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Europa se va con las manos vacías del G20

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La Eurozona había puesto sus esperanzas en que las potencias emergentes y desarrolladas les echaran una mano para resolver la crisis de la deuda. 

Pero todos, desde Estados Unidos a China, pasando por Brasil, le han dicho a la vieja Europa, a la que tradicionalmente se le pedía solidaridad con los demás, que se rasque los bolsillos, que para eso es la región más próspera del mundo, y además le han instado a que resuelva rápido sus problemas para que no hunda a la economía mundial en una recesión. 

Otros, como México, le han dicho que haga como tuvo que hacer América Latina en sus peores momentos: que recurra al Fondo Monetario Internacional (FMI). 

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, aseguró que después de oír de los europeos el paquete de medidas adoptado laboriosamente hace poco más de una semana en Bruselas, ha llegado a la conclusión de que “Europa está capacitada para estar a la altura de estas dificultades”. 

Los europeos esperaban que sus socios del G20, en particular los países emergentes asentados en colosales reservas de divisas, como China, pudieran participar en la ampliación del capital del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera, creado para actuar de cortafuegos ante la amenaza de contagio de la crisis de la deuda iniciada en Grecia hace dos años. 

Brasil ha dado la respuesta más contundente. La presidenta Dilma Rousseff zanjó: “no tengo la menor intención de hacer contribuciones directas” al mecanismo europeo. “¿Por qué tendría que hacerlo yo si ni ellos (los europeos) la tienen?”, espetó. 

Lo máximo que podrían hacer es contribuir puntualmente y en bases voluntarias para reforzar la capacidad de préstamo del FMI. 

El abrupto anuncio, en vísperas de la cumbre, del primer ministro griego, Giorgos Papandreu, de convocar un referéndum sobre el paquete de ayuda a Grecia, que incluye también nuevas medidas de austeridad para la ya anoréxica economía helena, y la petición de Italia de someterse a la vigilancia del FMI y de la Comisión Europea para que verifiquen el cumplimiento de las medidas anticrisis, no han hecho más que agravar los problemas. 

“Es justo decir que la cumbre del G20 acompañada por las tragedias de Grecia e Italia y el fracaso a la hora de comprometer al FMI y China para rescatar a Europa han agravado la crisis del euro”, dice Sony Kapoor, director del think-tank Re-Define. 

Este fracaso “refuerza el hecho de que el Banco Central Europeo y solo el Banco Central Europeo puede actuar para resolver la crisis”, asegura. 

Sin embargo, el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, aseguró antes de irse de la Riviera francesa que desde el inicio del G20, el jueves, al final, el viernes, la situación “ha mejorado de forma clara”. 

Ello, por la retirada por Papandreu del proyecto de referéndum, el acuerdo de los dos principales partidos griegos para aplicar el paquete de rescate europeo, que incluye una quita del 50% de la deuda griega en manos privadas, y un nuevo préstamo de 100.000 millones de euros, así como por el posible establecimiento de un gobierno de unidad en Grecia. 

Muchos son los que han empezado a pensar estos días que la zona euro debe preparase para una eventual salida de Grecia, dentro del país e incluso entre los socios del país heleno, a fin de evitar el contagio a otros países de Europa y potenciar la estabilidad de la moneda común. 

Sin embargo, Janis A. Emmanouilidis, analista del European Policy Centre, dice que la amenaza de verse empujado a abandonar la zona euro, ha abierto en Grecia “un debate más honesto sobre las consecuencias políticas, económicas y sociales” de la posibilidad de que el país vuelva al dracma, la moneda que dejó para acoger el euro. 

“Más que nunca, interesa a todos en la UE y en particular en la zona euro que Grecia dé un giro y se quede en el seguro cielo del euro”, dice Emmanouilidis, porque, para él, sería “ingenuo, irresponsable e incluso peligroso” subestimar el costo potencial financiero, económico y político de permitir que Grecia o cualquier otro país caiga en el abismo. 

Por todo esto, a los europeos no les va a quedar otra que agarrar al toro de la crisis, de una vez por todas, por los cuernos.

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