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Discurso del presidente del Congreso, Armando Benedetti, en acto de posesion del Presidente de la Republica, Juan Manuel Santos.

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De los 15 países más desiguales del mundo, 10 son latinoamericanos. y entre esos 10 Colombia ocupa el octavo lugar. Apenas superada por Bolivia y Haití.

El 49% de nuestros compatriotas es pobre y el 17% está en niveles de indigencia. estos datos, nada sorprendentes, fueron revelados apenas hace poco por el programa de las naciones unidas para el desarrollo.

El problema de semejante y escandaloso desbalance social, no es sólo el de los procesos generadores de desigualdad, sino la fragilidad de los dispositivos para superarla.

En Colombia las ideologías de lo igualitario no tienen la fuerza de otros países. nuestros umbrales de tolerancia a la desigualdad son escandalosos. Nuestras políticas para combatirla carecen de la fuerza y eficacia que requerirían. el deterioro de lo público es agudo. Nuestras políticas públicas son abiertamente regresivas.

La pobreza y la desigualdad suelen reincidir en las geografías que habitan. El 40% de nuestras más escandalosas desigualdades esta en la periferia colombiana.

La buena noticia es que el presidente Juan Manuel Santos, su ministro de hacienda, Juan Carlos Echeverry y sus asesores más cercanos comparten esta preocupación sobre las desigualdades sociales y regionales.

En la página 175 del programa del entonces candidato Santos, se lee sobre la necesidad de "un gasto público con un componente de equidad horizontal, donde las regiones más pobres reciban mayor inversión pública y transferencias nacionales que las más prósperas. esto no sucede hoy y es una de las causas por las cuales, con el tiempo, las desigualdades regionales se amplían en lugar de reducirse."

Y los augurios son aún más prometedores. En el programa del nuevo gobernante se habla de un fondo de compensación regional y que a partir de 2011 se iniciaría el aumento de recursos para la periferia, en lo que hace a un primer componente de ese fondo, hasta alcanzar la meta del 0.32% del PIB para el año 2014. Confirma además la necesidad de destinar cerca de 7 billones para impulsar proyectos específicos para la provisión de servicios públicos de salud, educación e infraestructura para la competitividad.

El programa de gobierno, además, precisa que la principal fuente para estas compensaciones lo serían las regalías, de donde se destinarían unos 6 billones de pesos durante una década, teniendo en cuenta la inminente bonanza minera y un aumento del 25 al 50 de los porcentajes que corresponderían a esas mismas regalías.

En otras palabras, el documento del presidente Santos acoge con claridad y entusiasmo un viejo y desoído clamor de los municipios de la periferia y atiende los enunciados de estudios del observatorio del caribe y de importantes investigadores, casi que sin hacer reparos ni reticencias a las propuestas, estrategias, cifras y urgencias de aquellos documentos.

De conformidad con las limitaciones que la Constitución impone al parlamento en términos de iniciativa en gasto público, este congreso no podría ocuparse de estos temas de la democracia, y el desarrollo socio-económico, sin la anuencia y testimonio de la rama ejecutiva. entonces, en vez de una limitación, esta vez estamos frente a una auspiciosa confluencia. El ejecutivo y el congreso estaríamos inaugurando el periodo constitucional y la legislatura con una coincidencia fundamental en materia esencial.

El proyecto de ley que anuncié en mi discurso del 20 de julio no tendría obstáculos.

No exagero si digo que estas noticias no sólo son estupendas. Son revolucionarias. Creo que si todo esto se implementa en este congreso con la celeridad y firmeza que la ocasión impone, esta legislatura y este gobierno recibirán de inmediato el crédito de haber propiciado un acto histórico, trascendental en términos de democracia, de igualdad, de cohesión social y de desarrollo.

No puede prolongarse en el tiempo la falsa dicotomía entre los objetivos de crecimiento y la reducción de las disparidades porque estos objetivos se complementan.

Como bien dice el economista e investigador Adolfo Meisel, "la magnitud de los recursos que se transferirían, con el fondo de compensación, no es mayor que los recursos adicionales de presupuesto que se han entregado en tiempos recientes a las regiones más prósperas."

