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Un barrio privilegiado

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Por alguna mala designación del destino, el Plan 400 vivió una época en que casi todas las modalidades delincuenciales convivían en ese barrio.

Venta y consumo de estupefacientes, pandillas, cuadrillas de fleteros, alquiler de armas de fuego ilegales y hasta raponeros se conjugaban en las pequeñas calles de esas 450 casas que respiran entre los barrios El Socorro, Blas de Lezo y El Carmelo.
Pero el destino movió las barajas y muchos de los malos elementos que enlodaron el nombre del sector pasaron a “mejor vida”, por cuenta de sus propias acciones; o bien toma-ron la determinación de mudarse hacia otros sectores o de abandonar la ciudad.
En el presente, este conjunto —que en un principio era algo así como un apéndice de Blas de Lezo— es ahora una urbanización a carta cabal, con su propia Junta de Acción Co-munal y un aire de tranquilidad que permite decir a sus habitantes que el suyo es verdadera-mente “un barrio privilegiado”.
Mientras en otras zonas de la Cartagena popular la desunión de los vecinos es lo que ca-racteriza a ciertos conglomerados, en el Plan 400 los moradores se inventan campañas en las que todos participan para coronar algún objetivo en bien de la comunidad.
Si en otros barrios la consigna es recogerse temprano, antes de que los vándalos empiecen a hacer de las suyas, por las calles del Plan 400 se puede caminar a cualquier hora, sin temerle a un repentino atraco o encuentro con pandillas.
Cuando el invierno llega inundando las calles y las viviendas de las comunidades vecinas, el Plan 400 se encuentra a salvo por su terreno elevado, sus calles pequeñas y tapizadas de cemento por donde corren las aguas pluviales sin causar los estragos que se ven en otras par-tes.

La buena convivencia

Al igual que muchos barrios que surgieron en los años 70, del siglo pasado, el Plan 400 fue creado por el desaparecido “Instituto de Crédito Territorial” (ICT), que en su momento entregó 400 casas pequeñas (de ahí el nombre del barrio), en contraste con las que existen ahora, cuyos propietarios les aplicaron las ampliaciones que permitían los espacios terrenal y aéreo.
Casas de dos y tres pisos se encuentran en cada esquina, como también hermosos buleva-res construidos y mantenidos por los mismos habitantes, al igual que la cantidad de árboles y plantas ornamentales que hacen más amable la estadía en medio del cemento de las callejue-las.
Sixto Montes, presidente de la Junta de Acción Comunal, cuenta que, en las épocas oscu-ras de su barrio, los protagonistas no eran sólo los actos delincuenciales, pues la insolidaridad también jugaba papel preponderante, fundamentada, tal vez, en el miedo o en la escasa cultu-ra cívica de los habitantes de entonces.
“En alguna ocasión —recuerda Montes— tuvimos un grupo de vigilancia cívica bien or-ganizado, con sus uniformes y todas sus dotaciones. Cada familia debía pagarles 10 mil pesos mensuales. El primer mes fue poco lo que recogieron. El segundo, menos que el anterior. El tercero, absolutamente nada. Y eso sirvió para que desapareciera el grupo”.
Ahora intentan crear otro, “porque no dejan de presentarse algunas anomalías protagoni-zadas por personas que no son del barrio; y esta vez la gente se ha mostrado más proclive a participar”, dice la dirigencia comunal.
Otra de las bendiciones que caracterizan al barrio son las tres arterias vehiculares de las cuales está rodeado: la Avenida Kennedy, de Blas de Lezo; la Electrificadora, de El Carmelo; y la vía que sirve de frontera entre El Socorro y el Plan 400.
Sobre las tres ruedan varias rutas de buses y busetas que llenan a cabalidad las necesidades de los usuarios.

