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Las ayudas interesadas

El desastre invernal en Cartagena, presenti-do, anunciado, pronosticado, advertido y mi-les de veces alertado, se convirtió en un déjà vu sin la mínima variación, que sirve como demostración perfecta de que la naturaleza humana es previsible y que muy poco apren-demos de lo que nos ocurre.

La responsabilidad de prevenir lo inmi-nente e ineludible en una ciudad no corres-ponde por completo al gobierno local, ni si-quiera al conjunto de instituciones oficiales a las que les  correspondería en sentido estricto, sino que además, es compromiso colectivo en donde deben actuar por igual, aparte del sec-tor estatal, la empresa privada, los gremios económicos, las organizaciones cívicas, los lí-deres y la ciudadanía.

Ha sido tradicional que la comunidad siempre deje en manos de los gobiernos el de-ber de cuidarla, defenderla y socorrerla, como efectivamente le corresponde según lo consa-grado en nuestra Constitución, pero ni el Es-tado es solo el aparato de gobierno, ni una ciudad es solo el conjunto de instituciones ofi-ciales, sino un entretejido de actores de diversa índole que deben cumplir una tarea específica para garantizar que la sociedad funcione.

En este nueva emergencia invernal escu-chamos nuevamente la misma queja repetida de los damnificados porque el Gobierno se demora en acudir a buscarles refugio y ali-mento, sin preguntar igualmente de qué ma-nera pueden colaborar para que la ayuda que van a recibir sea más expedita y eficaz. ¿Acaso se les olvidó ya a todos el invierno pasado?

Esta inercia que perpetúa el estilo asisten-cialista, cuando no caritativo de gobierno, es impulsada y sostenida por los politiqueros de siempre que aspiran a ser elegidos y convencen a los ciudadanos maltratados por los embates del invierno que deben reclamarlo todo, inclu-so se disfrazan de buenos samaritanos para lle-varles regalos tan llamativos como inútiles, pa-ra incentivar la pasividad total.

Es infame, por decir lo menos, que algunos candidatos al Concejo, a la Alcaldía o a las JAL, utilicen tanto dolor y tanta amargura pa-ra disfrazarse de solidarios luchadores por la equidad social y contra la pobreza, lanzando promesas vanas frente a los rostros desconcer-tados y tistes de quienes lo han perdido todo –por enésima vez- y se aferran a cualquier espe-ranza para no sucumbir también a la desespe-ración y la locura.

Por supuesto, al Gobierno hay que exigirle que cumpla sus obligaciones con los goberna-dos, que les tienda la mano a los azotados por desastres como este, pero son los propios damnificados quienes deben hablar, y no los que ni siquiera fueron escogidos para hacer de intermediarios, sino que empezaron a surgir en abundancia merodeando en los sitios don-de se presentaron los mayores estragos y se autonombraron defensores de los pobres.

Por fortuna, muchas instituciones públicas y privadas se unieron con seriedad y aplicación para ayudar a los que fueron azotados por las inundaciones, y es a ellos a quienes debemos acudir para entregar nuestros aportes.

Los habitantes de Cartagena han sido gene-rosos con quienes están naufragando en el mar de la tragedia y la desesperanza, pero se nece-sita mucho más, se necesita solidaridad verda-dera y compromiso para que dramas como este no se vuelvan a presentar, o sean menos dolorosos en caso de que no puedan evitarse.

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Comentarios

Ciertamente una ciudad y el

Ciertamente una ciudad y el territorio ke geopoliticamente la contiene, se puede entender como un "entretejido de actores de diversa índole"; eso cualitativamente, pero cuantitativamente ello no exime a la administración distrital como la de la mayor responsabilidad en este tipo de escenarios de calamidad, ya ke al fin y al cabo es kien administra los recursos: básicamente el territorio y los impositivo$ o el "cace" de todos. Y si no existe la voluntad política, entonces los otros actores poco o nada tendrán ke hacer. Eventualmente la ausencia de voluntad politica es dada en virtud a la incapacidad conceptual -y de formación-de kien dirije la puesta en escena de todos los actores para lograr una "obra".
PDT. "muy poco aprendemos de lo que nos ocurre". Ke pena con quien escribe, pero está subestimando -e insultando- a muchos lectores.