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Conozca la dura realidad que vive en este momento la isla de San Andrés

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Si fuera por los titulares de las últimas semanas de los diarios de San Andrés, uno pensaría que no está en esa isla paradisiaca: “Ahorcado y torturado”, “Isleño acribillado en Barranquilla estuvo condenado por narcotráfico”, “Ocho pepazos le dieron a sanandresano”, “Un río humano vestido de blanco gritó no más violencia”.

Esas noticias de crónica roja, a las que los sanandresanos no estaban acostumbrados, comenzaron a aparecer con letra grande desde el año pasado. Por uno de esos fue que Leo, una vendedora de productos de belleza, supo del hallazgo de un cadáver en zona rural de Doppy Gully. “Hallan cadáver ahorcado y torturado aún sin identificar”, leyó el 9 de marzo.

En la casa blanca, de la esquina del barrio Obrero, llevaban una semana de angustia. Steven Andrés Rincón, de 19 años y quien acababa de prestar su servicio como auxiliar bachiller, salió en la tarde del viernes 25 de febrero en su moto y no regresó. La moto fue hallada abandonada.

Leo ya sabía que ese sin identificar que estaba en los titulares era su hijo. El sábado hace ocho días le llegó la noticia. “Por favor vaya a Medicina Legal para ver si se trata de su hijo”, la llamaron de la Fiscalía. Ese día la morgue estaba cerrada, debió esperar al lunes cuando el médico forense le confirmó la noticia. Las pruebas del cotejo dactilar realizadas en Barranquilla lo confirmaron. Le entregaron la camisa roja que él llevaba puesta.

Leo llora sentada en el comedor de su casa. Las vecinas de la cuadra llegan y la abrazan. Su hermano vino a visitarla desde Villanueva, un pueblo de Bolívar junto a Cartagena. No habrá entierro, no pudo ver el cuerpo de su hijo, ya había sido sepultado como NN. Sólo le queda la camisa roja, unas fotos de él con su uniforme y su torta de cumpleaños cuando era niño.

En San Andrés la morgue no tiene congeladores para NN. Eso no era necesario hasta el año pasado porque los desaparecidos eran cifras de extraviados en el mar. Allí los perdidos no aparecían torturados y con asfixia mecánica, como el hijo de Leo.

Y APARECIÓ LA VIOLENCIA

El año pasado en la isla fueron asesinadas 24 personas, a la fecha van cinco casos. El aumento en los homicidios del 2010, comparado con el 2009, fue de un 62%.

De los 29 crímenes registrados desde el año pasado, 15 son relacionados con ajustes de cuentas.

La pastora Jackelin tiene una voz suave. Sólo la alza cuando está en su iglesia del barrio Los Almendros. Entre cánticos y salmos a Dios le habla a su comunidad. Lleva varios meses denunciando la ola de violencia. Ella, de ancestros sanandresanos, nacida en Bogotá por accidente, se crió en la isla y fue la primera mujer pastora. También fue la primera en hablar contra la violencia.

Dice que todo empezó por unos panfletos firmados por las AUC, las Águilas Negras y Los Rastrojos, que anunciaban la muerte de varios jóvenes. Las balas sonaron y el primero en caer fue un joven de apellido Cabezas, recuerda. Las autoridades aseguran que desde el año pasado hasta la fecha van 19 panfletos.

“El sicariato no se había visto aquí. Éramos una población sana. La marcha nació en las redes sociales para darle un significado a la vida”, dice Alain Manjarres, presidente de la Cámara de Comercio.

El viernes 4 de marzo los sanandresanos marcharon por sus principales calles contra la violencia. El caso que detonó los mensajes en las redes sociales fue una balacera presentada en la Avenida Colombia, en pleno sector turístico.

Todavía en la isla estaba presente el recuerdo del joven de 14 años, hijo de un técnico en refrigeración, que murió el año pasado cuando pistoleros irrumpieron en un gimnasio para matar al vigilante del aeropuerto. El guarda y el adolescente murieron. El menor, que estudiaba cuarto de bachillerato, fue víctima de las llamadas balas perdidas. En Cali las conocemos muy bien: 19 jóvenes muertos en 2010 por ellas; pero en San Andrés no sabían qué eran hasta ese día.

EL LEÓN DORMIDO

Desde el balcón de su casa en el barrio La Loma, donde se ve la bahía de Tom Hooker, el pastor Raymon Howard de la primera iglesia bautista, reconoce que el narcotráfico llegó a San Andrés desde hace varios años. “En los 80 el dinero fácil hizo varias transformaciones, empezó a perderse el amor por la tierra y llegó el amor por el dinero” dice.

Desde su oficina en el comando de la Policía, el coronel Fabio López, asegura que la influencia de la mafia en esta isla viene de la época de los grandes carteles de Medellín y Cali.

En algunos restaurantes recuerdan a capos como Chupeta, Orlando Henao o Iván Urdinola, que tenían casas o pasaban vacaciones en la isla. “Nunca causaron problemas. Uno los veía con sus escoltas y con mujeres bellas, me acuerdo hasta de una reina que andaba con uno de ellos, qué mujer tan linda”, dice el mesero.

¿Y si el narcotráfico está hace tanto, por qué hace tan poco empezó la violencia relacionada con las vendettas de la mafia? La culpa es de ‘Chiqui’, reconoce un investigador de la Policía.