Pero también se quejan

No obstante las declaraciones de los moradores respecto a los privilegios del barrio, el Plan 400 también padece algunos lunares que la JAC enumera de la siguiente forma:
—Todavía existen pequeños grupos de jóvenes desocupados, quienes se resisten a aprove-char las gestiones que la JAC ha adelantado con el Sena y Hogares Crea, para que sus vidas cambien de rumbo.
—Casi desde la fundación del barrio, el servicio de agua potable tiene poca presión. Las amas de casa se han visto en la necesidad de adoptar tanques elevados en sus viviendas, debi-do a que algunas veces el fluido dura hasta 15 días sin visitarlas.
—En la manzana 27 hay un gigantesco árbol de almendras que, en cualquier momento, podría derrumbarse llevándose por delante no sólo a las redes de energía eléctrica, sino a dos transformadores que alimentan a gran parte del Plan 400. La JAC asegura estar cansada de tanto pedir la ayuda de la empresa Electricaribe.
—En la manzana 1, existe una zona verde que ya se incluyó en un gran proyecto de par-que, pero, según la JAC, los comerciantes de Blas de Lezo y El Carmelo la siguen tomando como basurero, pese a que ya se les han extendido los requerimientos del caso.
—En todo el perímetro del barrio existen pocos parques, por el poco espacio, razón por la cual nunca se ha podido construir un polideportivo. Pero la JAC pide el respaldo de la Ad-ministración Distrital para el mantenimiento de esas zonas y para la construcción de nuevos escaños.

Que crezca el Sisbén

Que se amplíe más la cobertura de las familias clasificadas en los estratos 1 y 2 del Sisbén, es el llamado que hace Fredy Sornoza Díaz, secretario de la JAC.
Señala que esta es una de las necesidades más apremiantes del sector, que no tiene acceso a los beneficios que ofrece el Sisbén a comunidades menos favorecidas, por pertenecer a un ba-rrio estrato tres.
“Acá somos estrato tres, porque así lo dispuso Planeación Distrital; pero, si se hace un es-tudio socioeconómico encontrarán que realmente no es así”, expresa Sornoza Díaz.
La gente requiere del Sisbén 1 y 2 para aspirar a subsidios del programa Familias en Ac-ción y para ingresar al Régimen Subsidiado de Salud, así como para aspirar a auxilios de vi-vienda y educación, agrega el líder.
“En el barrio viven lavadores de carros, comerciantes informales, mototaxistas y emplea-das domesticas, que necesitan estar sisbenizados”, expresó.
Pero también es cierto que los moradores están contentos, porque desde este mes los afi-liados al Régimen Subsidiado de Salud en Cartagena empezaron a recibir los mismos benefi-cios que los miembros del Régimen Contributivo.
Esta unificación de regímenes se concretó gracias a un acuerdo con el Ministerio de Pro-tección Social. En los planes de beneficios se invertirán más de 167 mil millones de pesos.
“Esta es la mejor noticia que nos han dado en materia de calidad de vida”, dijo Fredy Sornoza.
La unificación le permitirá, por primera vez, a los afiliados del régimen subsidiado tener acceso a consulta especializada, consulta de psiquiatría, cirugía de mediana y alta compleji-dad, consulta de oftalmología y suministro de monturas, consulta y procedimientos de uro-logía y exámenes de laboratorio de mediana y alta complejidad, entre otros.

Educación, por buen camino
José Ferneys González, fiscal de la JAC, resalta que son más los aportes que las necesidades que tienen en educación.
Actualmente, gracias a un convenio suscrito entre la JAC, la Secretaría de Educación y el Sena se adelantan capacitaciones a líderes comunitarios y jóvenes, en diferentes carreras tec-nológicas.
“En principio, el convenio establecía formación para los dignatarios de la JAC, pero se amplió la cobertura a los muchachos del barrio, toda vez que muchos de ellos no tienen acce-so a la educación superior formal, ya sea por no lograr cupos en universidades públicas o por falta de dinero para matricularse en un plantel privado”, señala José Ferneys González.
Las carreras que cursan los beneficiarios son Tecnología en Contabilidad y Finanzas, Tec-nología en Hotelería y Turismo y Adiestramiento Arbitral.
“Aproximadamente, unos 12 jóvenes aprovechan esta oportunidad de estudiar, en parte, por las facilidades que tuvieron para inscribirse, ya que fueron convocados prácticamente puerta a puerta”, manifiesta el líder cívico.
Además de los adolescentes, 6 personas adultas se interesaron por el aprendizaje técnico y tecnológico que ofrece el Sena, y hoy disfrutan de la formación.
Las clases las reciben en el Cads Manuela Beltrán, del barrio Escallón Villa.
La comunidad espera que se sigan gestionando más convenios como el que se viene desa-rrollando, en aras de brindar mayores oportunidades a los moradores, sobretodo en lo que tiene que ver con el acceso a la educación superior.
“Destacamos que la gente que se interesó en estudiar hoy cuenta con esa oportunidad; y esperamos que otros se animen a vincularse”, finalizó el Fiscal.