De modo que, señor presidente Santos, yo quiero solicitarle en esta tarde, y en nombre de todos los 8 departamentos de la Costa Caribe, de Norte de Santander, de los municipios de Arboletes, Necoclí, San Juan de Urabá y Turbo en el caribe antioqueño; de Cauca, Chocó, Nariño, y Buenaventura en el Pacífico; de Amazonas, Caquetá , Guaviare, Putumayo, Vaupés, Guainia, Arauca, Casanare, Meta y Vichada, en fin de toda la periferia empobrecida y excluida de Colombia, que propiciemos un rápido acuerdo entre el gobierno y el Congreso sobre los puntos esenciales de este instrumento del fondo regional de compensación, a fin de disponer a la mayor brevedad de una ley que proclame que Colombia quiere caminar y efectivamente camina hacia senderos de equidad, igualdad y justicia.

Quisiera referirme a otro aspecto no menos esencial en la vida del Congreso, como lo es la restauración y recuperación de su dignidad perdida. Entiendo por dignidad la calidad o bondad por la que algo o alguien goza de especial valor, estima y reconocimiento. En las organizaciones esa dignidad es la base de los derechos fundacionales de la democracia, la finalidad esencial e irrenunciable del estado de derecho.

Nosotros tenemos que admitir con humildad crítica que los congresos ocupan los últimos lugares de la aceptación pública. Allá afuera se nos percibe como un cuerpo extraño y ajeno. Los niveles de confianza que nos atribuyen suelen ser deplorables. Es posible que no advirtamos que ya no representamos a nadie, sino a nosotros mismos.

Los ciudadanos no se reconocen en sus congresistas. Y parecería que no lo lamentamos lo suficiente. Por anticipado no creen en nuestros programas y ofertas electorales. Nos dispensan escandalosos niveles de tolerancia frente a la mentira. hasta tengo la impresión de que los ciudadanos piensan que la mentira es viable y factible, y que hace parte de nuestro oficio y de nuestras rutinas.

La democracia tomada en serio es el ciudadano tomado en serio. El poder no puede mentirle al ciudadano porque el ciudadano es la única posibilidad de la democracia,

La democracia existe en mayoría. Otra forma de debatir y decidir parecería extravagante. Pero la soberanía de la mayoría reside en que mañana esa mayoría puede decidir lo contrario. Y sobre todo, en que esa mayoría puede ser sustituida por otra mayoría, de seguro la minoría de ayer.

Si negamos a las minorías la expectativa de dejar de serlo, habremos asesinado nuestra legitimidad.

Me comprometo a un esfuerzo enorme por luchar por un congreso en serio, por unos ciudadanos en serio, por una representación en serio. Y por un respeto absoluto de las minorías. De las que están en el congreso, y de los ciudadanos disidentes allá afuera. reemplacemos al ciudadano expósito y excluido de hoy, por el ciudadano representadoííí. ííííSalvemos a los partidos, porque sin ellos la democracia pierde sus contornos, se vuelve difusa, se diluye, se suicida.

Los partidos son imprescindibles en las democracias contemporáneas. registrar, reproducir y exacerbar las fallas y responsabilidades de los partidos, sin trabajar por su recuperación, equivale a resignarse a que las mafias, las capillas, el poder del dinero los sustituyan. Siempre que tengamos por partidos a unos costosos e inútiles cascarones, tendremos también una democracia vacía.

El país no puede incursionar en este siglo XXI sin una reforma electoral y política de gran aliento que recupere para el parlamento la dignidad perdida. Yo quiero, doctor Santos, pedirle en estos temas un compromiso vital: que el ejecutivo no se aproveche de las tribulaciones y debilidades del Congreso.

No más auxilios, explícitos o encubiertos. No más reciprocidades perversas entre las ramas del poder público. Sin un Congreso digno, el estado social de derecho siempre tendera a la ruina.

