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Chile: cercado por la indiferencia

La imagen que más recuerdan quienes viajan en las busetas que obligatoriamente deben tomar la vía principal del barrio República de Chile, son las edificaciones en donde funcio-nan el jardín infantil “El Palomar” y el plantel para niños especiales llamado “Aluna”.
Pero también recuerdan la zona verde (que no es tan verde) de las manzanas 42 y 43, no tanto porque sea la espacio comunal del barrio, sino por los montones de bolsas de basura y los cachivaches descomunales que ningún camión del aseo recoge, pero que los habitantes de la calle se encargan de regar y multiplicar como si fueran panes y peces del afeamiento urba-no.
No siempre fue así en Chile (para apocopar el nombre). Hubo unos principios —que ahora suman 36 años— en los que al barrio fueron llegando los antiguos habitantes de las zonas modestas de la Cartagena de mediados de los años setenta.
Las viviendas construidas y coloreadas con el ocre de los ladrillos que puso de moda el de-saparecido Instituto de Crédito Territorial (ICT), resultaban atractivas sobre las lomas desde donde se divisa la bahía de Cartagena y la zona portuaria que aún empuja su brisa en las ho-ras más impensables del día.
Dicen los viejos habitantes que en alguna ocasión el barrio se ganó una fama bien mereci-da de tranquilo y seguro, pero que con el crecimiento de la ciudad se volvió escenario de pleitos entre pandilleros provenientes (según la gente de Chile) de los barrios vecinos; y co-rredor de los fleteros que hacían de las suyas en las zonas comerciales del Centro.
Ahora, la actual Junta de Acción Comunal asegura que los pandilleros de otras zonas han dejado al barrio tranquilo, pero que la nueva preocupación reside en lo participativo y lo ambiental: al barrio se lo están tragando las basuras, pero la mayoría de sus moradores son apáticos a la transformación comunal.

Falta pertenencia

José Lora Hidalgo, presidente de la JAC, sentencia que el problema de las basuras radica en que la gente no ha aprendido a cultivar la disciplina frente a los horarios de recolección.
“Eso por un lado —explica—: por el otro, es que aún no comprenden que los camiones del aseo no cargan elementos como colchones, camas viejas, tanques, escombros y cosas así, pero las siguen poniendo en las esquinas. Nosotros, después de haber dialogado con la em-presa Urbaser, establecimos unos horarios y fechas especiales para que se recolectaran esos elementos, pero entonces nadie los sacaba”.
Asimismo, los miembros de la JAC dicen tener identificados a ciertos personajes del mis-mo barrio, quienes cobran por botar el escombro de las familias que están ampliando sus vi-viendas, “pero los echan en cualquier lado; y lo peor es que nadie les dice algo porque les te-men”.
Gracias a la indiferencia que señalan los de la JAC, en las manzanas 53 y 37 las bolsas de basura entre los escombros duran días pudriéndose y produciendo malos olores; lo mismo que en la manzana 62 en donde ambas esquinas permanecen atiborradas, como el parque de la manzana 73, al cual, según la gente de Chile, llegan los vecinos del barrio Bellavista a colo-car sus basuras; mientras que al caño de la manzana 13, los moradores apostados en ambas márgenes lo han tomado como escombrera y basurero que alberga podas y toda clase de dese-chos.

El espacio público

A parte de los puntos que ya ocupan las basuras, los miembros de la JAC dicen estar lu-chando por recuperar el espacio público que ha sido usurpado por comerciantes alrededor de la cancha de las manzanas 42 y 43, en donde los fines de semana funcionan kioscos que ex-penden licores.
“Unos pocos propietarios —dicen— se han preocupado por recuperar el entorno, pero la mayoría ayuda a deteriorarlo. Y, como siempre, nos toca pelear solos, porque los vecinos no se interesan en proteger lo que es de todos. Tampoco les indigna el que en la noche, en cier-tas esquinas, se formen los grupos de gente consumiendo estupefacientes. Y son personas del mismo barrio, pero les tienen miedo”.
Pese a eso el barrio cuenta con 11 frentes de seguridad y varias alarmas que poco se utili-zan, “por la indiferencia y el miedo que se ha apoderado de los vecinos”, insisten los de la JAC, para quienes el Chile tiene la peor maya vial de la Localidad, debido a que desde hace más de 20 años no se le hace mantenimiento.
“Por estas vías corren las busetas a toda velocidad, sin importarles nuestras zonas escola-res. Hemos pedido al Datt instalación de señales para controlarlas, pero hacen caso omiso. La alcaldesa se comprometió a arreglarnos la malla vial, pero hasta ahora no ha cumplido”, dice José Lora.

