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El abismo de los celos

Leidi Johana Loaiza Rivera no pudo hacerle el quite a la muerte el pasado 18 de marzo.
Su caso (en el que su ex pareja, tras una prolongada relación enfermiza, la embistió, en una tienda del barrio 13 de Junio, con un cuchillo hasta de-jarla sin vida, para luego suicidarse él) es el más reciente de los tres que en lo corrido del 2010, ensombrecen y retratan la pesadumbre que ocasionan los celos.

Este drama tácito que puede desembocar en la violencia doméstica tiene varias vertientes, como lo explica Hortensia Naizzara Rodríguez, docente de la Universidad de Cartagena e investigadora de violencia de género en la ciudad.
Como primera observación, la experta hace la aclaración de que “los celos se sitúan dentro de las emociones básicas, que se convierten en estados de alerta entre las parejas”.
Los desencadenantes de los celos parten de las creencias, las valoraciones morales, y sobretodo “de lo que la pareja considera propio o no en su rela-ción. Se convierten en un estímulo para algunas parejas en pleno romance o por el contrario en un verdadero infierno imposible de superar”, asegura Rodríguez.
El informe “Forensis, datos para la vida 2009”, del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, revela que la violencia intrafamiliar fue la causa de 87 muertes en el país en 2009, en la cual puntean el maltrato de la pareja con 56 casos, maltrato al menor de edad, con 9, y maltrato entre otros familiares.
En Cartagena este tipo de violencia no corresponde sólo a estratos bajos, y el comportamiento de los homicidas guarda una relación más o menos homogénea en los diferentes estratos sociales.

Perfil del celoso
Rodríguez dice que: “La mujer o el hombre que imagina y maquina desde su pensamiento que su pareja le es infiel, que lo está disfrutando sin él o ella... y vislumbra escenas que son creadas artificiosamente, tienen un grave conflicto con su yo”.
Según la experta, el perfil del celoso es el que contempla una percepción mínima de sí mismo(a) y por ende implica falta de autoestima.
“Incluso en la mayoría de las ocasiones este tipo de personas tienen conflictos de identidad, fantasean con enemigos o enemigas que no existen; y más temprano que tarde la relación se esfuma”, asevera la investigadora.

Emoción destructiva
Es ahí cuando los celos pueden derivar en una emoción destructiva.
La docente afirma que “una persona tomada por emociones destructivas puede llegar a matar, maltratar y desarrollar actos de crueldad consigo mismo y con otros”.
Hortensia Rodríguez, quien ha desarrollado junto a un equipo de investigación de Unicartagena diversos estudios sobre violencia de género en Car-tagena, plantea también que “es evidente que hay tratos crueles en una relación de pareja marcada por los celos y la posesión del cuerpo del otro”.
En aquellas, el referente principal es el sufrimiento de ella o él y de los niños; así como el acoso permanente e injustificado del esposo o pareja maltratante.
Añade: “Junto a mis compañeros de investigación, Germán Betancur, Rafael Acevedo, David Lara, Peity García, y Beatriz Posada, hallamos que el sentido de posesión es una característica común que genera violencia. Por ejemplo hay violencia en las parejas ya separadas por muchos años, incluso más de diez años y los hombres en sus discursos dijeron ‘Ella es mi mujer, es mi esposa y aún me debe respeto’, eso quiere decir que aún piensan que la mujer es de su propiedad”.
De acuerdo con la información recopilada en la investigación de la experta, en 1996 se recibieron más de 1.600 denuncias en la Fiscalía por amenaza de muerte entre las parejas en Cartagena.
Estos casos tienen una relación directa con el maltrato consentido en la pareja y en la familia.
“De las amenazas de muerte al exterminio de uno de los dos hay poca distancia”, asegura.

Obsesión
Los individuos que asumen estas posturas no han aceptado la separación ni emocional ni cognitivamente.
Ahí es cuando el objeto amado se convierte en una obsesión.
En este sentido, se convierte en una manía controlar los movimientos de la pareja, husmear los archivos personales (como la cartera o billetera, com-putadora, teléfono móvil).
Por tanto la tecnología de la información se transforma en máquina de espionaje, e incluso llegan a contratar detectives, “esto realmente no es sano y las parejas que se hallan en esta encrucijada comúnmente van a incurrir en violencia”, expresa Rodríguez.
Los hombres y mujeres que experimentan celos “sufren demasiado de una manera innecesaria” intentando controlar los movimientos, las decisiones y las vidas de su pareja, la relación se vuelve asfixiante y uno de los dos termina por escapar.

¿Cómo manejarlos?
“Si el hombre o mujer ya es infiel en la relación de pareja y ha escogido otra relación, lo mejor es dejarlo ir... la posesión no es una buena señal”, rea-firma.
La persona que no puede controlar sus celos necesita de ayuda especializada, porque tiene una referencia muy limitada de su yo, no se conoce a sí mismo(a) “y sentirá también esta emoción destructiva hacia las amistades y en el caso de profesionales si tiene un cargo de poder limitará el ascenso de la persona que le produce celos o envidia, que suelen encontrarse en su ámbito laboral”.
Lo recomendable es la psicoterapia.
“El amor es un camino precioso y se construye con diálogos abiertos y si se funda en la confianza y en la seguridad genera lazos duraderos”, asevera la docente.
Bolívar en violencia sexual registró 705 muertes en el 2009 mientras que en el 2008 fueron 601.
En este orden de ideas, Cartagena registró 448 casos de esta índole en 2009, frente a 394 en 2008. Magangué con 50 casos en el 2009 y 49 en el 2008.
La investigadora concluye que: “La forma final de la violencia es la eliminación del otro o la otra y esta es una realidad que no escapa de los hogares cartageneros, puesto que la relación entre violencia y muerte es sencilla y elemental”.

Violencia intrafamiliar
En esta forma de violencia también hubo un aumento de muertes en el país, revela Medicina Legal.
Durante el 2009 las víctimas de este flagelo aumentaron a 93.862, registrando 4.059 casos más que en el año 2008.
La violencia de pareja ocupó el primer lugar con 61.139 casos y dejó igual, como en años anteriores, como principales víctimas a las mujeres con el 88,6% y especialmente a las que esta-ban en edades entre 20 a 29 años de edad.
Ante esta terrible realidad Hortensia Rodríguez indica que “los hombres que demuestran ser más hombres que los demás se hallan en desventaja ante sus congéneres masculinos, porque están escondiendo algo, y ese algo es una feminidad alucinante”.
Las cifras de Medicina Legal muestran que el mayor número de casos de violencia intrafamiliar sucedieron durante la noche y en fines de semana.
Los sitios de mayor ocurrencia de estos hechos fueron las viviendas familiares.

Los bajitos son más celosos
Una investigación realizada por las universidades de Groginga (Holanda) y Valencia (España), ha revelado que los hombres de baja estatura y las mujeres o muy altas o también bajitas son las personas más inseguras y, por tanto, son las más celosas de sus parejas.
El estudio en el que participaron 349 estudiantes valencianos y 200 holandeses, elegidos por un anuncio de televisión, determinó que los varones altos pueden tener menos razones para ser engañados por sus parejas y, además, dado su estatus de dominancia, pueden disuadir con más éxito a los rivales de competir por sus compañeras.
Así mismo la investigación reveló que los hombres más bajitos eran más celosos si el rival les mira por encima del hombro, mientras que los altos no lo son aunque el contrincante sea físi-camente dominante, más atractivo o con un estatus social elevado.

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