La historia de la violencia en San Andrés está ligada a la disputa interna entre tres bandas delincuenciales, dedicadas al transporte de drogas. Las investigaciones señalan que estas agrupaciones que empezaron como logísticos al servicio de los carteles de la droga, luego se convirtieron en transportistas y finalmente, en algunos casos, empezaron a enviar sus propios cargamentos.

Pero el año pasado ‘Chiqui’, un guajiro de 40 años que llegó a San Andrés desde niño, quiso cobrarle impuestos a las otras dos bandas. Ni ‘Los Mellos’, dos hermanos señalados de tener su área de influencia en San Luis, ni ‘Palma’, un ex policía nacido en Valledupar que llegó trasladado a la isla y se casó con una raizal (descendiente de los primeros pobladores), accedieron a la vacuna.

Entonces se inició una disputa que ha llegado incluso a Barranquilla, Santa Marta, Cartagena, Sabanalarga y Bogotá, donde han sido asesinados doce isleños desde enero del año pasado. El caso más recordado ocurrió en El Rodadero, donde hallaron los cadáveres de dos hombres y una mujer descuartizados en cinco maletas.

“Todos ‘traqueteaban’ tranquilos hasta que ‘Chiqui’ desató la disputa. Por eso ahora el resto quiere matarlo. Le han hecho varios atentados y mataron a su hermano”, explica un investigador.

LA GENERACIÓN GO FAST

Sentado en la silla del lado de la ventana de un avión que viajaba desde Cali hasta la isla, luego de haber pasado los controles policiales, un niño habla emocionado. “Voy a cumplir mi sueño, conocer el mar”, asegura. Tiene 9 años, es un poco regordete y se ríe a cada instante dejando ver sus dientes blancos y grandes. El sueño del niño era bañarse en el mar de siete colores de la paradisiaca isla.

Muchos jóvenes sanandresanos también sueñan con el mar: “Coronar un viaje”, viajar en una Go Fast hasta las costas de un país de Centroamérica, cargados de coca, y regresar a la isla con $20, $30 o hasta $50 millones. Y se repite la historia de otras ciudades del país: el carro lujoso, el equipo potente y los vidrios oscuros. Trago, mujeres y carros son los sueños fotocopiados de los jóvenes de Cali, Medellín, Pereira, Cartagena y ahora, San Andrés.

“La Go Fast es el símbolo de una vida mejor para ellos, una forma de ascender en un nivel económico. Usan términos de una vuelta, un viaje”, dice María Matilde Rodríguez, rectora de Infotec, quien escribió el libro ‘Los hijos del paisaje’, una investigación sobre los desaparecidos en el mar: 200 entre 1999 y el 2003.

El amigo de Harry hace parte de esos desaparecidos. Los dos jóvenes viajaron hace cinco años a Nicaragua para llevar droga y allí fueron secuestrados para quitarles la carga. Harry pudo escapar y regresó a San Andrés. “Los jóvenes de aquí son lobos de mar, son buenos capitanes, por eso los seducen para que hagan viajes con droga hacia Centroamérica y México. Los chicos desde adolescentes giran en torno a ese sueño y las niñas quieren encontrar un chico con dinero. Todos tenemos familiares, amigos o conocidos que han desaparecido o están en cárceles de Estados Unidos o México”, reconoce la pastora Jackelin.

Alfredo era pescador, ahora es mesero. Cuenta que su cuñado pasó cuatro años en una cárcel de Tampa. “Él empezó como logístico, tenía lanchas pesqueras y en ellas llevaba gasolina a las Go Fast que pasaba por la ruta hacia México o Centroamérica. Luego, los jefes como le cogieron confianza, lo dejaron comprar y mandar su propia droga. Así fue como lo agarraron en Panamá”, dice.

Recuerda cuando pescaba en los callos Bolívar y Alburquerque. Salía a las cuatro de la mañana y se estaba allí hasta la tarde. Insiste en que él, quien pertenece a una asociación de pescadores, saca la cara por muchos de su gremio. “No pueden generalizar y decir que todos los pescadores ayudamos a los narcos. Tengo que reconocer que hace más de diez años muchos jóvenes empezaron a hacer viajes, por eso quiero que mis hijos estudien la universidad en Bogotá para que sean profesionales como sus primos”.

En San Andrés se gradúan del colegio 900 jóvenes cada año, pero sólo el 5% va a la universidad. Y lo hace en otras ciudades pues en la isla sólo están en una sede de la Universidad Nacional y el instituto técnico, Infotec. Esa falta de oportunidades tiene a muchos jóvenes parados en las esquinas escuchando la música de los equipos de sonidos pickout, mientras sueñan con coronar un viaje.

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Comentarios

Es como difìcil navegar por

Es como difìcil navegar por los callos de los piès o las palmas de las manos de Bolìvar, es màs fàcil y posible por los CAYOS.

EN TODAS PARTES HAY BANDIDOS,

EN TODAS PARTES HAY BANDIDOS, CARTAGENA ERA LA MAS TRANQUILA Y MIRA COMO ESTA AHORA, LO PEOR ES QUE NO HAY AUTORIDAD. LOS MAS PELIGROSOS SON LOS DELINCUENTES DE ESCRITORIO.