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La historia detrás del asesinato de Yelissa

“La siguiente cita es en el cielo”, decía la carta que Juan Carlos Rodríguez le escribió a Yelissa Paola Puello Díaz ocho días antes de matarla a cuchilladas delante de sus hijos. Pero ni esta, ni un sinnúmero de amenazas más, hicieron que la mujer reaccionara y se diera cuenta del verdadero peligro que corría.

Aunque no se pueda decir que Yelissa no haya sido feliz, porque eso solo ella lo sabía, es cierto que los últimos 12 años de su vida estuvieron marcados por el maltrato y la obsesión de un hombre que, excusado en el amor, la llenó de miedos e inseguridades y la fue menguando hasta tenerla bajo su total control y dominio.

Tanto, que la madre de 29 años alucinaba con el hombre al que muchas veces descubrió espiándola y lo veía en partes en las que él no estaba, presa del pánico que sentía hacia él.

“Ella lo veía en todas partes, incluso donde no estaba. Yelissa sabía que él todo el tiempo la seguía, muchas veces lo descubrió mirándola cerca de la esquina donde ella trabajaba vendiendo chance, entonces me llamaba y me decía: ‘¿Mamá qué voy a hacer con Juan Carlos?, aquí está otra vez vigilándome”, cuenta la señora Rosario Díaz, madre de Yelissa, su gemela Yelisset y dos mujeres más, Karen y María Eugenia, tratando de explicar que el acoso de su exyerno sobre su hija era tan fuerte que para ellos fue imposible salvarla.

Una semana antes del día del asesinato, cuenta Rosario que entrada la noche Juan Carlos también fue buscando a Yelissa al apartamento del barrio El Carmelo, al que la progenitora había mudado a su hija y sus dos nietos, precisamente tratando de que las riñas y los ataques entre la pareja cesaran.

“Fueron tantas cosas seguidas… ocho días antes de que la matara él se presentó con una bolsa de ‘perico’ en la casa y le dijo: ‘Ábreme la puerta y sácame a los pelaos que vengo a matarme delante de ellos’, pero ella no abrió. Entonces él le dejó una nota escrita con lapicero rojo que entre muchas cosas le hacía entender su intención de quitarse la vida y asesinarla a ella también”, recuerda el ama de casa de 58 años. 

Después de dicho incidente Rosario fue hasta la casa de los padres de Juan Carlos, donde él vivía, y lo encaró, preguntándole que qué era lo que quería decir con esa carta, pero el atormentado hombre se disculpó con su suegra, como muchas otras veces, y le dio la noticia de que se iba para un encuentro con el pastor de su iglesia, lo que calmó un poco a Rosario y la hizo pensar que su “ñati”, como le decía por cariño a su hija, por fin quedaría tranquila.

EL ÚLTIMO DÍA

Aunque a diario se veían, el miércoles anterior a su muerte, Yelissa y su hermana pasaron algún tiempo juntas, recorrieron las instalaciones de Unicat, donde ambas trabajaban, y Yelisset, quien lleva más de 7 años laborando para esta empresa, presentó a su gemela con algunos de sus compañeros que hicieron bromas acerca de su gran parecido físico, lo que resultó en una tarde bastante agradable.

“Ese miércoles fuimos oficina por oficina. Hoy (una semana después) recordé ese momento y sentí muchas ganas de llorar. Por la noche también la vimos, mi esposo y yo teníamos como costumbre pasar por su puesto de trabajo después de salir de la iglesia a la que vamos, así que ahí la dejamos, ese día no me había dicho que tuviera problemas con Juan Carlos, todo parecía estar normal”, cuenta Yelisset, madre de dos niños y quien se encuentra a cargo de sus sobrinos tras el deceso de su hermana.

Por su parte, Rosario recuerda el llamado de atención que le hizo a su hija la noche en que murió, cuando a punto de despedirse porque se iba en la moto con Juan Carlos, Yelissa le dijo: “Mira mami Juan Carlos me anda mirando maluco otra vez”, a lo que Rosario contestó, si te anda mirando maluco por qué razón tú vas a subirte con él en su moto. Pero la pareja se echó a reír se marchó. Lo siguiente que supo era que su hija estaba muerta.

“ME MATASTE A LA ÑATI”

Cuando el celular de Rosario sonó el jueves 17 de mayo en la madrugada, ella sabía que algo malo le había pasado a su hija Yelissa, pero nunca se imaginó la magnitud de lo ocurrido.

De la tranquilidad del sueño todo pasó a ser sobresalto para la mujer que después de ser alertada sobre lo ocurrido en El Carmelo, corrió a la Clínica San Juan de Dios, a donde fue trasladada Yelissa.

“Recuerdo que cuando entré estaba muy alterada y el médico que la atendía me calmó y me dijo que Yelissa tenía que ser operada porque una de las puñaladas que recibió le comprometía un pulmón, pero yo no había terminado de moverme de allí para saber cómo estaban mis nietos cuando volvieron a llamarme y me dijeron que mi hija había fallecido”, relata Rosario, quien dice haber salido corriendo hasta la habitación en la que se encontraba Juan Carlos, quien también estaba herido.

“Juan Carlos, Juan Carlos, cumpliste tu palabra, me mataste a la Ñati. Yo te perdono en el nombre de Jesús y te pido que te arrepientas”, le decía la mujer al supuesto asesino de su hija, quien reaccionó tratando de tirarse de la camilla, pero no pudo porque estaba esposado, por lo que Rosario cree que él no sabía que sí había logrado matar a Yelissa.

