La Consolata no quiere cambiar de estrato

julio castaño-eluniversal
Sus habitantes consideran que es el barrio más sano de Cartagena. //
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Muchos antes de que el barrio La Consolata recibiera este nombre, los habitantes de sec-tores vecinos como Blas de Lezo y El Socorro conocían a esos territorios como “Las Parcelas”.

Y el nombre no era gratuito, pues se trataba de una cadena de lomas de una tierra negra y fértil subdividida en pequeñas parcelas en las que crecían árboles frutales de todas las especies, cuya dulzura servía para que las familias de otros lados programaran en sus agendas de enton-ces un paseo dominical por esas elevaciones.
El regreso estaba cargado de la brisa que aún corre en las lomas y de bolsas llenas de ci-ruelas, mangos, papayas y guanábanas que generosamente se regalaban o se vendían a precios insignificantes, tal era la abundancia de aquellos calendarios.
Cuarenta y dos años después, la vegetación sigue haciendo cierta presencia, a pesar de la imponencia del pavimento y de las grandes casonas que se han construido desde lo más alto hasta lo más bajo los terrenos.
Aunque La Consolata es uno de los barrios mejor pavimentados de la Zona Suroccidental de Cartagena, sus habitantes aún se muestran preocupados por algunos tramos que permane-cen destapados, como en los días fundacionales.
“Son ocho tramos —dice Wilfrido Valiente, el presidente de la Junta de Acción Comu-nal— los que todavía esperan pavimento, pero todos están priorizados en la Secretaría de In-fraestructura del Distrito. Existen los recursos, pero no nos han fijado la fecha precisa para que empiecen los trabajos. Eso haría de nuestro barrio uno de los más pavimentados de esta zona”.
Las que al principio fueron grandes casonas con enormes terrazas, se están convirtiendo en viviendas multifamiliares, dado que hijos y nietos vienen construyendo pequeños aparta-mentos en segundos pisos recién levantados; y en los que antes eran inmensos patios.
Pero con la cara amable del progreso, también han llegado otras preocupaciones.

Vivir como perros

Hace unas pocas semanas, Wilfrido Valiente le preguntó a los funcionarios de Planeación Distrital si era necesario que los habitantes de La Consolata tuvieran que vivir como perros para que les alcance el sueldo.
El presidente de la JAC hizo ese cuestionamiento remitiéndose específicamente a las factu-raciones por consumo de energía eléctrica que, en los últimos meses, según los usuarios, han sido exorbitantes, lo mismo que la tarifa del impuesto Predial.
“Cuando la gente empezó a llevarme quejas por las altas facturaciones de energía, nos di-mos cuenta de que algunas calles habían pasado de ser estrato 2 a estrato 3. Pregunté en Pla-neación el por qué de ese cambio tan repentino, y me respondieron que ellos habían hecho una revisión vivienda por vivienda y se percataron de que muchas tenían las características de un inmueble de estrato 3”, cuenta el líder comunal.
Y la pregunta surgió en el acto, “porque aunque muchas familias, con esfuerzos y muchos ahorros, han logrado transformar sus casas en sitios mejor vivibles, no significa que sean per-sonas pudientes ni de grandes patrimonios económicos”, replica el dirigente.
Igualmente dice no explicarse por qué “la empresa Electricaribe tiene en cuenta la clasifi-cación de estrato 3 que nos están imponiendo, pero no se apura por mejorar el servicio en las manzanas M, N, O y Q, en donde el voltaje fluctúa sorpresivamente; y ya se han dañado computadores, televisores y neveras, sin que nadie responda”.

El espacio y el ambiente

La entrada principal de La Consolata hace frente con el barrio El Socorro; y no se recono-ce precisamente por la cantidad de fachadas de viviendas familiares que pudieran encontrarse en otros barrios, sino por los metros de espacio público ocupados por negocios de diferentes denominaciones.
La dirigencia comunal dice estar luchando desde años atrás con los talleres, supertiendas y demás negocios que, además de estar ocupando ilegalmente el espacio público, son una mo-lestia ambiental con diferentes matices.
“En la Carrera 80 hay un taller de mecánica, por ejemplo, en donde los trabajadores, no conformes con utilizar el espacio que tienen para sí, se toman el andén. Allí arreglan y pintan los vehículos y la gente tiene que tirarse a la vía, buscando que la atropelle una buseta. A parte de eso, encienden los equipos de sonido de los vehículos a todo volumen sin importar-les la tranquilidad de los vecinos”, dice Eduardo Ferrer, otro miembro de la JAC.
En la entrada principal, otro taller de mecánica se convierte en parqueadero nocturno ha-ciendo que la cantidad de busetas estacionados ponga en peligro la vida de los estudiantes del “Colegio Ana María Pérez de Otero”, quienes deben caminar por la calle y a merced del abundante tráfico automotor de esas horas.
Los líderes informan que han comunicado la queja a la alcaldesa Judith Pinedo; al alcalde local, Edgar Arrieta; y al EPA Cartagena, y todos coinciden en que ambos talleres deben ser trasladados, pero hasta ahora no se ha dado el cambio.
Una problemática parecida significa la presencia de una chatarrería en la Manzana Q, cu-yos propietarios compran toda clase de desperdicios a los recicladores, los cuales son almace-nados en dicho local, produciendo toda clase de alimañas que se cuelan hacia las viviendas vecinas.

