Hace mucho rato las carretas o carromulas (vehículos de tracción animal jalados por burros, mulos o caballos) van en ‘contravía’ de los tiempos modernos.
El problema es ponzoñoso, pues el Gobierno Distrital tendrá que sacar de circulación a los carromuleros antes del 31 de enero del próximo año, 2013.
Cada vez la ciudadanía tolera menos que sigan transitando por las vías de la ciudad y estacionándose en sitios inapropiados, pues generan un grave problema de movilidad por su paquidérmico desenvolvimiento.
Manga en particular padece un caos vehicular asfixiante por cuenta de estas carretas, casi siempre con pesadas cargas que las hace mucho más lentas.
Por lo tanto es uno de los barrios más sometidos por esa costumbre ancestral anclada en la mentalidad comarcal de personas con fines explotadores e intereses particulares, a quienes para nada les importa el maltrato que le infligen al desnutrido burro obligados a brutales esfuerzos mientras obstruye el tráfico vehicular.
En contraste con la dinámica moderna, doce (12) carruajes de éstos transitan permanentemente por las vías de la Isla, pese a que su finalidad servicial ya es improductiva en estos tiempos tan apresurados.
Los vehículos de tracción animal se pueden localizar especialmente en las ferreterías y también son utilizados por vecinos inescrupulosos para deshacerse de escombros y desechos, sin importarles el daño que causan al medio ambiente y a las personas, pues acostumbran a descargar ese material residual en las orillas de los cuerpos internos de agua, zonas verdes y puentes.
NO TODO ESTABA A LA VISTA
Nausícrate Pérez Dautt, secretario del Interior de Distrito, desnuda la realidad de este tema indicando que hay 680 carromulas censados hasta ahora en Cartagena, pero pueden llegar a 2.400. Estos datos dimensionan la complejidad del problema.
Sin embargo “antes de finalizar este año tenemos que haber empezado a sacar de las calles un porcentaje de esas carretas”, añade el funcionario, en sintonía con el Decreto 1666 del 12 de mayo del 2010 expedido por la Presidencia de la República, que regula la actividad informal de los parsimoniosos carromulas, y obliga a sustituirlos por motocarros o carromodelos debidamente homologados para carga liviana de máximo 770 kilogramos de capacidad.
Pero la aplicación de ese estatuto en todo el país es tan lerda como el flemático andar de las mismas carretas, cuyo reemplazo debe articularse con la Ley 760 del 2002 o Código Nacional de Tránsito Terrestre, para efectos completamente legales.
Las personas que operan estos vehículos de tracción animal “tienen ya una especie de confianza legítima por ejercer desde hace muchos años una actividad con la cual mantienen a sus familias, y por lo tanto no se puede llegar de manera ramplona a decirles que se deshagan ya de sus carruajes, puesto que para eso deben antes cambiar de actividad, de modo que puedan seguir obteniendo su sustento sin que se sientan atropellados”, razona Nausícrate Pérez.
SIN DINERO
Pero el Gobierno Distrital no tiene los cuantiosos recursos que se requieren para este gradual proceso de modernización de los carromuleros, pues los ingresos corrientes de libre destinación tales como los recaudos por Impuesto Predial, Industria y Comercio, Sobretasa a la Gasolina, entre otros, están pignorados para atender otros frentes de ciudad.
Conocedor del rigor legal de este asunto, el funcionario reconoce que la Administración tendrá que reorganizar las finanzas distritales.
“Hay que reunirse para hacer del proceso sustitutivo de las carretas un imperativo legal, y así decirle a los organismos de control que estamos cumpliendo con esa norma”, anota Pérez Dautt.
“Vamos a necesitar la ayuda del sector privado continúa, porque sacar de circulación a los vehículos de tracción animal es un tema de ciudad”.
“Lo importante es que ya estamos trabajando en esto, tenemos unas mesas instaladas en las que participan la Umata, Espacio Público, el EPA, la Secretaría del Interior, y hemos querido que la Cámara de Comercio y Cemprende se vinculen a este proceso”, explica Nausícrate Pérez.
ASPECTO SUSTANCIAL
La finalidad del Decreto 1666 es promover en las personas que trabajan con carromulas, actividades alternativas y sustitutivas para su sostenimiento.
Para esto el gobierno brindará facilidades de cofinanciación del equipo automotor a fin de que el carromulero trabaje, pero la labor se limitará a hacer mudanzas y transportar materiales de construcción, entre otras cosas que no impacten el entorno.
Aquellos que desistan de los motocarros y quieran emprender actividades alternativas, deberán ser capacitados por el Sena en el oficio técnico que escojan.



