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Terminó la pesadilla: últimas horas en el hotel Rixos de Trípoli

“Las reservas de comida se agotarán pronto, ya no hay agua, ni electricidad”: el corresponsal de la AFP Imed Lamloum cuenta las últimas horas que pasó con otros periodistas como prisionero en el hotel Rixos de Trípoli. 

Imed Lamloum pasó varios meses en ese hotel, donde el régimen confinó a los periodistas extranjeros. 

“Son las 06H00 de la mañana (04H00 GMT) del miércoles, no duermo. Estoy en compañía de un colega de una televisión árabe. Uno de los guardias despierta a un francotirador que pasaba la noche en una habitación del hotel. Baja despacio, con un fusil y una Kalashnikov en bandolera. 

Otro hombre armado sale de una habitación de la planta baja con un saco de municiones y se dirige hacia la puerta de salida. ¿Habrán decidido los guardias abandonar el lugar? 

Despertamos a nuestros colegas que comienzan a aventurarse al exterior, vigilando el perímetro. Parece que todo el mundo se ha ido. 

En el estacionamiento del hotel, la luz del sol que vemos por primera vez desde la entrada de los rebeldes en Trípoli hace cuatro días nos ciega. Los rostros se relajan. El fin de la pesadilla parece próximo. 

De repente aparece Hicham, uno de los hombres que custodiaban el hotel. Apunta su Kalashnikov contra los periodistas. 'Entren. No se pueden ir. Es peligroso'. 

Algunos intentan acercarse a él, pero se vuelve cada vez más amenazador. Los periodistas abandonan y entran en el hotel, sobre todo porque aparece otro guarda. El alivio habrá durado poco. 

Al cabo de dos horas, otro periodista presente en Trípoli, Paul Schem, un antiguo empleado de la AFP, se une a nosotros en el Rixos tras haber convencido a uno de los guardias, Hicham, de dejarlo entrar. 

Los periodistas negocian luego con Hicham para que permita a uno de ellos salir con Paul a comprar cigarrillos, que él también necesita. Me propongo como voluntario. 

En el exterior los combates siguen arreciando en el perímetro del hotel, no lejos de la residencia del coronel Muamar Gadafi, en el corazón de Trípoli. 

No hay coche. (...) 

Al final decidimos caminar y buscar un coche entre las calles desiertas donde resuenan ráfagas de Kalashnikov. 

Tras haber pasado seis meses en el Rixos, en el corazón de la máquina de propaganda del régimen, veo por primera vez la bandera de la rebelión ondear en Trípoli... a sólo 500 metros del hotel. 

Tomamos un coche (...) y decidimos ir al Corinthia, otro hotel donde se alojan periodistas (...) 

Entretanto llamo a mi esposa para tranquilizarla. (...) 

Desde el viernes sólo podía llamarla con un teléfono por satélite tendido boca abajo en el tejado del hotel, mientras las balas silbaban, a veces encima de mi cabeza. 

Dos horas después un conductor acepta acercarme al Rixos. Pero durante el trayecto, mi mujer consigue llamarme: un tweet acaba de anunciar la liberación de los periodistas del Rixos.  

Doy media vuelta hacia el Corinthia donde espero la llegada de mis colegas. 

Durante mi ausencia en el hotel, dos periodistas árabes lograron convencer a Hicham de abandonar su arma y autorizar una misión de evacuación de la Cruz Roja, prometiendo que se protegería a los dos guardias. 

Los periodistas lograron contactar con los rebeldes (...). La operación transcurrió finalmente sin problemas. Pero la emoción era intensa, algunos periodistas lloran. 

Los dos guardias también pudieron salir del hotel en uno de los autobuses de la Cruz Roja. Promesa cumplida”.

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