Las patronales agrícolas de Argentina, uno de los mayores productores y exportadores de alimentos en el mundo, inician la medianoche de este viernes una huelga de cinco días de comercialización de granos, ganado y otros productos, en rechazo a la política fiscal del gobierno para el sector.
“Lo primero que pedimos es que se abra una mesa de diálogo con el gobierno. Queremos discutir de los problemas y queremos hacerlo las cuatro entidades (de agricultores) juntas”, dijo a la AFP Gustavo Roca, dirigente de la Federación Agraria (FAA), que reúne a pequeños y medianos productores.
El paro de los agricultores se prolongará cinco días, pero en los hechos durará tres, hasta la medianoche del miércoles 19, ya que jueves 20 y viernes 21 son días feriados en Argentina, principal exportador mundial de aceite y harina de soja, tercero de poroto de soja y de maíz.
“Es un llamado de atención al gobierno que marca el malestar de los productores”, dijo Roca pero insistió en que “no habrá un impacto fuerte ni en el consumo interno ni en las exportaciones”.
Según el dirigente, “el éxito de la medida es que no haya movimiento de cereal y que no circulen camiones sin que necesariamente impacte en la economía de la gente ni del país”.
Julio Calzado, analista de mercado de la Bolsa de Comercio de la ciudad de Rosario, el mayor puerto exportador de granos de Argentina, sostuvo que “en lo que tiene que ver con la soja, el stock esta bastante consolidado. La cantidad de días de paro es limitada y no habría problemas para afrontar los embarques”, precisó a la AFP.
Explicó que “puede haber inconvenientes en la entrega de maíz, pero la que está demorada es la cosecha por una cuestión agronómica, no hay problema con la comercialización”.
“No hay ninguna posibilidad de desabastecimiento a la población”, coincidió Luis Etchevehere, presidente de la Sociedad Rural, que reúne a grandes productores.
Los agricultores reclaman la aplicación de un sistema segmentado de impuestos a las exportaciones de granos, que diferencie según el tamaño de los productores.
Los agricultores mantienen desde 2008 una larga disputa con el gobierno de Cristina Kirchner por los gravámenes de 35% a las exportaciones de granos de soja, el principal cultivo, y las restricciones a las de trigo y maíz, ya que primero deben cubrir las necesidades del mercado local.
Entre los reclamos, las entidades agrarias señalan además “la pérdida de competitividad en el mercado interno” y denuncian que el productor cobra apenas 5 a 10% del precio al que llega la mercancía al consumidor final, mientras que el resto “se pierde entre los intermediarios”, puntualizó Roca.
En 2008, una huelga de 128 días puso en vilo al país y provocó desabastecimiento en las principales ciudades, en un conflicto que estuvo marcado por la caída de la popularidad de Kirchner.
En aquel momento, el gobierno fracasó en su intento de poner en marcha un sistema de impuestos móviles a las exportaciones de granos, por lo que mantuvo gravámenes fijos.
En este año electoral, la conflictividad del principal sector productivo del país es menor.
“No queremos molestar al resto de la sociedad; ni nosotros ni el gobierno estamos en 2008”, dijo Julio Curras de la FAA.
Un acto en Villa Constitución (290 km al norte), al costado de la autopista que une Rosario con Buenos Aires, dará inicio la mañana del sábado a la protesta agraria, que tiene previsto varias concentraciones de productores a las veras de las rutas del país.
Sin acceso a los mercados tras la moratoria de su deuda en 2001, Argentina depende del superávit comercial, originado en particular en la exportaciones de soja, como principal fuente de divisas.