Mucha gente, incluso profesionales de la salud, cree que la marihuana es una droga blanda, natural, que si llegare a producir adicción es leve, pero no. Es un peligroso y silencioso enemigo.
Este es un informe especial da luces sobre la situación de esta problemática y cuáles son las recomendaciones que deben acatar los padres y profesores para ayudar a los jóvenes que entran al consumo de la marihuana.I*JULIANA MARULANDA, UN TESTIMONIODesde que tenía 2 años empecé a rodar. Mi mamá era drogadicta, murió y yo quedé con mi papá y mi hermano. Mi papá se iba para la calle a reciclar y a consumir porque él también es drogadicto.Andaba de un lugar a otro. Me dejaba sola y los vecinos llamaban al Bienestar Familiar. Me iban a dar en adopción porque estaba desnutrida, pero mi hermano, que es mayor que yo, me fue a buscar y me llevó para donde mi abuela. Él siempre me ha cuidado y preocupado por mí.Después, una tía fue a buscarme y me llevó a su casa porque ella no podía tener hijos. Quería adoptarme. Me puso a estudiar en Fe y Alegría de Las Gaviotas.Con mi tía todo estaba bien, pero su mamá no gustaba de mí, me maltrataba, todos los días me pegaba, llegaba al colegio con moretones, con la cara hinchada. No me soportaba. Desde pequeña fui hiperactiva y rebelde.A los 8 años fumé marihuana por primera vez.Unos muchachos del colegio me brindaron, les recibí y me gustó. Sentía que eso era lo que buscaba. El primer día me la regalaron. Después yo conseguía la plata. En el colegio la vendían pelaos de 11.Ellos cogían una guayaba verde, le quitaban las pepitas que tiene por dentro y echaban la yerbita. La fumábamos en el baño con una pipa, bombeábamos y la tapábamos para que no saliera el humo. Al principio me dieron ganas de vomitar, me puso los ojos rojos y me dio hambre. Entonces probé el “cripi”, una variedad de la marihuana, un montecito amarillo con verde claro, que no huele y era más difícil que nos descubrieran. Consumía porque me daba ganas de reír, hablar, estaba más animada, relajada, me sentía alegre y más inteligente.Los sábados me encontraba con las peladas en el parque y fumábamos cigarrillos. Los muchachos nos invitaban a sentarnos con ellos a ver fútbol, yo pensaba que de verdad era para ver fútbol, pero consumían “cripi” y éxtasis.Nunca tomé esa pastilla porque me decían que eso le hacía olvidar todo a uno, hasta el nombre, que si estas en una fiesta y se acaba la canción sigues bailando. Eso me daba miedo.Las cosas empeoraban en mi casa. Me volví más agresiva, grosera y rebelde. Mis abuelos más me pegaban y yo no les hacía caso. Me iba a consumir. A los 10 años probé la heroína por primera vez. La primera dosis de marihuana me costó $3.000 y la primera de heroína $500.000. También vendía en el colegio.Tenía muchos contactos porque empecé a trabajar con narcotraficantes. A veces no me tocaba comprarla porque si hacia bien un trabajo, me pagaban con droga y también con plata. En ocasiones no llegaba a mi casa, sino que me quedaba durmiendo en un andén. No me importaba estar sucia, sin bañarme, ni peinarme, duraba dos, tres o cinco días con la misma ropa.A pesar de todo, tenía cosas buenas, mucho talento: cantaba con un grupo de música y era gimnasta de la Selección Bolívar, empecé a los 9 años, ya consumía, pero cuando había prácticas no lo hacía. Una vez el entrenador notó algo raro y me mandó adonde la psicóloga, pero la convencí de que tenía problemas en la casa y estaba llorando y se acabó la sospecha.A los 14 años, cuando regresaba de un campeonato, un vecino que yo conocía y del que no quise ser su novia me violó y quedé embarazada. No quise abortar. A pesar que pusimos la demanda y que estaba identificado, la Fiscalía no hizo nada. Él sigue como si nada, siempre lo veo. Perdí todo. Me echaron del colegio, perdí la beca y salí del deporte.Por mi adicción, Bienestar Familiar me quitó a mi hijo y lo dio en