Así, por lo menos, lo acredita la Iglesia católica, que en su trabajo misional ha podido acreditar las falencias del Estado a la hora de brindar las condiciones mínimas para una vida digna.
El actual obispo encargado de la diócesis de Quibdó, monseñor Julio Hernando García, lo explica así: no hay agua potable, no hay atención adecuada en salud, no hay ni comida suficiente. Este tema está empezando a complicarse, aún más, por cuenta del paro armado que impuso la guerrilla de las Farc desde el pasado dos de febrero.
El paro que fue decretado hasta el próximo 20 de febrero ya ha encarecido el precio de los alimentos e, incluso ha obligado a cancelar clases en colegios de Condoto, Itsmina, Tadó, Medio San Juan y Cértegui.
Colprensa dialogó con Monseñor García y con Monseñor Juan Carlos Barreto Barreto, actual rector del seminario de El Espinal, Tolima, y quien fue designado o para asumir el próximo 16 de marzo la diócesis de Quibdó con sus 45 sacerdotes y 25 parroquias, 12 de estas en la ciudad y el resto en área rural.
Monseñor Julio Hernando García
-¿Cómo están las cosas en Chocó?
La situación en el Chocó es muy compleja en este momento. Como sabe la opinión pública pasamos por en un paro armado. Llevamos 15 días confinados, con muy pocas acciones que nos lleven a remediar la situación. Es preocupante, no logramos encontrar mecanismos para salir adelante, desembotellar esta situación que afecta de modo particular a los más pobres.
-¿Cómo ha afectado el paro armado que impusieron las Farc?
El Chocó es un departamento marcado por extrema pobreza. En este momento el territorio está completamente inmovilizado, la gente no se puede mover, no hay como salir o entrar, hay escasez de alimentos y sobretodo es una situación en la que hay ignorancia, incluso de los medios de comunicación, de la horrible situación que está viviendo la población más joven.
-¿Una situación de miedo por culpa de las Farc y la delincuencia común?
En este momento nosotros no podemos acusar a unos y a otros. Para nosotros la inmensa preocupación es la solución de estos problemas, que la gente buena y pacífica del pueblo chocoano pueda movilizarse y vivir una vida normal y en paz. Lo que nos angustia es que en este momento no se tengan las condiciones para eso.
-Hace mucha falta una política pública verdadera para atender a la población del Chocó en lo básico: agua, salud, educación.
Si nosotros miramos las cosas con franqueza y con claridad el Chocó es un departamento demasiado abandonado. Siendo un departamento que aporta tanta riqueza a nivel nacional, desafortunadamente la población chocoana no se ve beneficiada absolutamente en nada de la cantidad de recursos que tiene el territorio. Es una tristeza que los niños carezcan de las condiciones mínimas para vivir sanamente. No hay hospitales, no hay agua potable, no hay comida suficiente, no hay industria.
Tratándose de gente muy bella y de un territorio tan colombiano, con frecuencia sentimos el abandono del Estado, en la política propia en favor de esta tierra chocoana.
-¿Qué expectativa tiene por la posibilidad de que cese la violencia en el país?
La paz para nosotros es mucho más que cesar las armas, es gozar de condiciones de alimento, de estudio, de vivienda, de agua. Son condiciones que tienen que permitir que todos los colombianos gocen de calidad de vida. Solamente esa posibilidad nos va a llevar a pensar en la paz. Lo de las armas es una cosa mínima frente a las condiciones infrahumanas que se viven en el Chocó, para que se dé la paz se necesitan otras cosas.
- Es como si la población chocoana viviera en el siglo pasado...
Pues desafortunadamente si nosotros comparamos el desarrollo que se tiene en otras partes con los modos de vida que se tienen en el Chocó, estamos bastante distantes.
MONSEÑOR JUAN CARLOS BARRETO BARRETO
-¿Qué expectativa tiene de llegar a un sitio tan complicado como Quibdó?
Lo que uno pretende es acompañar en el proceso de evangelización y, además, hay otros retos de tipo cultural, social, porque hay una población con características muy particulares. La mayoría de la población es afroamericana, hay otra que es indígena y otra mestiza. Una realidad muy distinta a la que viví en la diócesis de El Espinal. La perspectiva es realizar un servicio en nombre del señor.
