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Seguridad papal, dispositivo reforzado pero no infalible

La seguridad papal fue reforzada tras el atentado contra Juan Pablo II, pero este dispositivo no es infalible, como lo demostró el ataque del jueves contra Benedicto XVI, quien ya fue víctima en varias ocasiones de tentativas de agresiones.

Según los escasos datos hechos públicos por los servicios de seguridad de los papas, alrededor de 350 personas trabajan en esta labor: 110 miembros de la Guardia Suiza, el ejército personal de los sumos pontífices, un centenar de miembros de la Gendarmería del Vaticano y 140 oficiales, suboficiales y agentes de la policía italiana.
La agresión a Benedicto XVI en plena Basílica de San Pedro al comienzo de la Misa de Gallo demuestra los límites de la seguridad del Vaticano, pese a la rápida intervención de la escolta del Papa.
Una mujer, Susanna Maiolo, aparentemente desequilibrada, logró saltar las barreras de seguridad y tirar al suelo a Benedicto XVI, antes de ser interceptada por los servicios de seguridad.
El año pasado trató la realizar la misma acción, igualmente en la Misa de Gallo en la Basílica de San Pedro, pero fue interceptada antes de llegar al Papa.
En junio de 2007, un alemán de 27 años, también desequilibrado, saltó la barrera que le separaba de la avenida en la que avanzaba el Papamóvil, al principio de la audiencia general en la Plaza de San Pedro. Fue controlado en unos segundos por varios hombres de la escolta y el Papa no parecía ha-berse dado cuenta del incidente.
Según la agencia de informaciones religiosas i.media, un polaco también había tratado de acercarse al Papa en diciembre de 2008 en la Basílica de San Pedro.
Las medidas de seguridad fueron ampliamente reforzadas tras el atentado del 13 de mayo de 1981 contra Juan Pablo II, que resultó gravemente herido por bala en la Plaza de San Pedro, y sobre todo en los últimos años, frente a la amenaza de atentados terroristas contra el Vaticano.
La Plaza de San Pedro está delimitada por barreras metálicas pero su acceso es libre, salvo durante las audiencias generales: entonces los fieles tienen que pasar por unos pórticos de seguridad. Para acceder a la Basílica de San Pedro es obligatorio pasar por un detector de metales.
Los patrulleros de la policía italiana así como la escolta en moto uniformada están constantemente presentes en los lugares, también vigilados por cámaras de seguridad.
Estas medidas se refuerzan habitualmente en circunstancias especiales, durante los días de afluencia excepcional como la Pascua y la Navidad. Francotiradores toman posiciones en los techos de los edificios vecinos y se recurre a unidades caninas adiestradas para buscar explosivos.
También se movilizan helicópteros, coches blindados, vehículos todoterreno y ambulancias y los hospitales próximos al Vaticano están puestos en estado de alerta.
“Es imposible que unos hombres y unos medios técnicos garanticen de forma absoluta la seguridad del Sumo Pontífice. Una seguridad total alrede-dor del jefe de la Iglesia católica podría limitar su acción pastoral”, declaró en su día el prefecto Enrico Marinelli, antiguo dirigente del puesto de la policía italiana ante el Vaticano.

Otras agresiones
La agresión espectacular contra el Papa Benedicto XVI se inscribe en una serie de incidentes de los cuales el más dramático sigue siendo el atentado fallido contra su predecesor, Juan Pa-blo II en 1981.
El 13 de mayo de 1981, días antes de cumplir 61 años, Juan Pablo II estaba atravesando en vehículo descubierto la plaza San Pedro, donde se habían concentrado 20.000 fieles, para ir a oficiar la audiencia general del miércoles, cuando fue alcanzado por tres balas, una de las cuales le atravesó el abdomen.
Al papa polaco, inmediatamente trasladado a la policlínica Gemelli de Roma, se le practicó una intervención quirúrgica que pudo superar gracias a su robusta constitución.
El autor del atentado era un turco musulmán de 23 años, Mehmet Ali Agca, antiguo militante de extrema derecha, fugitivo de su país, donde ya había sido condenado por la muerte de un periodista y dos atracos.
Después de este de la plaza San Pedro, fueron abortados dos proyectos de atentado contra el papa polaco durante sus visitas a su país natal, en 1983 y 1987, según el padre Zdzislaw Krol, antiguo canciller del arzobispado de Varsovia que en aquel entonces era uno de los principales organizadores de las visitas papales.
En noviembre de 2002, el diario británico The Times afirmó que Al Qaeda había proyectado asesinar al papa en Filipinas en 1999, durante una visita que fue anulada en último minuto por razones de salud.
Además, el 25 de enero de 1989, un joven inglés de 23 años, Josep Mc Govern, intentó acercarse a Juan Pablo II gritando que era “El hijo de Dios”.
La agresión de Benedicto XVI el jueves por la noche no es el primer incidente de este tipo desde el inicio de su pontificado en abril de 2005. Según el Vaticano, la mujer “aparentemente desequilibrada” que se abalanzó sobre el Papa ya había intentado lo mismo la Navidad de 2008.
El 6 de junio de 2007, un joven alemán de 27 años, también descrito como “desequilibrado”, intentó saltar al vehículo descubierto de Benedicto XVI en la plaza San Pedro, pero fue reducido rápidamente por las fuerzas de seguridad y más tarde internado.

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