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Libia: Rebeldes toman cuartel de Gadafi

Cientos de rebeldes libios irrumpieron el martes en el complejo de Muamar el Gadafi, arrasando ferozmente con el corazón simbólico del agonizante régimen al tiempo que mataban a las tropas aún leales, saqueaban las armerías y golpeaban la cabeza de una estatua del asediado dictador. Sin embargo, no encontraron ni rastro de ese hombre. 

La irrupción del cuartel de Bab al-Aziziya, largamente asociado con el poder de Gadafi, marcó el colapso efectivo del régimen de 42 años. Pero con Gadafi y sus poderosos hijos aún sin aparecer y balaceras en toda la ciudad, los combatientes no pueden declarar la victoria. 

Horas después de que inició la batalla, un canal de televisión a favor de Gadafi lo citó diciendo que se retiró de su complejo de Trípoli en un “movimiento táctico” luego de que 64 ataques de la OTAN convirtieron el inmueble en escombros. 

La televisora Al-Rai TV transmitió el miércoles un extracto de los comentarios de Gadafi en el que el mandatario promete que sus fuerzas resistirán “la agresión con todas sus fuerzas” hasta lograr la victoria o morir. 

Las fuerzas rebeldes entraron en el complejo después de una batalla de cinco horas contra las tropas fieles a Gadafi, en la que utilizaron morteros, ametralladoras pesadas y baterías antiaéreas. Mataron a algunos de los que defendieron el complejo y se llevaron miles de rifles y otras armas en camiones. 

“Estamos buscando a Gadafi ahora. Lo tenemos que encontrar ya”, dijo Sohaib Nefati, un rebelde sentado contra el muro con un rifle kalashnikov. 

Abdel-Aziz Shafiya, de 19 años, caminaba por una de las carreteras principales del recinto con un lanzagranadas en una mano y un fusil automático kalashnikov en la otra. El joven, de la ciudad de Misrata, dijo sentir “una explosión de alegría”, al estar parado dentro del bastión de Gadafi en la capital luego de un rápido avance rebelde. El dejó la ciudad de Mistrata, bajo el poder rebelde en el occidente del país, hace un par de días. 

“He perdido amigos y familiares, y ahora puedo caminar por la casa de Gadafi”, dijo. “Muchos de mis amigos han muerto y ahora eso tiene valor”. 

“¿No fue él quien nos llamó ratas? Ahora él es la rata bajo tierra”, dijo. 

El nuevo jefe militar rebelde en Trípoli, Abdel-Hakim Belhaj, dijo al caer la noche del martes que una pequeña área del amplio complejo sigue bajo el poder de combatientes del régimen y se escuchaban fuertes tiroteos hacia la medianoche en Trípoli. 

La atmósfera en el complejo era una mezcla de júbilo y tensión. El aire era denso con el humo de las batallas. El tronido de los morteros y el ruido de los disparos eran constantes. Los rebeldes cantaban “Allahu Akbar”, o “Dios es grande”, y en los altavoces lloraban: “Al-Hamdullilah”, o “Gracias Dios”. 

Cuando entraban los combatientes, capturaron a un guardia en los portones y lo tiraron pegándole con las culatas de sus fusiles en la espalda. Una muchedumbre hostil lo rodeo y lo golpeó hasta que uno de los rebeldes detuvo la acción. Dentro de las paredes del complejo, el cuerpo sin vida de un soldado leal a Gadafi, con su cráneo abierto y ensangrentado, yacía en el suelo de una de dos tiendas de campaña utilizadas para mítines de simpatizantes gadafistas. La otra tienda de campaña se estaba incendiando. 

Varios jóvenes le arrancaron la cabeza a una estatua de Gadafi y la patearon por el piso, hasta que uno la alzó sobre sí mientras sus compañeros bailaban y gritaban eufóricamente. Combatientes con largas barbas se abrazaban y hacían la señal de victoria. Otros llevaban a los rebeldes heridos a ambulancias. 

La batalla por Bab al-Aziziya ocurrió horas después de que el hijo de Gadafi y aparente heredero, Seif al-Islam, apareciera en público las primeras horas del martes para desmentir las declaraciones de los insurgentes de que había sido capturado. 

Su sorpresiva aparición pareció resaltar la posibilidad de que Gadafi montara una contraofensiva aunque dé la impresión de que pierde por momentos su poder. 

Seif al-Islam, quien era visto como el sucesor de Gadafi, se presentó en el hotel Rixos, donde los periodistas extranjeros se alojan en Trípoli, cuidado de cerca por gente del régimen. Llevó a reporteros en su convoy a partes de la ciudad que siguen bajo el poder del régimen. 

Reporteros de The Associated Press estaban entre los periodistas que lo vieron y fueron al recorrido. “Vamos a ir a los mejores lugares de Trípoli”, dijo Al-Islam a los reporteros. 

El recorrido llegó a las afueras del complejo Bab al-Aziziya. 

Además de Seif al-Islam, los rebeldes habían afirmado que tenían bajo custodia a otros dos hijos de Gadafi, pero eso no ha sido verificado.

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