José de los Santos, ¡felices 106 años!

31 de diciembre de 2016 07:00 AM

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Por: ERIKA PUERTA CERVANTES-EL UNIVERSAL

Hoy, a las siete de la mañana, don José de los Santos Ruiz se persignará. Encomendará a Dios su vida, caminará a hasta su puerta y recogerá este ejemplar de El Universal. Y leerá hasta los edictos...como todos los días. La diferencia -vaya diferencia- es que hoy cumple años. Son 106. La diferencia es, además, que hoy se encontrará con que su rostro está impreso en esta página y que el diario que ha leído por más de sesenta años le desea un feliz natalicio.

Don José, ¡Feliz día! Este 31 de diciembre es un pretexto para homenajear a nuestro más fiel lector y para que Cartagena conozca la historia detrás de él, de valentía y lealtad.

***

“A mí me da sentimiento ver personas jóvenes y yo viejo y acabado”.

José de los Santos Ruiz pronuncia cada palabra con la lentitud centenaria. Las pronuncia conmovido porque dice que la vida es muy sabrosa y corta “pa’ uno morirse”. El hombre de mirada grande, pelo blanco y risa fuerte me recibe en su casa esta mañana de miércoles. Está de pie en la terraza con una camisa blanca con cuadro café, pantalón y cinturón café, medias blancas y zapatos de cuero brillantes.

Basta con preguntar en el barrio Daniel Lemaitre por el señor Ruiz para que todos salgan a decir: ¿Quién? ¿el calvo Ruiz?

“Por aquí todos lo conocemos, él vive frente al muro de contención -responde un vecino-”.

Es que ciento seis años no los tiene cualquiera. José de los Santos es el más adulto de Daniel Lemaitre, el más consentido, cada persona que lo ve en la puerta lo saluda y él contesta feliz: “adióooos mijo”, los niños de la calle le llaman “abuelito”.

Sentado al lado de su compañera, María Angulo, con lágrimas en los ojos y la voz entrecortada, cuenta: “Me da sentimiento porque cuando yo estaba joven iba viento en popa, tenía mi tierra, mi caballo y vine a Cartagena en 1951 huyendo de la guerrilla con cuatro amigos”.

Dejó su natal Turbo, en Antioquia, para radicarse en Cartagena por la violencia. Hasta a la cárcel fue a dar José. “Vea, la violencia era tan grande que cuando me preguntaban de dónde era y yo contestaba que de Turbo, me tildaban de guerrillero y hasta me metieron preso. Parecía un pecado decir que era de allá”, explica.

Recuerda con tristeza que huyó luego de que el grupo armado matara a un sobrino, un tío y una empleada de su finca. La única opción fue salir de allí para salvar su vida. Para llegar a La Heroica don José cruzó Necoclí y San Juan de Urabá, en Antioquia; Puerto Rey, en Antioquia; Cereté, en Córdoba; Zambrano, en Bolívar; Plato, en Magdalena y otros pueblos. 

Tiene una voz firme, habla pausado y con tranquilidad, cuenta su vida como si fuera un suceso de ayer, no se olvida de los detalles, las fechas y los nombres de personas que conoció en esa aventura.

En el Corralito
Se vino a Cartagena porque quiso; el primer barrio al que llegó fue Getsemaní y allí le robaron lo poco que le quedó de su recorrido.

Durmió un mes y medio en el parque Centenario, no comía ni se bañaba...hasta que conoció al que llama su ángel, Manuela, una mujer que se conmovió al verlo y lo ayudó a salir adelante, lo alimentó y limpió.

“Ese día duré bañándome bastante tiempo, me tocaban la puerta y yo decía: ‘no señor, esperen que me estoy bañando’”, comenta entre risas. “Todavía se demora una hora bañándose”, agrega su mujer.

Consiguió trabajo con la Gobernación de la época y tiempo después trabajó en la licorera de la ciudad. También trabajó en la casa Rafael Núñez como celador.

A los 65 años, después de dos mujeres con las que no tuvo éxito, se unió a María, que para entonces tenía 30. Junto a ella tiene hoy 47 años.
Tuvo doce hijos (han muerto dos). “Y de los nietos perdí la cuenta, ni se diga de los bisnietos y tataranietos”, confiesa.

Un “fiestón”
Nació el 31 de diciembre de 1910 y hoy el festejo es por lo alto. Desde ayer, su nieto Mattew coordina la fiesta que comenzó con la pintada de una pared donde plasmaron un mensaje de cumpleaños para su viejo. Las emisoras locales lo visitan con torta y gaseosa y los vecinos se reúnen a celebrar con él.

Es un alma joven atrapada en un cuerpo de 106 años. A pesar de sus años conserva la lucidez, humor y desparpajo de un muchacho. Es libre, camina a donde quiere sin necesidad de bastón, de vez en cuando se toma unos tragos de güisqui y religiosamente lee su Universal.
José se levanta de la silla y va hasta la mesa donde está el periódico del día, revisa que esté en orden, se pone los lentes y regresa con él a su silla.

Está alarmado por una noticia, nos lee en voz alta de qué se trata y explica: “Mira, este tipo después de lo que hizo, ahora quiere vender la casa”.

“Y no me puedo ir sin conocer su secreto para llegar a viejo con la salud que usted tiene” -le digo-.

“El secreto de la longevidad está en ser una persona correcta, comer saludable, muchas frutas y ensaladas, un trago de tres esquinas o güisqui y el jugo de morrocoy que no podía faltar en mi juventud” -responde-.

Y bueno, nadie es eterno, pero a don José le deseamos que los cumpla feliz hasta el año...

[bitsontherun UGjmqANO]

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