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Orika, por un camino en el mar

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Aunque desde hace 5 años el corregimiento de Orika experimenta un despertar de progre-so material, gracias a la presencia de la Fundación Surtigás, la incertidumbre de los nativos sigue ante las amenazas de destierro que se ciernen sobre ellos.

Al menos eso es lo que manifiestan los miembros de la Junta de Acción Comunal y del Comité Afrodescendiente Islas del Rosario, al referirse a las medidas del Gobierno Nacional, respecto al manejo de las tierras de esa zona.
Este escenario ecológico y turístico de Cartagena —a donde se llega después de un viaje en lancha de 45 a 60 minutos— enfrenta el mismo problema de territorios como el corregi-miento de La Boquilla y todas las poblaciones de la Zona Norte, en donde los inversionistas nacionales e internacionales —con complacencia de las autoridades— proyectan lujosos es-pacios habitacionales y comerciales que no incluyen a los nativos.
El Archipiélago del Rosario se compone de 27 islas, de las cuales La Isleta y Orika (que, a su vez, hacen parte de la porción de tierra conocida como Isla Grande) están habitadas por grupos afrodescendientes, mientras el resto está en manos de capital privado o son territorios deshabitados, pero que se consideran reservas ecológicas, dada su riqueza en flora y fauna.

Orika, hija de Benkos

Éver De La Rosa Morales, presidente de la JAC y representante legal del Comité Afrodes-cendiente Islas del Rosario, en visita de El Universal solicitó ayuda de las organizaciones afrodescendientes de Cartagena y el resto del país, de modo que los acompañen en la lucha por la conservación de sus territorios.
Según De La Rosa, “el Gobierno Nacional viene declarando ‘áreas de parques’ sin con-sultar con las comunidades, tal como lo establece la ley. Se han nombrado otros espacios co-mo ‘terrenos baldíos reservados en recuperación’, sin tener en cuenta que estos asentamientos humanos tienen más de 300 años”.
Igualmente, los miembros del Comité consideran que las actuales estrategias del Gobierno “no dejan de ser indignantes, sobre todo si tomamos en cuenta que han sido muchos los años de abandono que hemos sufrido, principalmente cuando actividades como la pesca y la agri-cultura dejaron de ser suficientes para la subsistencia”.
Y aunque a esas dos actividades se le ha sumado el turismo informal, la falta de desarrollo sigue ahí, reflejado en la carencia de centros educativos, hospitales, comercio a gran escala y todo lo demás para mejorar los niveles de vida.

Llega Surtigás

La mayoría de los nativos de Orika coinciden en que la vecindad con la Fundación Surti-gás ha sido el gran factor para que al pueblo se le abrieran otras expectativas de progreso.
Yimmi Gómez, asesor económico de esa entidad, dice que cuando ésta llegó hace cinco años, había “unos nativos viviendo en una pobreza impresionante, pero lo peor era la desidia que les impedía pensar en la creación de estrategias de progreso.”
La Fundación entonces organizó un proyecto de generación de ingresos, capacitando a muchos nativos, y los más constantes fueron premiados con 36 páneles solares para energía eléctrica. Así ahora iluminan sus viviendas y tienen electrodomésticos.
Luego se emprendieron proyectos de seguridad alimentaria con patios productivos de los que la comunidad obtiene frutas y hortalizas para su propia alimentación y también con fines comerciales.
Igualmente se suscribieron convenios con entidades educativas para la capacitación en una población como Orika, donde la educación media sólo llega hasta noveno grado de bachille-rato.
En consecuencia, ahora hay en Isla Grande y La Isleta 60 patios productivos, gracias a la orientación que la Fundación ha impartido a 629 personas, de las cuales 47% son mujeres y el 53% hombres.
En Isla Grande hay microempresarios de artesanías hechas con material reciclable, grupos de jóvenes que trabajan como ecoguías y que vigilan el mantenimiento de los ecohoteles, edificios levantados de acuerdo con el medio ambiente, todo con la orientación de la Funda-ción.
Para conservación del medio ambiente, los nativos han sido capacitados en la construc-ción de baños secos, en los cuales no se utiliza agua, sino hojas secas y cal para la eliminación de los desechos humanos. Antes se construían pozas sépticas cuyas aguas iban al mar, au-mentando la contaminación que ya estaba produciendo la pesca con dinamita.

