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Monseñor Vidal lloró al conocer su traslado a Cúcuta

Monseñor Julio César Vidal Ortiz hace un año viene insistiendo en el sometimiento de cinco mil integrantes de las bandas criminales y hace doce días consiguió el guiño del presidente Juan Manuel Santos, para que un proceso de tal magnitud se vaya explorando, a la luz de la justicia.

Se desconocen las verdaderas motivaciones de su traslado de la Diócesis de Montería, donde cumplió diez años como obispo. Y lo más probable es que nunca se sepan, porque nadie tiene la llave de los secretos que se cocinan en el Vaticano. La Iglesia ha puntualizado que Vidal Ortiz, quien asumirá su cargo el 10 de septiembre próximo, pasará a ocupar el sitio que dejó el fallecido prelado Jaime Prieto, quien falleció en Cúcuta.

Monseñor Julio César Vidal Ortiz, 67 años de edad (63 de ellos los ha pasado en Córdoba), confirmó que él fue enterado de la decisión en la reunión de la Conferencia Episcopal el 5 de julio pasado en Bogotá. “A uno lo consagran como obispo de la iglesia universal, por lo tanto uno queda a completa disposición del Papa, que de acuerdo con las necesidades de un país o de una iglesia va distribuyendo a los diferentes obispos”.

LUGAR A TODO

Sin embargo, hay una hipótesis que toma fuerza y es que haya sido la `papa caliente` de las bandas criminales la que le corrió la silla. Monseñor Vidal Ortiz viene desde hace más de un año diciendo que ‘los Paisas’ y ‘los Urabeños’ han entrado en contacto con él, indicándole que quieren hacer un acercamiento con el Gobierno. El anterior mandato de Álvaro Uribe Vélez respondió que no había negociaciones con bandidos y menos con narcotraficantes.

El actual gobierno de Juan Manuel Santos se refirió al tema en el mismo sentido, pero hace una semana abrió la puerta para que haya sometimiento. El viraje del discurso puede ser que la violencia de las bandas criminales, que tan solo en Córdoba en los últimos cuatro años ha dejado más de dos mil muertos, es más que percepción, y que la realidad le está quedando grande a la autoridad.

EL FACILITADOR

No es la primera vez que monseñor Vidal Ortiz decide enfrentarse a un escenario difícil de violencia y de búsqueda de la paz. Lo había hecho desde la Diócesis de Montelíbano en  1993, cuando recorrió palmo a palmo los territorios castigados por la guerrilla y las autodefensas.

Allí frenó un ataque de las Auc al corregimiento de Juan José, jurisdicción del municipio de Puerto Libertador.

Su interés por estos temas está amarrado a que el obispo Julio César Vidal es oriundo de Tierralta, municipio en donde han estado afincados diversos grupos irregulares. Nació allí el 19 de julio de 1944, en la tierra en la que Salvatore Mancuso fortaleció su imperio paramilitar. El excomandante ‘para’ está preso en una cárcel en los Estados Unidos.

Y justamente porque monseñor Vidal conoció de primera mano el desplazamiento de campesinos de Tierralta producto de la penetración de guerrilla y paramilitares, fue que se propuso ser facilitador de la negociación entre el Gobierno Nacional y las Auc. En 2004 comenzaron los diálogos y el presbítero jamás faltó a una sola reunión. Sus posiciones generaron diversas reacciones. Los críticos del proceso no dudaron en hablar en su contra. En las calles de Montería comentaban que se había puesto el camuflado y que, incluso, le había recibido regalos a Mancuso. En esa oportunidad, diciembre de 2010, le dijo a `El Meridiano de Córdoba` que el asunto más que indignarle le entristecía.

“Son palabras irreflexivas que no son capaces de dimensionar todo lo que ha significado que uno como obispo le haya gastado tantas horas a buscar la desmovilización de esta gente, sin otro interés que la paz del país”.

Pese a todo, no le tembló la voz para insistir, una y otra vez, que seguiría al frente de la facilitación. Fue a Santafé de Ralito todas las veces que se lo solicitaron y en varias oportunidades, cuando el proceso estuvo a punto de acabarse porque los comandantes paramilitares decían que el Gobierno Nacional no estaba cumpliendo lo pactado, volvió a hablar: “Yo le pido al Gobierno que cumpla. Ellos no firmaron nada porque confiaron en la palabra, y no se puede engañar”.

Lo indiscutible es que monseñor Vidal Ortiz fue muy cercano a los comandantes y se ganó el respeto de todos. Así lo confirmó Salvatore Mancuso en varias oportunidades, cuando aseguró que “al único al que le tenemos absoluta confianza es al Obispo”.

La Iglesia en Colombia nunca dijo nada en público, pero había divergencias internas sobre si el obispo de Montería tenía que ser tan protagonista en una negociación que se vislumbraba no iba a terminar muy bien. De hecho, pese a los 30 mil desmovilizados de las Auc y a la puesta en marcha de la ley de Justicia y Paz con su capítulo de verdad y reparación, los cabos sueltos comenzaron a generar inconformismos y críticas. Incluso analistas han conceptuado que las bandas son una especie de reciclaje del paramilitarismo.