LA PESADILLA

Según los familiares de Yelissa, después de que Juan Carlos la dejara en su casa de El Carmelo, el hombre se quedó bebiendo a la entrada de Blas de Lezo de donde partió pasada la media noche para matarla.

“La puerta de esa casa era de vidrio, yo me imagino que cuando ella lo vio debió asustarse mucho y aunque trató de reaccionar ya él venía dispuesto a hacer su daño. Su idea era acabar con todo el mundo, no solo con Yelissa, los niños se salvaron porque la vecina pegó un brinco y se los llevó mientras él la acuchillaba”, afirma la madre de la víctima.

Cuenta la familia que lo que pasó aquella noche fue sencillamente horrible. Yelissa, presa del pánico, ya apuñalada varias veces y bañada en sangre, buscó refugio en la casa contigua hasta donde la siguió Juan Carlos, quien la tiró en la cama de la propietaria y, sentado sobre ella, la acuchilló hasta el cansancio.

“La puyó como quien puya un pedazo de hielo, no había nadie que se metiera, la furia de ese hombre era incontrolable”, relata Rosario, quien espera pedir la custodia de sus nietos y hacerse cargo de su cuidado.

“En varias oportunidades Yelissa me dijo que se quería ir lejos de aquí, que si yo le recibía los niños ella se establecía y los mandaba a buscar; yo siempre le dije que sí, que se fuera, que la apoyaba, que se alejara de él y saliera de aquí, pero nunca fue capaz”, cuenta la hermana gemela.

SE HABRÍA HECHO LA DENUNCIA

Hasta amparo policivo llegó a tener Yelissa para protegerse del papá de sus hijos. Su familia afirma que era común verla “moreteada” en los brazos o con rasguños porque él permanentemente le pegaba, pero la gota que derramó la copa fue hace tres meses cuando el hombre, en uno de sus ataques de ira, golpeó a Yelissa con el casco de la moto en la cara causándole una desviación en el tabique.

En esa ocasión Rosario lo denunció ante la Fiscalía, pero Yelissa se rehusó a que fuera preso con la excusa de qué no sabría qué responderles a sus hijos cuando preguntaran por él, lo que le resulta irónico a su mamá porque, al matarla, a Juan Carlos nunca le interesó dejarlos a ellos sin su mamá.

HAY QUE CUIDAR A LOS NIÑOS

El costo emocional para los niños que son testigos o víctimas de maltrato es casi invaluable, y a veces, casi irreparable. Por eso es tan importante la prevención, la respuesta inmediata del sistema judicial y las transformaciones culturales que podamos hacer. Los medios, frente a eso, tienen grandes posibilidades.

APOYO DEL BIENESTAR

Jorge Redondo, director del Instituto de Bienestar Familiar Regional Bolívar, enfatizó la importancia del trabajo alrededor de las familias para evitar que situaciones como esta se repitan, y recordó que existen equipos sicosociales de entidades como el ICBF o la Secretaria del Interior y de Participación Ciudadana del Distrito, que abordan estas problemáticas.

Por otra parte, Redondo aclaró que en los casos de niños que presencian situaciones de violencia entre sus padres, incluso el asesinato de uno de ellos a manos del otro, el Bienestar interviene para brindar el apoyo psicológico necesario.

SEÑALES DE ALERTA

Q’hubo consultó a la sicóloga Claudia Ayola Escallón quien aseguró que en los casos de homicidios de mujeres por parte de sus parejas o exparejas, generalmente se identifica una historia previa que presentaba signos de la situación riesgosa en la que estaba la víctima y resaltó las señales de alarma a las que las mujeres deben estar alerta:

1. Hombres que tienen dificultad con el control de impulsos, emociones y reacciones.

2. Que no toleran la frustración.

3. Que son posesivos y celosos.

4. Que hacen lo posible por distanciar a la mujer de sus amigos, familiares, compañeros, de tal manera que se debiliten las redes de apoyo de la mujer, y aumente su dependencia emocional.

5. Que no soportan negativas o que no les respondan al teléfono, que son absorbentes.

6. Hombres que tienen conductas agresivas menores, que golpean los objetos o reaccionan violentamente con facilidad.

7. Mujeres con baja autoestima y dependientes.

8. Mujeres que tienen poca autonomía económica y pocas posibilidades de tomar las riendas de su propia vida.

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Comentarios

Este es otro ejemplo para las

Este es otro ejemplo para las mujeres que tienen maridos PEGADORES y que creen que "el se va a componer"

Ahora de seguro el asesino sale con el cuento de que se metio a EVANGELICO y va a jicio con una biblia en la mano- 43 años de prision.

EN TERNERA RECIBIRAS TUS

EN TERNERA RECIBIRAS TUS PUÑALADAS MAL PARIDO

Colombia es el 4to pais mas

Colombia es el 4to pais mas peligroso para una mujer. Es de los paises donde mas mujeres son asesinadas por sus esposos, esto se conoce como feminicidio. Pero como disminuirlo si las mujeres gustosas se van a los brazos del asesino. Este tipejo seguramente es un borrachin drogadicto que en un ataque de alucinaciones le dio por matar a la vieja. Ahora ella muerta, el preso, los hijos traumatizados y la abuela jodida con el cargo de los pelaitos. Felicitaciones

Decirle a esa madre Dios da

Decirle a esa madre Dios da fortaleza . Los hijos del hombre q vio crecer a sus hijas sentimos su dolor