-Pareciera que es la Iglesia la que en muchos casos hace el trabajo del Estado...
La Iglesia cumple una labor en el campo profético que corresponde a la evangelización propiamente, en el campo litúrgico que corresponde a la celebración de la fe y en el campo social, el acompañamiento para que haya una vida más digna para las personas. La Iglesia tendrá que hacer un esfuerzo en lo social. En Quibdó se ven realidades de pobreza alta, el nivel de desempleo es alto. Existen dificultades de orden pública, de servicios públicos, de educación y la Iglesia trata de hacer su aporte en ese campo sin quitarle el trabajo al Estado pero si se debe intervenir porque es una de sus misiones.
- Ahora están en un paro armado y eso implica no solo miedo sino desabastecimiento. ¿Cuál es el reto?
Ese reto que lo viven otros departamentos en el Chocó plantea la posibilidad de profundizar en el diálogo y continuar buscando la paz. Es necesario que se respeten los derechos de las personas, que las soluciones se hagan a través de la búsqueda de instrumentos pacíficos para alcanzar la equidad social, para el respeto de los derechos humanos. Es importante que los problemas se puedan solucionar a través del diálogo.
-¿No le da miedo llegar allá?
Siempre hay temores humanos, temores por la responsabilidad de un obispo que tiene que guiar a su clero, acompañar a sus religiosos, tiene que vivir una situación social muy concreta pero el señor nos ha dicho en el evangelio que está con nosotros. Nos ha dicho que no temamos y eso es lo que nos anima a cumplir la misión que el señor nos encomienda.
-¿Qué llamado se puede hacer a los frentes de las Farc que operan en la zona?
Yo en general haría un llamado a todas las personas en Quibdó. La sociedad civil, las personas que tienen responsabilidades a nivel gubernamental, es necesario pensar siempre en el bien de la población, pensar que a través del diálogo y mecanismos pacíficos es como se puede construir la superación de los problemas sociales.
-Insisto. ¿Cuál es su perspectiva del proceso de paz?
Colombia tiene muchas esperanzas en el proceso de paz. Esto cambiaría definitivamente la vida de los colombianos, pienso que muchos recursos que hoy se dedican a superar el conflicto se podrían usar para la inversión social, para el progreso de las personas. Progreso en temas académicos, salud, organización social. Le estamos pidiendo mucho al señor para que logremos tener un proceso de paz en donde haya equidad social y compromiso por parte de todos.
-¿Hay que creerles a pasar del secuestrando y los carros bomba?
La sociedad civil y la Iglesia han cuestionado este tipo de acciones porque no nos parece que sean acordes a lo que se está buscando. Hay que respetar siempre los derechos de las personas, a la sociedad civil, hay que buscar caminos equilibrados para alcanzar la paz que estamos deseando. Cualquier cosa que vaya en contra de la sociedad civil no se podrá aceptar nunca.
-¿Qué llamado se puede hacer para que haya una política pública que de verdad mejore las condiciones de vida de la población chocoana?
Colombia tiene que hacer muchos cambios, no solo el Chocó. En el presupuesto nacional, el 25 por ciento es para pagar la deuda externa, el 50 para gastos de funcionamiento del Estado, para la burocracia, y solo el 25 por ciento es para inversión social. Hay que invertir esas cifras, hay que invertir mucho más en la población y esto tiene que pasar en cualquier departamento de Colombia y en el Chocó.
-¿Qué será lo prioritario apenas llegue a Quibdó?
Hay problemas difíciles. Habría que mejorar mucho la carretera, que ha ido avanzado pero a paso lento. Hay un problema social muy difícil por la falta de agua y hay que ampliar la cobertura para salud y educación. Solo cuando tengamos inversión social podemos pensar mucho más en la paz.
-Y la delincuencia común...
Es cierto que en el corazón humano hay maldad, que siempre alforará y las condiciones sociales hacen que muchas personas pudiendo hacer otras cosas, se dediquen a eso. Hay que atacar las causas para que la solución sea integral.