Monseñor Julio César Vidal Ortiz no cambió el discurso pese a que el 15 de febrero de 2007 le asesinaron a un sobrino en Tierralta: Neder Enrique Castellanos. El alcalde de ese entonces, Humberto Santos Negrete, quien enfrentó una investigación por parapolítica, explicó que el homicidio no tenía nada que ver con la labor que el prelado venía adelantando en el proceso Gobierno-Auc. El crimen no se ha esclarecido.

Pidió más asistencia para Córdoba y la zona donde estaban los desmovilizados, levantó la voz para llamar la atención de los organismos internacionales, para que la ayuda de cooperación llegara, pero curiosamente muchos organismos fueron diezmando su presencia. Las nuevas estructuras de la violencia se reorganizaron hacia lo micro y surgieron las bandas criminales. Aquí vuelve el hasta hoy obispo de Montería a figurar como el transmisor de un mensaje que llevaba implícita otra negociación. Proceso que ha sido mirado con recelo por figuras como el exfiscal Alfonso Gómez Méndez, quien ha dicho que para someterse a la justicia no se necesita otra mesa de diálogo. “No más Caguanes, Ralitos y charlas con Bacrim”, le dijo a El Meridiano hace 15 días.

Según temen algunos, no es improbable es que este proceso de sometimiento de cinco mil delincuentes se vaya a pique con el traslado del alto prelado, y no porque en Cúcuta no hayan bandas criminales, porque el fenómeno es nacional, sino porque desde bien arriba pareciera que le han cortado las alas al Obispo de la tierra donde hicieron de las suyas la guerrilla, los paramilitares y ahora lo hacen los narcotraficantes y delincuentes comunes.

DURA DESPEDIDA

A los cucuteños les voy a ofrecer lo poquito que soy y sé, pero sepan que lo hago con todo el amor...”, con esa frase monseñor Julio César Vidal Ortiz quiso cerrar una corta entrevista que concedió a los medios, pero las lágrimas lo interrumpieron.

Dijo que acata la decisión del traslado a la Diócesis de Cúcuta cumpliendo su voto de obediencia, que ello no tiene nada que ver con suinterés en el proceso de sometimiento de las bandas criminales y que notiene idea quién lo va a reemplazar en la Diócesis de Montería.

¿Por qué lo trasladan?

Saben ustedes que mi primera sede fue Montelíbano. Hace 10 años me trasladaron para aquí, para Montería, y ahora el Papa quiere que vaya a prestar mis servicios a la Diócesis de Cúcuta.

Su traslado se da en momentos en que usted es el mensajero de un proceso de sometimiento que buscan las bandas emergentes. ¿Se acabará este proceso?

No. Continúa. Ustedes saben que el problema de estas bandas es nacional y por lo tanto ya hemos logrado que el Gobierno públicamente hablara del espacio que está dispuesto a abrir a estas bandas. Se trata ahora de ver cómo se concreta eso para que se ejecute realmente lo que ellos han propuesto a la Nación y al Gobierno a través de mí. Que es una entrega de ellos, de armas, de rutas y de cultivos.

¿Usted va a continuar como facilitador de ese proceso?

Todo depende de cómo sucedan las cosas. Estas bandas han creído en mí, han creído en la Iglesia a través de mí y pienso que ellos me van a seguir buscando, pero no solo a mí. Cualquier obispo del país estaría en disposición y en condición de continuar este trabajo. Ya veremos cómo se desarrollan las cosas.

El cambio se da en el momento menos indicado para los cordobeses por la violencia que se vive y el papel que usted juega en medio de ello.

Pienso que si me han enviado allá es porque Dios así lo ha dispuesto. Si Dios me ha querido utilizar para buscar este acercamiento de las bandas con el Gobierno, va a seguir utilizándome. Si él dispone que sea de otra manera, así será. Ya saben ustedes que aquí he vivido toda mi vida, a excepción de cuatro años que estuve en Europa haciendo una especialización. Mis 38 años de ministerio sacerdotal y mis 18 años de episcopado.

¿Quién toma la decisión de su cambio?

La decisión la toma el Papa. Naturalmente que de aquí van a Roma unas propuestas que hace el Nuncio, que surgen de las consultas a los obispos. Todo un grupo de Obispos pensó que era yo el que debía ir a Cúcuta. Es una Diócesis muy importante. Allí estuvo el cardenal Rubiano, monseñor Alberto Giraldo, presidente de la Conferencia y arzobispo de Medellín; allí estuvo monseñor Rubén Salazar Gómez, el actual arzobispo de Bogotá y Presidente de la Conferencia.

¿Cuándo le informaron?

Hace 12 días en la Conferencia Episcopal en Bogotá.

¿Se lo tenía bien guardado?

Prudencia, ante todo.

¿Quién viene para Montería?

Hay que orar para que el señor envíe aquí al obispo que necesita realmente esta Diócesis y esta región.

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Comentarios

La iglesia no quiere que

La iglesia no quiere que ninguno de sus miembros se ves envuelto en esta "papa caliente" que es el conflicto interno armado.

No es conveniente para la

No es conveniente para la Iglesia católica entrometerse en asuntos de estado que a la vuelta de dos años resulten un a farsa convenientemente orquestada en pro de el populismo reelectoral, osea deben abstenerse de ser tontos útiles y como es su costumbre esperar el rumbo que toma un país cuya descomposición social sigue en aumento- desde la barda- para luego pescar en rio revuelto. excomulguenme perros facistas.