A pesar del drama que contiene su historia, es claro que hace nueve meses el universo conspiró para que Katty Yulieth Fonseca Acosta siguiera con vida y se convirtiera en un ejemplo de templanza y determinación, que debe servirle a muchos para saber que se puede continuar adelante pase lo que pase.
El 24 de mayo del año pasado, Katty salió de la casa en la que vivía pensionada en el barrio El Rubí y se dirigió, como era costumbre, a su trabajo en la Estación de Servicio India Catalina, ubicada en la carretera La Cordialidad, a la altura de Villa Estrella.
Pasada la 1:30 de la tarde, la muchacha de 20 años yacía en el concreto caliente de esta misma vía después de que una volqueta cargada de arena la atropellara. (Lea aquí: Volqueta arrolla una joven en la Cordialidad)
La noticia del accidente de esta estudiante de contaduría pública de la Universidad Libre conmocionó a la ciudad, sobre todo, porque en ese entonces dicha vía se encontraba en construcción y los habitantes de los barrios aledaños, como Villa Estrella, habían protestado en varias oportunidades reclamando la debida señalización, socialización de vías alternas y acompañamiento de agentes de tránsito.
Pese a esto, nada y todo pasó. Nada, porque el tránsito vehicular siguió siendo un caos. Las motos, los buses, los carros particulares y de carga pesada seguían circulando en desorden y a toda velocidad, y todo, porque los temores de la comunidad se materializaron con el accidente de Katty.
Hoy, en su silla de ruedas, la hermosa joven de piel blanca y ojos color aceituna recuerda con exactitud todo lo que pasó ese día como si hubiera estudiado cada uno de los pasos que dio y los que, a lo mejor, no debió haber dado.
HACE NUEVE MESES
Normalmente Katty Yulieth llevaba el almuerzo de su casa para el trabajo, pero el día del accidente no lo hizo, lo cual la motivó a salir de la oficina.
“Recuerdo que estaba en el computador haciendo unos informes y una compañera se cansó de convidarme a que saliéramos, pero yo no fui cuando ella me lo pidió. Después recuerdo que miré el reloj y era la 1 y 10 de la tarde, yo agarré el monedero y salí a comprar el almuerzo, llevaba una sombrilla. Ese día hizo entre sol y brisa y la brisa me volteó la sombrilla, entonces me devolví, la dejé y regresé. Nuevamente, cuando iba a cruzar (la calle) me llamó un compañero que tampoco llevó almuerzo y me dio 5 mil pesos para que le trajera el suyo, entonces busqué la plata y regresé, pero nunca llegué al otro lado”, relata Katty con la voz dulce y suave que la caracteriza, mientras baja un poco la vista y se arregla el cabello que le cae en la frente.
En ese ir y venir del pasado, Katty asegura que en todo el lugar no había conos, paleteros o señalización de algún tipo que le advirtiera a ella o a otros peatones, que la vía que solía cruzar hacia el pequeño restaurante que frecuentaba, había sido habilitada en doble sentido.
“Para cruzar, una buseta que venía del Centro a la Terminal me dio el paso. Delante de ella estaba otro carro grande y cuando traté de avanzar ya venía en exceso de velocidad la volqueta que me golpeó con la parte de adelante, yo caí y me atropelló con las llantas de atrás”, recuerda la joven, nativa de La Guajira, para quien se apagaron las luces desde ese instante hasta 4 días después cuando despertó en la clínica y le dieron la noticia de la amputación de sus piernas.
LA CREÍAN MUERTA
Decenas de personas que ese jueves se encontraban en la zona y no daban crédito a lo que estaban observando. En un video que los abogados de Katty tienen en su poder, el horror es indescriptible. Pese a la regular resolución de este, las imágenes son estremecedoras. Entre frenos y pitos, la gente llega hasta el lugar en el que ella está pero no se atreven a tocarla, mientras tanto, la persona que graba con su celular hace un acercamiento de lo que quedó de sus piernas. Nada tiene forma y brota mucha sangre.
Los segundos son interminables y la joven sigue allí, tendida en el asfalto caliente. Entonces corren hacia ella una mujer que en el momento del accidente hacía una llamada en un SAI cercano, y un montallantas de la bomba en la que Katty trabaja. El hombre la toca y ante la respuesta de la joven, que seguía consciente, la mujer reacciona gritando con fuerza: “está viva, está viva, llamen a una ambulancia”.
EL TIEMPO EXACTO
Cuentan Katty y sus familiares que, según los médicos que la recibieron el la Clínica Madre Bernarda, donde fue atendida y duró dos meses en recuperación, solo unos minutos la separaron de la muerte.
“Aunque dicen que llegué consciente a la Clínica yo no recuerdo nada. Después supimos que la ambulancia que me recogió pasaba de casualidad por el lugar del accidente, lo que definitivamente me salvó la vida. Diez minutos después, como dijeron los doctores, hubieran sido fatales, habría muerto desangrada”, afirma Katty.