Dos espacios urgentes

Chile solicita a la Alcaldía Mayor de Cartagena que adelante gestiones para resolver la si-tuación jurídica del terreno donde funciona la Institución Educativa Manuela Beltrán, sede Hijos del Chofer.
El predio pertenece a un Sindicato de Transportadores y, al parecer, por esa razón la Ad-ministración Distrital no ha podido invertir recursos públicos para mejorar la infraestructura física de la escuela.
El mismo caso aplica para la biblioteca y para el salón comunal, ubicados en el mismo predio.
“El presupuesto participativo nos apoyó con 43 millones de pesos, los cuales no pueden ser invertidos hasta tanto no se solucione este caso”, explica un integrante de la JAC.
El colegio necesita mejoramiento de aulas, pupitres y baños, además de la dotación de una sala de sistemas.
En la institución reciben clases no sólo alumnos de Chile sino de otros sectores como San Isidro, Nuevo Chile, Chile Prefabricado, Los Cerros, La Conquista, Altos de San Isidro, El Olivo y Bellavista.
Respecto a la salud, los vecinos se quejan por deficiencias en el servicio que se presta en el Centro de Atención Permanente (CAP) Los Cerros.
“Ese centro de salud no cuenta con la capacidad suficiente para atender las necesidades de la población de esta parte de la ciudad. Esperamos que las inversiones que está haciendo la Alcaldía sirvan de algo para mejorarlo”, manifestó José Lora, presidente de la JAC.
La gente espera que se amplíen los laboratorios, la sala de espera y el consultorio de odontología. Además, solicitan mejor recursos humanos calificados para la atención de los pacientes.

Que vuelvan
los campeones

Una de las cosas que les preocupan a los líderes comunales es que no vuelvan a surgir de-portistas destacados, como en otros tiempos.
Esto, debido a que a algunos escenarios deportivos, desde hace más de 7 años, no se les hace mantenimiento.
“Aquí han salido figuras del fútbol de salón a nivel de Bolívar y de Colombia como Víctor Santoya, Vladimiro Romero, entre otros. Pero las condiciones actuales de estos espacios no son las mejores”, dijo uno de los líderes.
De todos los escenarios sólo uno, en la manzana 63, está en condiciones para realizar de-portes, y fue recuperada en 2008.
A las canchas de las manzanas 22, 24 y 26, y la Carlos Lemus, hace más de 7 años que no se le hace una adecuación y la cancha que queda cerca del Colegio Amarillo es la más deterio-rada.
Aunque dijeron que no existen espacios para que se hagan otros parques para los niños, aseguran que hay uno en el que “supuestamente” se invirtieron 12 millones de pesos y “lo que se hizo fue, prácticamente, nada”.
“Le pedimos a la Administración por la recuperación del parque que está al lado de la Fundación Aluna, pero hay inconvenientes con esos terrenos y toca esperar a que se resuel-van”, indicaron.

Crescencio Camacho,
su nombre es música

El personaje más apreciado de Chile es Crescencio Camacho, considerado un baluarte de la música costeña.
La comunidad aprovechó la vista de Miércoles de Barrio para cancelar una deuda pen-diente con el recordado cantante y compositor de música folclórica: con un sencillo home-naje se le hizo entrega de una placa, en reconocimiento a sus dotes artísticos.
“Agradezco este sentido reconocimiento a mi trayectoria”, así se expresó Crescencio al re-cibir la distinción entregada por sus propios vecinos.
Con 92 años de edad, éste hijo de Villanueva (Bolívar) todavía recuerda con nostalgia sus años mozos.
Se emociona cuando le dicen que la juventud baila sus éxitos, esos que suenan en las fies-tas novembrinas.
Muchos lo recuerdan por interpretar la canción “Falta la plata”, aquella que grabara junto a Pibe Velasco, y que después popularizara a escala nacional e internacional Álvaro José “El Joe” Arroyo.
Crescencio Camacho recuerda que pulió su talento para cantar y componer cuando llegó a Cartagena en 1926, una vez terminó de prestar el servicio militar.
A partir de allí llegaron sus éxitos con la orquesta de Rufo Garrido, y su fama creció al popularizar éxitos como “El Burro”, "Que salga el toro" y "El toro viejo”.
Hoy, alejado de las tarimas y de los estudios de grabación, Crescencio agradece a Dios “el buen trato que le ha dado la vida”.
“Tengo mi pensión y mi seguridad social, lo que me hace vivir tranquilo y sin dificulta-des”, expresa.
“El mejor homenaje que aspiro a recibir es que la música folclórica que interpreté siga so-nando en las emisoras, que la gente se acuerde de mí y que Dios me permita seguir viviendo mis últimos años con placidez”, afirma.

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