Un puesto de salud

Que se adecué y dote técnicamente el puesto de salud “Jesús de Nazareth”, es la petición que hacen los habitantes, a entidades como el Dadis y la ESE Hospital Cartagena de Indias.
El barrio cuenta con un pequeño centro asistencial, ubicado en un lote de propiedad de la comunidad, y está a cargo de un sacerdote.
Eduardo Ferrer Luna, delegado de la JAC, señala que el local no tiene vida, pese a que presta uno que otro servicio a los vecinos.
“El cura del barrio es quien aporta recursos y tiempo, solamente. Ningún funcionario del Gobierno Distrital se ha interesado en adecuar y dotar este centro, pese a que beneficia a mu-chas personas no sólo del barrio sino de otros sectores deprimidos de la ciudad”, manifiesta el líder.
Comenta que es necesario que La Consolata tenga un lugar propio ”con todas las de la ley” para asistir las necesidades de salud de su gente, y evitar desplazamientos y trámites en-gorrosos en los puestos de salud de El Socorro y San Fernando, donde actualmente son aten-didos.
“De contar con centro asistencial, se resolvería la grave situación que se presenta con la congestión en la atención de pacientes en El Socorro y San Fernando”, indica Ferrer Luna.
Son 7 mil habitantes, de 5 sectores, quienes, en cabeza de la JAC, solicitan ayuda de la Administración Distrital, para que se invierta en puesto de salud.

Mejor educación

La Consolata solicita la construcción y dotación de un aula de informática en la “Institu-ción Educativa Técnica de Promoción Social”, que sirva para atender las necesidades de aprendizaje de sus estudiantes y sea de utilidad para los jóvenes y adultos del barrio.
También pide al secretario de Educación Distrital, Julio Alandete Arroyo, que gestione la apertura de un Centro Regional de Educación Superior, ya que hay, aproximadamente, unos 400 adolescentes sin acceso a carreras profesionales o técnicas, por falta de cupos o de dinero para estudiar.
Un problema que preocupa a la comunidad educativa, representada por estudiantes, pro-fesores y padres de familia, es el hecho de que 3 salones de la institución educativa fueron construidos debajo de un canal que conduce aguas servidas.
“Se exponen a una emergencia sanitaria. Diariamente los estudiantes afrontan los fuertes olores emanados del canal, además de la humedad”, señala un habitante.

Más canchas, por favor

Cuando se construyó el barrio, los constructores de la época no tuvieron en cuenta para nada el deporte y la recreación para la comunidad.
Siendo este popular barrio muy grande, es para que tuviera más de cinco escenarios de-portivos e igual número de parques o zonas verdes, con el fin de que el vecindario tuviera es-pacios donde hacer actividades físicas o recreativas. No todo puede ser calles y viviendas.
El único escenario deportivo que tiene La Consolata es uno ubicado detrás de la iglesia; y, para colmo de males, está en malas condiciones.
Las mallas están partidas, el suelo no sirve, le falta pintura a sus estructuras y en los alre-dedores hay mucha suciedad.
Julio Beltrán, un residente de La Consolata, quien desde hace más de 25 años vive en esa comunidad, reitera que se necesitan más escenarios deportivos, ya que el único que existe está en total abandono.
“Creo que se deben hacer las gestiones necesarias para solicitarle a la Alcaldía la construc-ción de otros escenarios deportivos donde jóvenes y adultos como yo podamos hacer ejerci-cio”, sostuvo.
Entre tanto, el presidente de la JAC, Wilfrido Valiente, dijo que el año anterior envió una carta al Ider, cuando era dirigido por José Tapias, solicitando la refacción de la canchita de microfútbol, “pero no tuvimos respuesta”.
La falta de escenarios hace que los moradores utilicen las calles para jugar fútbol u otros deportes; o irse a otros barrios como Los Jardines, El Socorro, San Fernando o Villa Rubia.

La hermana Beatriz: ejemplo y humildad

Los vecinos de La Consolata y hermanos de la Iglesia Católica, han escogido como perso-naje del barrio a la religiosa Beatriz Vancina, como homenaje en vida, agradeciendo así su compromiso y sueño de construir cada día un mundo mejor.
Ella nació en Bélgica y está radicada en Cartagena desde hace 20 años.
Su vocación religiosa y de servicio social la trajo a Colombia hace más de 40 años.
Se describe como una persona que ha dedicado una larga vida al servicio de los más hu-mildes, de los más desfavorecidos, siempre del lado de los más débiles, en una lucha cotidiana y anónima.
Al notar tantas necesidades en La Consolata y sus alrededores, la hermana ha organizado, en coordinación con la Pastoral Social, programas para capacitar a mujeres en alta costura, pintura y manualidades, entre otros cursos.
Con profesionales voluntarios y remunerados también ha desarrollado enseñanzas de teji-do y zapatería, promoviendo los mejores valores de cada uno, y el compromiso con su tiempo y con su gente.
“Lo gratificante de esto es ver que las mujeres, una vez capacitadas, empiezan a defenderse por sí mismas, consiguiendo ganancias en dinero para la manutención de sus hogares”, expre-sa.
Además de las actividades formativas, la religiosa administra la biblioteca escolar del ba-rrio, que cuenta con computadores y acceso a internet, gratuitamente.
Agradece a la comunidad el cariño que le manifiestan y dice que mientras Dios la tenga con vida, servirá incondicionalmente, fiel a su convicción de monja de las Hermanas del Sal-vador y la Virgen.
“Mucha gente se acerca hasta mí buscando que le ayude a conseguir alimentos, ropa o trabajo. Pero a veces, por más que quisiera, no les puedo ayudar. A ellos les digo que perseve-ren en sus deseos de seguir adelante, para que Dios les haga llegar bendiciones. De resto, en lo que pueda estaré con las puertas abiertas para escuchar y gestionar ayudas”, finaliza.

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