Salud: se teme
un percance

Anualmente, el Gobierno Distrital, junto a la EPS Comfamiliar y la Fundación Surtigás, realizan jornadas para afiliar a nativos al Régimen de Salud Subsidiado, especialmente a las amas de casa.
La dirigencia comunal quiere que el Distrito le haga mejoramientos al único puesto de salud de la población, que no tiene dotación ni personal.
De lunes a viernes laboran un médico y un enfermero, quienes se sienten limitados para atender casos de complejidad, ya que no hay farmacias y deben remitir a los pacientes a Car-tagena para que se les apliquen los medicamentos correspondientes.
Esto “es preocupante, a pesar de la población de nativos y turistas que necesitan esos ser-vicios”, dicen los líderes.

Educación truncada

Entre 20 y 27 estudiantes egresan anualmente del Centro Educativo Islas del Rosario, pe-ro no ingresan a una universidad, sino a engrosar el número de desocupados, trabajar en el turismo o marcharse a Cartagena a tratar de proseguir su educación.
Se debe esto a que esa institución sólo tiene cursos aprobados hasta noveno grado de ba-chillerato, por lo cual muchos jóvenes se quedan sin aprender una profesión.
“Ellos salen del colegio a una edad en que es fácil que se metan en cualquier actividad ilí-cita, porque no tienen la experiencia para diferenciar lo malo de lo bueno”, dice un nativo.
Gracias a los convenios de la Fundación Surtigás con la Universidad Nacional Abierta y a Distancia (UNAD), algunos jóvenes y adultos han continuado su bachillerato y emprenden estudios superiores.

Para hacer deporte

En el sector El Mamón se está construyendo un espacio deportivo que tendrá doble fun-cionalidad: cancha de sóftbol y de microfútbol, los deportes que más se practican en la isla.
La dirigencia comunal aclara que el escenario sólo tendrá el enmallado, en lo cual se in-vierten $17 millones. Esto quiere decir que habrá que buscar más presupuesto para la ade-cuación del terreno: construcción de graderías, dogauts y camerinos.
Mientras tanto, los jóvenes practican sus deportes favoritos en cualquier solar o en la pla-ya, como lo han venido haciendo durante todos estos años.

Doña Glenis y
sus arepas de mar

Orika y toda la parte poblada de las Islas del Rosario tienen uno que otro personaje que tiene sus méritos; y a quien más recuerdan los turistas y los habitantes de las islas vecinas es a doña Glenis Díaz Barrios.
La recuerdan no sólo por los apuntes de su abundante conversación, sino también por lo bien que hace los fritos que vende a diario en el muelle de llegada a la población.
Sus fritos no son los comestibles comunes y corrientes que la gente acostumbra a ver en las mesas de Cartagena. Son diferentes, porque en vez de carne molida y picada de cebolla con tomate llevan porciones de caracol guisado, almeja, raya, pulpo y hasta pescado.
A veces combina los productos del mar con huevo de gallina, pero la sensación son sus arepas rellenas de caracol guisado, que los emigrantes consumen con fruición, pero con len-titud como para demorar el instante desde que se muerden las orillas del frito.
Doña Glenis asegura que pese a que los turistas las obtienen por tres mil pesos y sus pai-sanos por dos mil, son los primeros quienes más las compran y hasta se amalayan cuando lle-gan tarde al pueblo, sólo para comprobar que se acabaron las arepas.
Porque eso sí, doña Glenis tiene un horario estricto: se levanta a las 3 de la madrugada a freír las arepas, y a las 10 de la mañana no quedan ni rastros de las 25 o 30 que puso en su rectangular mesa de madera.
Esa misma rutina ha mantenido durante 31 años durante los que levantó a seis hijos, dándoles educación, pese a las precariedades del pueblo en donde vive.
Pero en las últimas semanas reitera que se siente orgullosa, porque Arelis, la mayor de sus hijos, con 37 años de edad, se graduó de bachiller, gracias a la Fundación Surtigás y a sus convenios con la UNAD.
Ahora tiene 17 nietos y 3 bisnietos, y dispone también de un grupo de muchachos que le llevan las arepas a la orilla de la playa, mientras ella, en su fogón de piedras, sigue imaginando recetas que aprovechan las mínimas bondades del mar.

Otros datos
—Orika tiene cuatro sectores: El Silencio, El Mamón, La Punta y Petare.
—Tiene una cooperativa de aseo público que es muy anterior a los consorcios que operan en Cartagena.
—El índice de amas de casa que aún no cumplen los 20 años es demasiado alto.
—Ninguno de los profesores que laboran en el Centro Educativo Islas del Rosario es rai-zal.

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