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Chile: mineros asisten a misa en campamento donde familias esperaron rescate

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Trece de los 33 mineros se reunieron ayer en el campamento Esperanza, en las afueras de la mina chilena donde estuvieron atrapados, para conocer cómo vivieron sus familias los 69 días que demoró su rescate y participar en una misa, en medio del asedio de la prensa.

En medio del campamento, que poco a poco se va desarmando, tuvo lugar esta ceremonia de carácter ecuménico, ya que no todos los rescatados son católicos. Tres de los mineros tomaron la palabra: el boliviano Carlos Mamani, Omar Raygadas y el jefe de turno Luis Urzúa, que agradecieron a Dios por el desenlace del rescate.

“Oiga, caballero, yo he orado mucho por usted”, contó Urzúa que una niña le dijo en los últimos días, detalle que le emocionó mucho.
Los mineros narraron que todos los días leían la Biblia y oraban, y aseguraron que muchas veces sintieron que tomaban la mano de Dios.
Algunos de los rescatados, como Ariel Ticona, se excusaron de participar, y avisaron que la noche previa en sus hogares y barrios los habían recibido con fiestas que se prolongaron hasta altas horas de la madrugada.

La llegada de los mineros al campamento fue semejante a la de estrellas de cine. Un mar de periodistas se les vino encima, por lo que algunos tuvieron que abordar vehículos policiales para ingresar hacia un recinto custodiado, donde normalmente las familias recibían detalles del rescate por parte de las autoridades. A partir de allí no hubo acceso a la prensa.

“Estuvo bien la misa, estuvo bien el reencuentro”, contó el minero Claudio Acuña. Al término de la celebración, la mayoría de los 13 que asistió prefirió hablar escuetamente, y privilegió estar junto a su familia y conocer el campamento, emplazado 800 km al norte de Santiago.

El sol golpea en esta porción del desierto de Atacama. Un tenue viento sacude las carpas ahora vacías de las familias. Alguna vez, el campamento Esperanza llegó a albergar a más de 3.000 personas, entre familiares, trabajadores y periodistas.

“Estamos juntando las cosas para colocarlas en la camioneta”, dijo Omar Raygadas, quien además pidió espacio para estar con su familia. Así como Raygadas, como un símbolo del fin de la historia, los mineros acompañaron a su familia a desarmar sus carpas y volver a sus casas.
El minero Mario Gomez recorrió el campamento junto a su familia. “Estoy muy cansada, ahora nos llevamos todas las cosas. Esperamos que ahora empiece nuestra vida... ya no doy más”, dijo Liliana, la esposa de Mario, a la AFP.

“Esta fue una ciudad”, comentó escuetamente el minero Claudio Yañez, al término de la ceremonia que ofició el vicepresidente de la Conferencia Episcopal Chilena, Gonzalo Duarte, y de la que participó un pastor evangélico.
“Todos sufrieron aquí afuera lo que estábamos sufriendo adentro”, comentó por su parte Darío Segovia.

En uno de los cerros aún flameaban las 33 banderas --32 chilenas y 1 boliviana-- que los representaron durante el rescate y que empezaban a ser retiradas.
Omar Raygadas se encontró con el payaso Rolly, que jugaba con los niños durante la espera, y le agradeció por todo lo que hizo por sus nietos.

Hasta la mina también llegó un grupo de trabajadores de la minera San Esteban, propietaria del yacimiento San José, reclamando la falta de atención hacia los más de 300 de empleados que quedaron sin trabajo tras el accidente. “San Esteban no somos 33, somos 300”, rezaba un cartel.
Durante las labores del rescate, los dueños de San José -cuya empresa está inmersa en un proceso judicial que podría terminar en quiebra- no se mostraron por el yacimiento.
No obstante, en declaraciones al diario El Mercurio publicadas este domingo, el dueño de la minera, Alejandro Bohn, dijo que llamó al ministro de Minería, Laurence Golborne, para felicitarlo por el rescate del miércoles.

Algunos mineros como Yonni Barrios o Juan Illanes ya hablan de la posibilidad de crear una fundación que permita transmitir sus experiencias y prevenir accidentes mineros.
Mientras, el campamento Esperanza abre paso nuevamente al desierto. “Esta fue una ciudad en miniatura, con colegio, comedores, comisaría, bomberos, alcaldesa (María, la hermana del minero Darío Segovia)”, dice el paramédico Wilfredo Morales.

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