Este también es un mensaje para las altas cortes y para toda la rama judicial. yo los invito muy cordialmente, con un inmenso deseo de acertar, a un diálogo generoso en torno a una reforma política que fortalezca al estado social de derecho y restaure sus postulados y eficiencias esenciales. Ya habrá lugar a precisar todas estas buenas intenciones.

Por lo pronto quiero que sepan que la mesa directiva del congreso, ha venido trabajando y lo seguiremos haciendo, en medidas tendientes a mejorar la asistencia y la puntualidad, la participación en los debates y en la recuperación de la eficacia legislativa.

Señor Presidente, sin negar ni atenuar el canon que supone la política internacional un asunto ajeno a los parlamentos y exclusivo de la jefatura del estado, yo quiero decirle esta tarde, que no clausuramos, no obstante dificultades evidentes, la ilusión de unas relaciones estables, armónicas y productivas con los países vecinos, y más genéricamente con todos los países de Latinoamérica y el caribe.

El Congreso está dispuesto a cualquier esfuerzo que usted juzgue útil y pertinente. Un vecindario en paz es un imperativo histórico, ético, económico y político de nuestros pueblos. Puede usted contar con nuestra determinación, nuestra diligencia, nuestro entusiasmo, nuestra discreción y nuestra paciencia.

Por último, yo quiero hacer unas referencias a los presidentes Uribe y Santos.

Claro que la gestión de Álvaro Uribe puede medirse y palparse en indicadores de inversión nacional y extranjera, cobertura de salud, educación y saneamiento básico, seguridad y reducción de asesinatos y secuestros.

De hecho, esos indicadores, casi todos estimulantes, se utilizan a menudo para trazar a mano alzada la imagen y la estirpe del gobierno de éstos últimos 8 años.

Yo creo que mas allá de esos indicadores, más allá de la seguridad democrática y las confianza inversionista, los altísimos, los increíbles niveles de aceptación y de confianza de la opinión pública colombiana tienen adicionales fundamentos.

Tan abultados e inamovibles indicadores, que ningún teflón podría explicar con rigor, revelan que los colombianos, han sido seducidos por el nivel de compromiso que el presidente Uribe exhibió durante los ocho años de su gestión.

No hay en todo el continente un caso así, tan expresivo y continuado. No hay tampoco un caso así, en la política mundial. Puede decirse sin exageraciones que Álvaro Uribe Vélez es un fenómeno universal de opinión pública literalmente irrepetible.

Creo dos cosas esenciales: que los colombianos se parecen mucho, muchísimo a Álvaro Uribe Vélez, y que esa especie de comunión y fascinación atravesó y moldeó el acontecer de éstos últimos 8 años. Gracias señor presidente por su compromiso y sus ejecutorias.

Doctor Juan Manuel Santos: para bien o para mal, a usted le ha tocado en suerte suceder a semejante y vigoroso personaje de la escena política nacional.

Por una parte, usted recibe un legado de su gestión. y por otro lado, usted sentirá el rigor y el riesgo de parecer distinto al carisma embrujador de Uribe. Nadie es un calco de nadie. No existen clones en política, sino confluencias ideológicas y programáticas. eso, que es una verdad simple, es sin embargo utilizado por los adversarios, los suyos, los de Uribe y los de ambos, para anticipar contraflujos y conflictos.

El país puede estar tranquilo. Conoce las coincidencias esenciales que el ejercicio del ministerio de defensa y la campaña electoral mostraron. Y conoce también, las necesarias diferencias de énfasis, de talante, de prioridades que solemos exhibir los mortales frente a nuestros semejantes.

Déjeme decirle señor presidente santos que el país le acompaña, que el país está tranquilo, que el país está satisfecho con los ministros escogidos, con los resultados de su gira por el exterior y con el tacto exhibido en las semanas previas a su posesión.

Digámoslo en clave caribe: buen viento y buena mar señor presidente. Que la democracia, la igualdad, la equidad y la prosperidad resulten fortalecidas en su gobierno.

Muchas gracias.

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El discurso de Benedetti se

El discurso de Benedetti se lo debio hacer el papa...y el tipo ni sabia leer. Ademas parecia que fuera la posesion de el...