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Colombia en bicicleta: “un viaje sin aprendizaje está perdido”

Daniel Saavedra es un ingeniero bogotano que desde muy pequeño sintió una gran atracción por los deportes extremos, siendo el ciclomontañismo uno de sus preferidos. Aunque no es un atleta profesional, siempre buscaba el espacio para montar en su bicicleta y así alejarse de la rutina diaria que estaba anclada en su oficina de cuatro paredes.

Un día sintió la necesidad de hacer algo diferente, es así como se le ocurrió recorrer Colombia, pero no en un avión, bus o carro, sino en bicicleta. Muchos lo tildaron de loco, pues Daniel eligió una ruta muy especial, los caminos de herradura. Ésos que existían en la época de las colonias, donde pasaban los caballos. Esos senderos que comúnmente se conocen como trochas y que rodean los páramos.

Aunque parecía una idea descabellada, su familia y su novia fueron su principal apoyo. Él sabía que este sueño le iba a costar y por eso encontró el patrocinio de la tostadora de café Amor Perfecto. Fue así como el 11 de noviembre solo con una mochila, una cafetera, una estufa, su cámara y poca ropa, emprendió su viaje por los departamentos de Boyacá, Santander, Norte de Santander, Bolívar, Antioquia, Caldas, Tolima, entre otros, hazaña que le tomó más de cuatro meses, pues hasta hace unos días regresó emocionado y anonadado por la belleza natural de Colombia.

Atrás dejó su trabajo, sus amigos y su vida con el fin de cumplir su sueño, ahora solo espera sacarle provecho a su viaje y mostrarles a todos los colombianos las maravillas de este país y que los deseos por más locos que parezcan sí son realizables.

-¿Qué lo motivó a recorrer las trochas, páramos y carreteras de Colombia en bicicleta?

Este proyecto empezó hace un año y muchas cosas se mezclaron. Soy ingeniero de sistemas y trabajé siempre rodeado de tres paredes y un computador al frente, por lo que quería cambiar la rutina y hacer cosas nuevas. Siempre he sido apasionado por la montaña, desde los seis años he practicado la escalada y el ciclomontañismo. Entonces se empezaron a combinar esas cosas con el deseo de visitar a un amigo en Cartagena, me planteé esa idea y dije a mí lo que me gusta es el ciclomontañismo, empecé a maquinar ese recorrido porque me gustan muchos los páramos, me pareció bonito conocerlos.

-¿Quién lo ayudó a plantear ese recorrido y descubrir esas rutas destapadas que lo llevarían a la Costa?

Todo el plantamiento del proyecto lo hice solo, me conseguí mapas del (Instituto Geográfico) Agustín Codazzi, también con la ayuda de las tecnologías 'google earth', tracé la ruta. Me empecé a plantear el proyecto, cuáles eran mis metas, objetivos, quién era yo, porque en cuestión de ciclomontañismo no soy una persona de competencia, pero desde que se me metió esa idea en la cabeza empecé a entrenar y antes de irme a trabajar subía varias veces Altos de Patio de la Calera (Cundinamarca).

-Cuando tomó la decisión de emprender este recorrido que podría tardar varios meses, ¿qué fue lo que más le costó dejar?

La persona más importante en mi familia es mi mamá, tenía a mi novia también, pero desde que le conté este sueño se emocionó mucho y me apoyó. Lo difícil no para mí, sino que muchas personas me decían que yo tenía mi trabajo estable y vivía bien, que por qué iba a hacer eso, que era una locura, pues un viaje como estos tenía que dejarlo todo. Pero yo les pedí que me entendieran porque este era mi sueño.

-¿Cuál fue la ruta que se trazó?

Yo planteé mi recorrido por los páramos, inicié por los de Boyacá, recorrí un total de 16, tres nevados, aunque por los laditos porque no tenía el equipo para cumbres. Pasé por ciudades como Tunja, entré a varios pueblos de Boyacá, pasé por los páramos de Santander, incluso uno de ellos estuvo en el momento de la discusión de la minería, el que convirtieron hace poco en Parque Nacional, el Páramo de Santurbán y viví ese conflicto, cosa que me hizo aprender más. Seguí por Norte de Santander, luego llegué a Cartagena, Barranquilla, Santa Marta e hice unos recorridos por la Sierra y compartí con comunidades indígenas de esa zona. Continué 700 kilómetros por el desierto para llegar al cerro Macuira, bajé a Antioquia, Caldas, estuve un buen tiempo en el Parque de los Nevados.

