sólo cuando se haya terminado el proceso”, dijo. 

Varios responsables estadounidenses opinan que hacer salir al presidente de Yemen permitiría reducir las tensiones antes de las elecciones presidenciales previstas para febrero. 

Pero su visita podría suponer que Estados Unidos fuera acusado de estar albergando a un autócrata responsable de la muerte de centenares de manifestantes, en contradicción con la defensa de los derechos humanos de la que se jacta el país norteamericano. 

Para Elliott Abrams, antiguo miembro del gabinete del presidente republicano George W. Bush (2001-2009), Obama, a quien le corresponde tomar esta decisión, deberá evaluar “si la salida de Saleh ayudará a calmar la situación en Yemen” y “si eso será perjudicial para Estados Unidos”. 

En 1979, la administración demócrata de Jimmy Carter permitió que el sha de Irán fuera a curarse a Estados Unidos, lo que avivó la revolución islámica en ese país. Días más tarde, empezaría la larga crisis de la toma de rehenes en la embajada de Estados Unidos en Teherán. 

Abrams también subraya la necesidad de establecer condiciones previas a la llegada de Saleh, como “las condiciones de la vida cotidiana”. “Una de las condiciones, creo yo, debería ser la de abstenerse de cualquier declaración pública (...) y que no se implique en la vida política de Yemen”. 

El inconveniente es que Saleh, que “tantas veces ha prometido dimitir, tiene muy poco crédito”, remarca por su parte James Phillips, del grupo de reflexión conservador The Heritage Foundation, para quien Estados Unidos debería rechazar su entrada mientras no haya dimitido de verdad. 

Saleh fue a Arabia Saudita para curarse tras el atentado de junio. Su regreso a su país sorprendió y alimentó la inquietud de verlo aferrarse al poder en un Estado inestable en el que Al Qaeda ha establecido con éxito su influencia. 

Al menos dos intentos de atentar contra Estados Unidos desde el año 2009 fueron atribuidos a la rama yemení de Al Qaeda, y su presunto líder, el imán radical yemení-estadounidense Anwar al Aulaqi, fue muerto en Yemen el pasado mes de septiembre en bombardeos de origen aparentemente estadounidense. 

Abrams dice estar convencido de que Obama finalmente dará luz verde a la llegada de Saleh. 

De vacaciones estos días en su estado natal de Hawai (en el Pacífico), Obama podría argumentar, si se inclina por esta opción, que “en muchos casos es importante sacar rápidamente al dictador, al hombre fuerte o al presidente”, opina. 

“Podríamos haber salvado vidas en Libia si hubiera sido posible hacer abandonar el poder (a Gadafi) más rápido. Podríamos salvar vidas en Yemen si Saleh se va. Varias vidas fueron salvadas en Túnez porque (el ex presidente) Ben Ali salió rápidamente”, asegura.

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