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Cartagena de Indias y la verdadera independencia nacional

“Desde niños fuimos obligados a memorizar y recitar una especie de letanía que hablaba de un incidente entre dos hermanos criollos y un español por un florero en la distante Santa fe de Bogotá. Con el tiempo, aprendimos a naturalizar la historia de ese supuesto “momento de efervescencia y calor”, de esa “ocasión única y feliz”, en la que el florero, más que la gente y las ideas, parecía llevarse todo el protagonismo.

A principios del siglo XX, el 20 de julio de 1810 se convirtió en la fecha conmemorativa de la emancipación nacional. En 1907, por medio de una ley, el gobierno de Rafael Reyes impuso la fecha. Eran tiempos en que el país todavía lloraba amargamente la perdida de Panamá luego de la fatídica Guerra de los Mil días y los partidos políticos tradicionales trataban de deponer sus seculares odios.

Había que encontrar una fecha emblemática de construcción nacional desde el centro que diera la sensación de unidad en tiempos de fragmentación y discordia partidista. Comenzaría así la hegemonía simbólica del centro a costa del olvido o la negación de los logros de igualdad, justicia y libertad de la independencia de Cartagena de Indias.

Sin embargo, honorables magistrados, hoy sabemos que el 20 de julio de 1810, en ningún momento tuvo la intención de declarar la independencia absoluta de España. Si bien se transfirieron los derechos a una Junta Suprema, el virrey Amar y Borbón fue nombrado como su presidente y se siguió reconociendo la figura de Fernando VII como soberano de estos territorios.

Más aún, la posterior salida del virrey se debe más a acusaciones que hablaban de sus supuestas simpatías con las ideas francesas -nación que precisamente tenía sometida a la mayor parte de España- y no a un claro interés por sacudirse del dominio metropolitano.

También sabemos que el 20 de julio no hubiera ocurrido sin hechos previos acontecidos en Cartagena.En medio de la crisis española y del vacío de poder presentado en España debido a la invasión de Napoleón en 1808 la metrópoli buscó ganarse el apoyo de los territorios americanos. El comisionado regio Antonio Villavicencio llegó a Cartagena y el 22 de mayo de 1810 la ciudad formó una Junta de Gobierno. Un mes más tarde, el 14 de junio de 1810, esta Junta de Gobierno, en un hecho sin precedentes, expulsó al gobernador español Francisco Montes.

De modo que los acontecimientos del 20 de julio de 1810, tienen como antecedente y fundamento las expresiones de autonomía que unos meses antes había mostrado la Junta de Gobierno de Cartagena. Además de las acciones de la Junta, estos tiempos se caracterizaron por una importante movilización popular que abrasaba la posibilidad del establecimiento de la igualdad jurídica para todos.

Que existía presión y participación en los grupos marginados por alcanzar reconocimiento jurídico se puede ver claramente en la medida que tomó la Junta Suprema de Cartagena el 11 de diciembre de 1810. En esa fecha, se aprobó un sistema electoral que daba la posibilidad de votar a todos los hombres, “blancos, indios, mestizos, mulatos, zambos y negros, con tal que sean padres de familia, o tengan casa poblada y que vivan de su trabajo, y que no sean vagos, siervos asalariados o esclavos”.

En medio de este escenario de inestabilidad y difusión de ideas políticas y jurídicas, la ciudad estuvo atenta a las deliberaciones de las Cortes de Cádiz. Cartagena buscó la manera de aprovechar los principios discutidos allí para adaptarlos a sus intereses y pretensiones de autonomía. El 31 de diciembre de 1810 la Junta Suprema de la ciudad y la provincia de Cartagena de Indias a través de un acta, decidió aceptar las órdenes de Cádiz.

Por este medio, las autoridades de Cartagena mostraron su interés en la conciliación de los territorios de ambos hemisferios bajo una forma constitucional “con los imprescindibles y sancionados derechos de entera y absoluta igualdad, y representación de los pueblos”.Sin embargo, a pesar de acatar los principios de las Cortes, la Junta defendió su autonomía, de manera que esta suscripción a las decisiones emanadas de Cádiz, se ejecutaría sólo a reserva de las libertades económicas y administrativas de la provincia concebidos por la Junta.