adopción sin mi permiso. A pesar que me prometieron que si me recuperaba me lo devolvían. Entonces me descontrolé totalmente. Viajé en mulas escondida a Pereira, Armenia. Perdí la memoria, no me acordaba de nada. Después de un tiempo reaccioné y empecé a dar vueltas hasta que volví a Bienestar en busca de mi hijo, estaba muy agresiva y terminé en una clínica psiquiátrica en Barranquilla. Los mayores creen que pegándote, uno se va a corregir y no es así. Si ellos en vez de maltratarme hubieran hablado conmigo yo no hubiera pasado tantas cosas por estar en las drogas.Ahora regresé. Tengo 19 años. Me mantiene la ilusión de recuperar a mi hijo. Quiero salir de las drogas, tengo planes para mi vida, para ayudar a mi papá y que no le suceda lo mismo que a mi mamá.Estoy en tratamiento. Hablo con el doctor, con el enfermero. Se preocupan por mí. Quiero recuperarme, estudiar derecho y salir adelante. Ya terminé el bachillerato.
IISALUD MENTAL Y MARIHUANADesgraciadamente el caso de Juliana no es único. Es el de cientos de niños, adolescentes y jóvenes de Cartagena, con algunas variables. Un estudio de la Asociación Colombiana para la Salud Mental sobre el consumo de cannabis en Cartagena, realizado entre enero de 2011 y diciembre de 2012 en 20 colegios públicos, con una muestra de 1.200 niños entre los 5 y 18 años de los estratos 1, 2 y 3 arrojó cifras alarmantes. Realidad que no es muy diferente en el resto del país.En la ciudad, el mercadeo de sustancias psicoactivas entre los niños lo hacen las organizaciones delictivas a través de la marihuana que permea con facilidad a los grupos de jóvenes. La edad promedio en que un niño empieza el consumo es a los 14 años y en el 90% de los casos de farmacodependencia empezaron con esa sustancia durante la vida escolar, pasando desapercibido para profesores, padres y familiares cuatro años, en promedio, según el informe.“Se encontró una relación directa entre delincuencia juvenil y consumo de cannabis. El 85% de los jóvenes infractores tiene historia de consumo de cannabis desde temprana edad, deserción escolar y disfunción familiar”, advierte Miguel Sabogal, médico psiquiatra, máster en Salud Mental Infantil, uno de los investigadores que trabajó en el estudio.Lo más preocupante es que la mayoría de estos jóvenes nunca ha recibido tratamiento para su adicción y, más grave aún, en el 50% de los casos los padres dijeron desconocer que su hijo consumía sustancias psicoactivas.También se encontró una relación entre consumo de sustancias psicoactivas y enfermedad mental. El 30% de los pacientes psiquiátricos hospitalizados durante el 2012 tenía antecedentes de consumo de cannabis y derivados de cocaína.DistribuidoresLa vía de acceso a las sustancias psicoactivas es a través de niños que son usados como distribuidores en los barrios y al interior de los centros educativos. Estos menores expendedores tienen entre 10 y 17 años y reciben como pago sustancias psicoactivas, armas, celulares o dinero, lo que ha generado la proliferación de pandillas, actos delictivos con armas de fuego y deserción escolar, dice el informe.La estrategia de comercialización a tan tempranas edades consiste en vender a los niños una dosis (o moña) de marihuana en $1.000, la que escasamente les alcanza para tres o cuatro aspiraciones o fumadas. En un segundo producto más grande les venden $3.000, promedio de la mesada escolar diaria de los menores.La distribución en los colegios la hacen los alumnos de la misma institución, lo cual se facilita por la ausencia de requisas al entrar al colegio, lo mismo que la falta de aplicación de pruebas de detección de sustancias psicoactivas.“Los pequeños le compran a algún compañero del colegio y la consumen durante el descanso o al salir del colegio. Las estrategias del narcotráfico cambian día a día para facilitar su penetración inadvertida entre esta población”, reza el estudio.
