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La Constitución del 91, una revolución estudiantil

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A finales de la década de los años 80 del siglo pasado el país  estaba en medio de una de las peores crisis que jamás haya vivido, a causa de la violencia de  las guerrillas, los nacientes grupos paramilitares, el narcotráfico y la falta de fe en un Estado que  parecía no actuar ante semejante situación.

     Colombia presenciaba cómo eran asesinados varios candidatos presidenciales. La gota que  pareció derramar el vaso (aunque la violencia y los magnicidios continuarían) cayó un viernes  fatídico, el 17 de agosto de 1989, cuando asesinaron casi simultáneamente a tres  personalidades: al coronel Valdemar Franklin Quintero, comandante de la policía de Antioquia; al  magistrado de la Sala Penal de la Corte Suprema Hernando Baquero Borda y al candidato presidencial Luis Carlos Galán. Especialmente con esa muerte, el país parecía perder las  esperanzas.

     Sin embargo, en las universidades el espíritu de los estudiantes se resistía a ceder ante el miedo  y la violencia.

     La figura que canalizó ese sentimiento fue el joven Fernando Carrillo, quien posteriormente se  convertiría en uno de los constituyentes y más tarde Ministro de Justicia. En ese momento era  profesor en la Javeriana, en la Santo Tomás y en los Andes, universidades de Bogotá.

     “Una semana después del magnicidio de Galán se decidió organizar la marcha del silencio, salí  liderando la marcha desde la Javeriana, en la séptima con 45; desde el Rosario salieron Marcela  Monroy y Camilo Ospina; del Externado otros líderes; Fabio Villa desde la Nacional y nos  encontramos en el Cementerio Central como a medio día, era una marcha de silencio absoluto,  era un poco el tema de la rebelión pacífica. A partir de eso tomaron mucha fuerza las mesas de  trabajo en la universidad privada y pública” cuenta Carrillo.

     Las mesas eran sobre reformas sociales, económicas, a la justicia, a la política, de cómo luchar  contra el narcotráfico y contra el crimen organizado. Los estudiantes se unieron bajo el lema: “por  todo lo que nos une, contra todo lo que nos separa”.

     Recuerda Carrillo que fue la primera vez que hubo una marcha estudiantil de universidad pública  y privada buscando el mismo objetivo.

     “Así transcurren tres meses. Después, comenzamos a pensar en cómo reformar la Constitución.  En clase yo había planteado algunas ideas, en el marco de que como se iba a acudir a las urnas  el 11 de marzo de 1990, cuando había elecciones (fue la última elección en la que se votó con  papeleta), teníamos la oportunidad de que la Registraduría contara una más cuando se votara  para elegir senadores, representantes, diputados, concejales, alcaldes y consulta popular del  Partido Liberal”.

     “Así que dijimos: metamos una papeleta nueva”, recuerda Carrillo. Se trataría de la séptima, con  la cual los ciudadanos solicitaban la convocatoria de una asamblea nacional constituyente.

     “Era profesor de derecho constitucional y me puse en la tarea de hacer toda la fundamentación  jurídica de por qué era viable la séptima papeleta, luego fui a El Tiempo y al subdirector, el actual  presidente Santos, le gustó el cuento y me dijo escríbase una columna y se la mandé el sábado 2  de febrero del 90”, recuerda Carrillo.

     En dicha columna sustentaba por qué era necesario que Colombia tuviera una asamblea que  renovara una Constitución que había sido creada en 1886 y que ya no se ajustaba a la realidad  en la que se encontraba el país.

     La columna salió publicada el martes 6 de febrero del 90 en El Tiempo, y se convirtió en una bola  de nieve. A los 15 días Juan Manuel Santos escribió un editorial apoyando la séptima papeleta y  todos los grupos políticos comenzaron a subirse a ese bus.

     El mismo presidente de la República cuenta el episodio: “Fueron a mi oficina unos muchachos  liderados por Fernando Carrillo y me dijeron vamos para esta idea de la séptima papeleta a una  constituyente, me fui donde el presidente López (Alfonso, liberal que había gobernado entre 1974  y 1978) y escribimos una editorial entre él y yo, mi padre y mi tío estaban por fuera (el Director y el  Editor de El Tiempo, Hernando y Enrique Santos). Cuando regresaron me regañaron muchísimo,  pero ya estaba escrito. Luego los muchachos fueron a pedirme que si imprimía las papeletas y  también les autorice la impresión de las papeletas, eso llevó a la carta que hoy nos rige”.

     Por su parte, el exconstituyente y hoy director del Centro de Estudios Constitucionales Plural,  Armando Novoa, cuenta que la llegada de la séptima papeleta fue producto inicialmente de la  idea de los estudiantes, pero a su concreción y a su apoyo masivo concurrieron muchas voces,  los medios de comunicación, los partidos políticos, la academia y un peso determinante tuvo el  apoyo que se le dio con la desmovilización de grupos guerrilleros.

     La lucha de los estudiantes no cesó allí, una vez la sociedad acogió la adopción de la séptima  papeleta, fueron estos jóvenes quienes se encargaron de informar a los ciudadanos a través de  los distintos medios de comunicación de la época la forma como se tenía que votar.