Es un proceso político de doble vía y mutua influencia, mediante el cual la Junta de Cartagena, incentivado por las reuniones en Cádiz se piensa políticamente y aunque acepta el sentido y la importancia que tiene la necesidad de redactar una constitución que concilie los territorios españoles con los americanos, no negocia los principios que la llevaron a crear una Junta Suprema de gobierno. Un hecho que comprueba con claridad meridiana esta posición es la carta que enviaron 486 vecinos a la Junta de Cádiz, el 11 de junio de 1811.

Los cartageneros firmantes expusieron su descontento con las medidas que impedían la participación de los delegados de las provincias americanas en la Junta en las mismas condiciones que los representantes de las provincias españolas. La misiva además planteaba que, si estas eran las condiciones de participación, a los cartageneros no les quedaba más remedio que separarse de manera absoluta de España. Estamos pues ante un proceso de consolidación de los principios constitucionales que serían fundamentales en la definición del futuro político no solo de la provincia de Cartagena, sino también de la futura nación.

Los debates de Cádiz eran seguidos con sumo interés en Cartagena a través del periódico El Argos Americano y la atención se centró en un punto crucial para el tema de la representatividad política en una población mayoritariamente negra y mulata: la posibilidad de ciudadanía de los descendientes de africanos. Estos grupos estaban esperanzados en que las cortes Gaditanas aprobaran la igualdad racial y la ciudadanía para que las personas étnicamente distintas a las blancas pudiesen acceder a esta categoría.

El corolario de la experiencia política acumulada y de la participación popular sería la declaración de independencia absoluta de Cartagena de Indias el 11 de noviembre de 1811, cuando todavía  Santa fé de Bogotá defendía la soberanía del rey de España sobre estos territorios.

De incuestionable riqueza literaria, el Acta de Independencia absoluta de Cartagena de Indias, publicado el 26 de noviembre de 1811, es uno de los documentos de mayor radicalidad en toda América en la concepción de las ideas políticas. En una prosa que asombra por su claridad, el Acta  defiende el derecho que tiene todo pueblo a “separarse de un gobierno que lo hace desgraciado”. Por esta razón, en nombre del pueblo y apelando a los principios imparciales de la justicia, se declara “a la faz de todo el mundo, que la Provincia de Cartagena de Indias es desde hoy de hecho y por derecho Estado libre, soberano é independiente”.

Estos principios quedarían también consignados en la Constitución del Estado de Cartagena de Indias, expedida el 14 de junio de 1812. La constitución se componía de 25 títulos en los que se consignaron los principios de los derechos naturales y sociales del hombre, la forma de gobierno y sus fundamentos, la división de los poderes, los asuntos pertinentes a la relación del Estado con la religión y los principios de la instrucción pública, entre otros puntos relacionados con el inédito proceso de construir estados modernos en estos territorios.

En una interesante coincidencia, las deliberaciones para la promulgación de la Constitución estaba compuesta por 34 diputados, el mismo número de magistrados que hoy nos acompañan.

Gracias a un interesante proceso que hemos emprendido hace algunos años, nuestros escolares y el ciudadano común y corriente de Cartagena, empieza a saber menos de un florero sobre dimensionado y más sobre la importancia de Pedro Romero, José Padilla, Juan José Solano y los Lanceros de Getsemaní. En resumen más sobre la lucha de los cartageneros por la igualdad jurídica y política.

Honorables magistrados, que la instalación dela Sala Plena del Consejo de Estado en el marco de la celebración del Bicentenario de la Independencia de la ciudad, sea un motivo para que de una vez por todas la nación empiece a reconocer este proceso como el punto de partida en la construcción del estado nación.

Permítanme creer que las futuras generaciones de cartageneros y cartageneras no tendrán que esperar otros 200 años para que el país entienda el papel del movimiento independentista de esta ciudad en la construcción de los principios de democracia, libertad y justicia de la nación colombiana”.


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Comentarios

Buen articulo

Por lo menos yo lo lei.