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Payasos marchan en una caravana de necesidad

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Hombres enmascarados con la risa permanente decidieron recurrir a la protesta para mejorar su calidad de vida. Algunos acusan niveles de pobreza extrema, sin seguridad social, salario o derecho a una pensión. Envejecen enfermos y abandonados. Crónica.

“... íSí querido públicooo! ¿Cómo estááááááán? Bueno, aquí estamos nosotros. Por un ladoooo..., ‘Picaríííííín’, desde Santander para hacerlos reír muuuuuucho. Y para ponerlos un poquito nerviosos, un poquitito nada más, pero con mucho humor... ‘Pincelitoooo’, quien ícomerá vidrio y expulsará puntillas por la bocaaaaa...!”.
Esta sería la presentación de dos de payasos cómico-mágicos de un circo que se llamaría ‘Cualquier Calle’, un nombre apropiado para identificar el escenario donde actores reales, de carne y hueso, montan un imaginario de risas y diversión, para recoger algunas monedas que pagan su habilidad para hacer malabarismo, contorsiones, magia cómica o un número de riesgo, como el de ‘Pincelito’, que de verdad come vidrio molido, escupe puntillas reales, se introduce destornilladores por las fosas nasales y pasa dagas o cuchillos por la garganta. Hace reír y también ‘pone los pelos de punta’.
Así viven y se ganan lo de la comida. Cansados de su situación, algunos de ellos se reunieron para caminar hacia Bogotá, donde quieren pedirle a la Ministra de Cultura que los escuche. Quieren contarle de penas, de abandono, de marginación, de discriminación laboral, de persecución, de enfermedades y males sin que haya plata con que pagar un médico o una medicina.
En otras palabras, unos 20 ó 30 payasos de la calle, este lunes en Bogotá ‘se quitarán la máscara’ ante el Gobierno, para mostrar una realidad que bien puede clasificarse en el estrato más bajo de la escala socioeconómica.

El ‘ponente’ de la marcha
Juan Carlos Cuervo (su rostro guarda parecido al del comediante mexicano ‘Cantinflas’), gestor social de la Casa de la Cultura de Bucaramanga, es el líder o, como lo llaman sus compañeros, ‘el ponente de la marcha’. Él, actor y comediante, posee casa propia, un trabajo más o menos bien remunerado y, en general, disfruta de un nivel de vida aceptable, con sus necesidades básicas satisfechas.
Por eso es el líder, porque es la excepción ante los demás integrantes de la caravana, con los que se solidariza.
La marcha partió de Bucaramanga hace 15 días, con apenas cuatro integrantes. En Tunja, donde ‘acamparon’ el pasado martes en la noche, el grupo aumentó a ocho. “Esperamos que en Bogotá logremos reunir unos 30 ó 40 colegas, para entrevistarnos con la Ministra”, anunció Cuervo. También habló de la razón por la que adelanta este movimiento: exigir respeto y reconocimiento a los artistas por parte del gobierno.
“¿Por qué queremos exponer ese punto? Porque aquí se da trato preferencial y se rinden homenajes a ciertos cantautores e intérpretes, como sucedió en una época con Carlos Vives o Diomedes Díaz, como si no existieran personas como José Hernando Forero Mesa, ‘Picarín’, quien lleva 42 años dedicado a hacer reír y emocionar a la gente (él fue torero, conocido como Joselín Santander). En lugar de recibir ayuda, un reconocimiento del Estado, viven en la calle, aguantando hambre, trabajando esforzadamente todos los días y, sin la esperanza de una pensión”, dijo Cuervo.
Un punto esencial es ese de la seguridad social: pensión y jubilación. Explican los marchantes que algunos tienen Sisbén, pero que a duras penas logran obtener un medicamento o servicio médico. “De esta situación se desprende otra: si consiguen un contrato temporal con una Alcaldía u otra entidad del Estado, tienen que cumplir una serie de condiciones difíciles, como ser afiliados a una EPS del régimen contributivo, sacar antecedentes, registro de Cámara de Comercio y una larga lista de inconvenientes que desmotivan; muchos prefieren perder el contrato”, anota Cuervo. También pedirá que se trate el tema de la pensión y jubilación. “Hay un payaso de 80 años que tiene que seguirse subiendo a un triciclo de más de dos metros de altura para ganarse lo del diario; no tiene suficientes energías para acompañarnos en esta marcha y así hay más gente del gremio”.

Impuestos y espacio público
Otros de los temas a tratar con el alto Gobierno son el espacio público y los impuestos a los circos. En el primer caso, se refieren a los artistas callejeros, que son desalojados por las autoridades. “Hay una propuesta que transita en el Congreso, creo, para declarar al payaso, al artista, como elemento de contaminación visual, o, incluso, como cómplice de los ladrones, algo totalmente injusto”, declaran los reclamantes.
En cuanto a los circos, piden que por las dificultades para obtener ingresos y pagar los gastos que demanda un montaje de este tipo, se les exonere de impuestos por uso de suelo y de comercio.
Marcha sólo un puñado de artistas, pero hay cerca de 2.000 ‘payasos-cómicos-magos’ en el país que pelean en las calles con vendedores ambulantes y mendigos por un espacio para hacer su trabajo, obtener la fuente de ingresos para sus familias y sobrevivir con su arte. No hay nada más. Ni seguro médico ni prima ni pensión ni salario, faltan respeto y reconocimiento a los hombres que ocultan su drama tras una máscara de maquillaje multicolor.

TROPIEZOS PARA HACER... LLORAR
A José Hernando Forero sus 62 años le pesan con dolor. El frío intenso de Tunja (Boyacá) le recuerda a ramalazos de sufrimiento un antebrazo y manos fracturadas hace más de 20 años, cuando vestía traje de luces y un toro lo embistió. Allí ‘murió’ el torero ‘Joselín Santander’ y nació ‘Picarín’, el payaso. En esta última vida pasó de promotor de negocios en Quito, Ecuador, a mago-cómico-payaso. Viene en la caravana y, pese a su edad, tolera las inclemencias del clima y la protesta de sus pies.
Con él reiniciaron la larga marcha ‘Pincelito’ y ‘Huesitos’. El primero, con 13 años de vida haciendo reír y espantando el hambre con su número de comer vidrio y sacar puntillas por la boca luego de aspirarlas por la nariz. Un acto que, pese a todo, no le ha dejado heridas, como sí se las causaron absurdos actos de intolerancia de la gente. A este paisa un hombre le destrozó el tabique de un golpe, mientras presentaba su escena de introducirse destornilladores en la nariz y junto a su oreja izquierda tiene un feo recuerdo que le dejó un botellazo propinado por un ciudadano al que no le gustaban los payasos.
‘Huesitos’, el más joven del grupo, apenas lleva un año de trabajo. No tiene mucho que contar, salvo una anécdota que lo hace llorar: “Fue cuando empezamos a marchar, en una escuela rural de San Gil (Santander), donde pernoctamos camino hacia Tunja. Uno de los niños de la escuelita se puso a llorar al darse cuenta que teníamos que continuar nuestro viaje. Nos abrazó y nos pidió que no lo dejáramos, que era la primera vez que él podía saludar y tocar a un payaso. Nos escribió una carta que llevamos en el bolsillo y en el corazón. El pequeño, de unos 10 años nos recordó cuánto significamos aún para los niños”.

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