     Tampoco se logró que la Registraduría distribuyera dichas papeletas; era responsabilidad de  cada ciudadano acudir a la urna con su propia papeleta y depositarla. Carrillo cuenta que ya eran  mediados de febrero y las elecciones eran el 11 de marzo, “entonces tocó organizar comités  estudiantiles por todo el país, y enseñar a la gente a hacer las papeletas”.

     Los estudiantes acudieron a las radios contándole a la gente cómo podían hacerlas. Finalmente  muchas de las depositadas en las urnas terminaron siendo manuscritas. Los jóvenes en muchas  ciudades realizaron un escrutinio informal que arrojó como resultado que más de dos millones de  personas depositaron la séptima papeleta.

     “La Registraduría nunca las quiso contar, pero para los efectos, algún día dentro de sus actas  tendrá que estar contabilizado como ese elemento extraño que entró a las urnas el once de  marzo”, manifiesta Carrillo

     La lucha de los jóvenes por un país moderno que le diera herramientas al Estado, particularmente  a la justicia, para luchar contra la violencia había dado su primer paso, ya no había marcha atrás.  Se produce entonces un reconocimiento del presidente Virgilio Barco (liberal 1986-1990), hubo un  hecho político, se expidió un decreto (de Estado de Sitio) y se obligó a la Registraduría a contar  lo que sería la segunda papeleta, que fue la incorporación en el tarjetón de la elección  presidencial de 1990 de la pregunta sobre si se quería o no la constituyente.

     La Corte Suprema reafirmaría la decisión y dejaría la puerta abierta para crear no una reforma a la  Constitución, sino una Asamblea Constituyente. A ella acudirían los sectores políticos más  disímiles y contrarios, desde 25 liberales hasta 9 conservadores, pasando por 19 de la Alianza M- 19, algunos de ellos desmovilizados del grupo guerrillero y 11 representantes de Salvación  Nacional, movimiento disidente del conservatismo, de grupos indígenas, de la UP (que había  salido de las Farc)  y de otros sectores nacionales.

     La Asamblea fue un evento histórico. Ver cómo el líder conservador Álvaro Gómez Hurtado se  sentaba a debatir al lado de quienes en el pasado habían sido sus secuestradores, era un hecho  sin precedentes.

     Cuenta Armando Novoa que el proceso constituyente los cambió a todos. “A unos que teníamos  un discurso más radical de cambio político y social nos hizo entender que eran necesarios los  consensos y la concertación y que eso implicaba acercarnos al centro político, a quienes tenían  un discurso conservador, los hizo entender que el país no cabía en los moldes de ese viejo  esquema de la Constitución de 1886 y que por consiguiente había que abrir la política a nuevos  actores y a nuevos escenarios y ver que la constitución anterior no era suficiente para garantizar  la democracia en Colombia”.

     Todo el mundo llegó con sus propuestas y el proceso de la Constituyente obligó a buscar  consensos; eso implicó renunciar a algunas cosas para llegar a acuerdos y defender unos  principios y unas orientaciones que cada partido consideraba que eran imprescindibles para que  se anexaran a esa Constitución. “Por eso es una Constitución de todos”, afirma Novoa.

     Incluso dicen que el espíritu de acuerdo de aquel entonces fue tan grande que Álvaro Gómez, al  llegar, dijo abiertamente que él iba a nombre de Salvación Nacional, para defender la  Constitución del 86, pero poco a poco se fue convenciendo de que había que luchar era por la  nueva Constitución y terminó siendo uno de los más importantes impulsores, formando parte de la  presidencia tripartita, junto al liberal Horacio Serpa y a Antonio Navarro, del M-19.

     En el Centro de Convenciones Gonzalo Jiménez de Quesada se trabajó en jornadas que iban de  8 de la mañana hasta las 3 de la mañana del día siguiente. Allí sucedió de todo, incluso cuenta  Carrillo que desaparecieron todos los archivos unas semanas antes de la expedición de la  Constitución. “Entonces la pregunta era quién tenía finalmente el texto de la Constitución, hay  quienes dicen que el texto que se firmó no es el mismo que apareció más adelante, precisamente  por las dificultades tecnológicas que había en ese momento, era como el descubrimiento de una  gran cantidad de cosas al tiempo, fue inventarse una nueva forma de trabajar”.  

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Comentarios

Es que lo hemos dicho,a lo

Es que lo hemos dicho,a lo largo de la historia han sido los jovenes los protagonistas de los cambios.
Los estudiantes nuestros apaticos al desarrollo de la ciudad y el pais,indiferente frente a los procesos politicos,han permitido con esta actitud que hoy demos cuenta de una clase dirigente decadente y vergonzante.
Si ellos participaran activamente en los debates politicos,ya hubieramos renovado a los politicos corruptos que insisten en gobernarnos.

la verdadera reforma politica

la verdadera reforma politica es ke no haya reeleccion por mas de dos periodos en ningun cargo de eleccion popular, de esta manera habra mas participacion ciudadana y una verdadera democracia participativa
yo me pregunto ke hace el senador gerlein todavia en el congreso hasta cuando y asi otros mas