NIÑOS, MULAS URBANASLos consumidores disponen ahora de un producto que llaman popularmente “criposo” que es cannabis modificado, no expide el olor característico de la marihuana. En la calle un joven se ve fumando un cigarrillo aparentemente normal, pero en realidad puede estar consumiendo cannabis “criposo”.En los barrios se distribuye también a través de menores que reciben beneficios en especie y que transportan pequeñas dosis en los tubos de sus bicicletas, en las pretinas del pantalón o el falso de los vestidos, en el pelo, entre muchos otros escondites. Al entrevistarlos ellos afirman: “Los papás nunca saben nada”. “La moña es el vacile, todo bien”.“Esta situación nos depara una nueva generación enferma, delictiva, amotivacional, con déficit cognitivo y proclive a la delincuencia”, dice el psiquiatra Sabogal.El microtráfico tiene ahora como objetivo a niños y adolescentes. Ese es el mercado de mayor interés porque les asegura nuevas víctimas cautivas.Los padres, familiares y maestros, por supuesto, no se enteran. Sólo tres o cinco años después de haber comenzado el consumo, pero ya es demasiado tarde. Su niño ya es adicto. El proceso para liberarlo es mucho más complejo y solo el 26 por ciento lo logrará, con un gran esfuerzo y un largo tratamiento multidisciplinario, sentencia el estudio.
IIICON MAYORES RIESGOSEl fenómeno sociológico en el que se da el consumo de la marihuana en la niñez, según la Asociación Colombiana para la Salud Mental, tiene como factor común familias disfuncionales, con un padre ausente o distante y una madre trabajando tiempo completo o con alteraciones emocionales. También se da en familias funcionales.La marihuana es el enemigo invisible más grave que permea la sociedad con una explosión que se presentará entre uno y cinco años después de empezar a consumir, dependiendo de factores individuales, como la predisposición a desarrollar enfermedades mentales y a fenómenos de tolerancia y de dependencia, destaca el estudio.Ningún colegio, desde el estrato uno al seis, está exento de que se presente o padezca un problema de drogas. Lo importante es estar preparados y saber cómo enfrentarlo.
*Nombre cambiado para proteger la identidad de la joven.
RECOMENDACIONES A LOS MAESTROSRequisar aleatoriamente los bolsos de los alumnos.- Crear un programa continuo de charlas y talleres para la prevención del consumo.- Crear un comité pro-prevención del consumo (un representante de los padre de familia, la psicóloga, un docente y un representante de los alumnos).- La Asociación Colombiana para la Salud Mental prestará la asesoría necesaria.
RECOMENDACIONES A LOS PADRES-Escucha a tus hijos con calma, sin agredirlos, dedicándoles tiempo. Así escucharán la orientación que quieres darles.-Ayúdales con el ejemplo es muy importante que no te vean ingiriendo sustancias como alcohol, cigarrillo, u otras.-Conoce a los amigos de tus hijos y a sus padres.-Controla el tiempo que pasan en internet y los sitios que visitan en la red.-Ten reglas claras en la casa, enséñaselas y pégalas en lugar visible.-Facilita a tu hijo la práctica de una actividad deportiva o artística en un buen lugar, organizado y disciplinado.-Consulta inmediatamente en caso de cambios bruscos de conducta, en los hábitos de sueño o en el rendimiento escolar.-Revisa periódicamente sus cuadernos, habitación, computador.-Habla con tu hijo sobre lo nocivo que es el consumo de sustancias, incluido el alcohol, y mándale información científica a su e-mail o a su Facebook. Ellos creen mucho en lo que les llega por esa vía. Más que lo que se les dice verbalmente.