DIOS LE DIO LA FUERZA
Cuatro días después de haber sido atropellada, Katty despertó. Ya suponía que algo extraño pasaba con sus piernas, pero no lo confirmó hasta el domingo 27 de mayo, cuando le dieron la noticia.
“Yo desperté de la sedación y ya no sentía las piernas. Intentaba preguntar qué pasaba y nadie me respondía. No pensé en ningún momento que me habían amputado, pensé que depronto había quedado inválida porque sentía un vacío. En horas de la tarde llegó un médico y me dio la noticia. Lo tomé con muchísima tranquilidad, no grieté, ni me puse a llorar (…;) quizá si me hubiesen preguntado antes del accidente que cómo hubiese reaccionado, hubiese dicho que me hubiera vuelto loca, pero no, en ese momento me di cuenta de que Dios le da a uno la fuerza…; una fuerza que uno no se imagina de donde saca”, cuenta la estudiante de sexto semestre de contaduría, mientras, por primera vez, se le quiebra la voz y debe respirar profundo para no llorar.
Más de una semana en la Unidad de Cuidados Intensivos y dolorosos procedimientos quirúrgicos tuvo que superar Katty, pero gracias a su fuerza de voluntad, a los cuidados del cuerpo médico y los de su madre Erney Acosta Vergara, quien no se le despegó ni un instante, la joven se recuperó y fue dada de alta 2 meses después.
En agosto del año pasado Katty viajó de regreso al Carmen de Bolívar, donde continuó con las fisioterapias a cargo de su prima Saidi Leguia Fonseca, con quien está muy agradecida.
SU PROYECTO DE VIDA
“Mi vida no se acabó con el accidente. Volví a la universidad porque eso hace parte de mi proyecto. Quiero terminar mi carrera, especializarme, estudiar ingles y cocina, siempre me ha llamado la atención la repostería”, asegura Katty, aceptando que el primer día que volvió a la Universidad sintió un poco de nervios, pero que sus compañeros la recibieron tan bien que no tardó mucho en volver a adaptarse.
Además de su realización profesional, Katty sueña con volver a caminar, incluso usando los zapatos de tacón alto que toda su vida le han gustado tanto.
MÁS QUE UNA AMPUTACIÓN
La pérdida de sus miembros inferiores representa para Katty mucho más que el hecho de no poder caminar. Para ella la amputación más dolorosa ha sido la de su independencia y su libertad, además de tener que esperar a que otrras personas le colaboren en ciertas cosas que no puede hacer sola, lo cual va en contravía a lo que ella estaba acostumbrada.
“Admiro todo de mi hermana, si me hubiese pasado a mi yo lo hubiera tomado peor. Nosotras siempre hemos sido muy independientes y no nos gusta que nadie nos esté ayudando (…;) ella ha tenido que ser muy paciente con todo este proceso”, afirma Marisol, quien vive con Katty, estudia su misma carrera y después del accidente la ha apoyado en todo lo que necesita.
EL PROCESO
“Aunque Katty ya cumplió el periodo de los 180 días de incapacidad, ésta no ha tenido todavía un origen para la Eps, encargada de definir, a los 150 días, qué tipo de origen tuvo el accidente que ella sufrió y como no lo ha hecho, ahora esa es nuestra labor y a través de un proceso se buscará establecer que (el accidente) fue de origen laboral, porque se dio durante el desplazamiento del trabajador a comprar su almuerzo (…;) y habrá que definir si a la Administradora de Riesgos Laborales (ARL) le corresponde seguir pagando el auxilio monetario, porque el contrato esta suspendido más no terminado, debido a la incapacidad que en estos momentos le impide ir a trabajar (…;) pero si hay pérdida de capacidad laboral que supere el 50% entonces deberán pagarle la respectiva pensión de invalidez y otras indemnizaciones a las que ella tiene derecho Katty”, explican la doctora Arleth Figueroa, especialista en derecho médico y empresarial y Cristo Baloco Acosta, abogado civilista de Katty Yulieth Fonseca.
SU TRAVESÍA DIARIA
Riendo, Katty dice que su pobre silla de ruedas va anunciando su llegada por el tremendo ruido que hace y que teme que esta se vaya a desbaratar debido a que la infraestructura de la ciudad es “poco amable” para una persona en situación de discapacidad.
Q’hubo la acompañó en el recorrido diario que ella hace desde el Callejón de los Sapitos en el Pie de la Popa, donde vive pensionada, hasta la Universidad Libre. Los obstáculos que atraviesa, contando vías transitadas, adenes en mal estado o invadidos por carros, son muestra de ello, juzgue usted mismo.
PARA DESTACAR
“Una amiga me enseñó que yo no le he hecho nada a nadie y que no tengo porqué bajar la mirada si me miran. Entonces ahora soy yo la que fijo la vista en los curiosos que me observan”.
CIFRA
200 millones valen las prótesis que le fueron formuladas a Katty en la Clínica Universidad de la Sabana de Bogotá.