La bicicleta terminó totalmente mal, porque se le dañó el descarrilador, los aros. La última montaña fue en el Valle Cocora en Salento, donde está la palma de cera y de ahí cogí por Tolima y regresé a Bogotá.

UNA EXPERIENCIA ÚNICA

¿Cómo fue la rutina durante estos meses?

Al principio tenía planteado entre 50 y 70 kilómetros de trocha, me levantaba a las 5 de la mañana, a las 6:30 ya estaba listo y empezaba a pedalear. A las 4 o 5 de la tarde si cumplía mi objetivo armaba carpa o si llegaba a algún pueblito buscaba algo económico. Pero la mentalidad me fue cambiando porque me estaba perdiendo de conocer a las personas y cada cultura. Entonces empecé a presentar mi proyecto y en las Alcaldías me empezaron a recibir, llegué a sitios donde me quedé mucho más de lo esperado.

-¿Alguien lo acompañó? ¿Cómo se sostuvo durante este viaje?

Estuve solo todo el tiempo. Esto fue un trabajo largo de buscar patrocinios, de tocar puertas y por suerte recibí el apoyo de Amor Perfecto, una tostadora de café colombiana que a través de Luis Fernando Vélez, se motivaron mucho con este proyecto. Él me enseñó de café y me dio una aeropress (cafetera), eso se convirtió en un ritual en la montaña. Todas las mañanas sacaba mis granitos los metía ahí y me tomaba mi café fresco, también cargaba con mi estufa y así me mantenía.

-¿Qué fue lo que más le impactó durante este recorrido?

Tenemos muchas cosas bonitas, hay páramos hermosos que mucha gente desconoce, como el de Ocetá, que es un lugar hermosísimo, pero me impactaron varias cosas: la parte bonita que son ellos y la triste, cómo estamos dejando perder estos sitios. Los páramos son muy importantes, más del 80% del agua que bebemos sale de ellos. La minería entra sin problema cuando hay leyes que lo impiden, y cómo la agricultura y la ganadería se los comen.

-¿Cuáles fueron los momentos más difíciles de este viaje?

Tuve momentos difíciles en cuestiones de condición física, fue una travesía bastante exigente porque estaba tratando de conectar la mayoría de páramos y la manera de hacerlo es por las vías de herradura. Tenía senderitos muy bonitos que se dejaban pedalear y otros donde debía cargar la bicicleta y esto me agotó mucho. Tuve un momento fuerte en los páramos, tiraba la bicicleta y me ponía en el suelo preguntándome yo por qué estoy haciendo esto, pero también me empezó a motivar cosas que vi, como una pareja de cóndores, ver ese animal gigante con su cuello blanco me mostró que sí valía la pena recorrer mi país. También me robaron en la costa, fue difícil, mucha gente me decía eso es una señal para que no siga, pero me propuse terminarlo a pesar de todo.

-¿Qué siente que ganó con esta experiencia?

Demasiadas cosas, aprendí mucho en el camino, un viaje sin aprendizaje está perdido. Cuando interactué con la gente me enseñaron sobre los páramos, yo quería documentar estos sitios fotográficamente. Conocí la parte mala o buena del campo, fue una experiencia muy bonita que dejó muchos proyectos en mente, porque tuve momentos solos para pensar qué quería hacer luego de esto. Vengo recargado de energía para cumplir con todo eso que me planteé durante el viaje.

-Después de haber realizado semejante hazaña, ¿Cuáles son los planes ahora?

Entre mis proyectos no está volver a mi trabajo. Tengo unos ahorros que quiero invertir estudiando y preparándome en otras cosas. Algunas de esas son apartadas de la ingeniería. Quiero hacer algo con todo esto que hice, quisiera hacer un documental fotográfico, ya que tengo más de 7.000 imágenes. Estoy pensando en hacer un documental o un libro, quiero exponer al público todo este trabajo, que conozca sobre estos paisajes.

LA FRASE

“Mi objetivo era mostrarle a la gente que si uno se propone algo y le mete la ficha, lo trabaja, si tiene un sueño y lo convierte en un proyecto y lo plantea bien, puede sacarlo adelante”.

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