“Júpiter” se bautizó a sus 88 años

No cabe duda de que es uno de los personajes más queridos y populares del Plan 400 “y de sus alrededores”, como dicen sus vecinos.
A sus 88 años de edad tiene una alegría contagiosa y una lucidez digna de admiración. Saluda con efusividad, con voz firme, no obstante el paso de los años.
“Júpiter”, le gritan cuando pasa por una de las calles del barrio; a lo que él responde tam-bién: “Júpiter”.
Así le llaman cariñosamente al “viejo” que por estos días se ha vuelto “más famoso” por-que, además de estar recién bautizado por la Iglesia Católica, acaba de obtener, por primera vez, su cédula de ciudadanía.
El lunes de la semana pasado recibió el sacramento.
El abuelo, bisabuelo, y tatarabuelo se llama Francisco Severo Suárez Lara. Y, con alegría a flor de piel, muestra engreído el documento que lo certifica como ciudadano colombiano.
“Esta es la contraseña —comenta—, pero dentro de poco tendré la original. Y por fin, tendré cédula”.
Agrega que la sacó, porque la necesitaba para someterse a una intervención quirúrgica, “porque la verdad es que nunca la he necesitado, ni para votar, a pesar de que soy liberal”.
Sobre el porqué lo apodan “Júpiter”, sólo señala que fue la forma que se le ocurrió de sa-ludar.
“Comencé a saludar así cuando llegué al barrio y me quedé así. Todos me llaman ‘Júpi-ter’. Claro, en San Cayetano (corregimiento de San Juan Nepomuceno), mi pueblo, cuando voy me dicen: ‘ahí viene la Química’, por que yo sé de Medicina”.

El “médico” del barrio

Nació el 8 de agosto de 1921, pero se radicó en el Plan 400 una vez se entregaron las ca-sas. O sea, 38 años después sigue viviendo en el mismo lugar a donde llegó por primera vez: Manzana 27 Lote 3.
Dice que desde niño sintió curiosidad por los poderes curativos de las plantas; y fue un tío político quién le enseñó algunos de esos conocimientos y otras cosas más.
Pero fue a la edad de 50 años cuando verdaderamente se dedicó a esta “profesión”, con el fin de servirle a la comunidad.
“Yo sé cuando a un pelao le hicieron ‘ojo’, y los papás me lo traen para que yo se lo quite. Les digo con qué plantas tienen que bañarlo. Les digo que lo hagan con salvia, artamisa y otras más. Y que sigan mis instrucciones al pie de la letra, y se curan”, manifiesta.
Además, lo buscan para que haga sobos que curen golpes en las personas. Sostiene que conoce para qué sirven más de 150 plantas y sus cualidades curativas.
“Me vienen a buscar de todas partes. Y me comenzaron a llamar más cuando salí hace unos años en El Universal, pues la gente se enteró de lo que yo hacía”, destaca mientras saca de su bolsillo la página del diario de hace unos 7 años atrás.
Cualquiera que tenga una enfermedad puede acudir, sin ningún temor, al “consultorio” o su casa para que reciba una receta y poner fin a sus males, a base de plantas.
“Júpiter” dice sentirse feliz de la vida, muy a “pesar de que fui sinvergüenza. Porque el hombre no es el que se casa, sino la mujer” (risas).
Agradece a Dios por la familia que le dio: su esposa, llamada Carmen Alicia; sus 7 hijos, 12 nietas, 13 nietos, 8 bisnietos “y una tataranieta que quisiera conocer pronto, porque vive en Venezuela”.

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