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Lo que va de la Unidad Nacional a la división nacional

Hace dos años por esta época el presidente electo de entonces, Juan Manuel Santos, finiquitaba lo que era la coalición de gobierno con la cual espera tener las mayorías en el Congreso de la República y lograr que sus herramientas para la prosperidad se convirtieran rápidamente en norma legislativa.

El 28 de julio de ese mismo año Santos colocó el sello de lo que desde ese momento se empezó a llamar la Unidad Nacional, al reunir en el Hotel Casa Medina alrededor de una mesa a quienes hasta ese momento eran detractores políticos entre sí, el presidente del partido Liberal, Rafael Pardo; el presidente del partido Conservador, Fernando Araújo; el jefe de Cambio Radical, Germán Vargas Lleras, y el entrante presidente del partido de La U, el senador Juan Lozano.

Liberales y varguistas eran la oposición al presidente de ese momento, Álvaro Uribe, quien al cierre de su mandato sólo tenía el respaldo de conservadores y su partido, la U, quienes le fueron firmes desde agosto de 2002.

La legislatura de ese primer año 2010-2011, gracias al manejo audaz que le dio Vargas Lleras, permitió al mandatario nacional que la coalición le aprobara entre otras el plan nacional de desarrollo, la Ley de Víctimas, las reformas constitucionales que eliminaba la Comisión de Televisión y la de Equilibrio Fiscal, entre otras.

Y hace un año, el 20 de julio, al momento de instalar las sesiones ordinarias del Congreso, Santos sorprendió a todo el mundo, incluso a sus mismos socios políticos, que la coalición se reforzaba a partir de ese momento con un nuevo integrante, el Partido Verde, el mismo que un año atrás a la cabeza de Antanas Mockus le había competido en la justa presidencial.

Con unas mayorías ya absolutas, Santos empezó su segundo año de Gobierno, en el cual volvió a recibir un gran espaldarazo del Congreso cuando en diciembre de 2011 le aprobaron, en medio de una controversia nacional, la reforma al sistema de regalías.

En ese camino de mayorías y de inmensas alegrías políticas, el Gobierno Nacional tan sólo había sufrido un gran tropiezo, el hundimiento de la reforma a la educación. Tras dos tormentosos meses que estuvieron llenos de cientos de protestas con miles de manifestantes en todo el país, el presidente Santos decidió retirar la reforma a la Ley 30 o Ley de Educación Superior.

La clausura del período de sesiones de diciembre de 2011 terminó con un resultado agridulce para el Gobierno, uno de sus principales objetivos, la Reforma a la Justicia llegó a la mitad de su camino, cuatro debates, pero en medio de la controversia y el rechazo de Rama Judicial, que advertía que esa enmienda constitucional era inconveniente y sólo beneficiaba al Congreso. (Lea más sobre Reforma a la Justicia)



LO QUE MAL INICIA…

El malestar en ese momento en la Unidad Nacional ya era latente, en particular porque conservadores y la U acogieron la propuesta del expresidente Álvaro Uribe, que la reforma constitucional incluyera lo referente al fuero militar, porque la situación de orden público venía empeorando, y criterio del exmandario y el conservatismo las tropas estaban perdiendo la moral.

La decisión de Santos en ese momento fue dejar en manos de una comisión de muy alto nivel las recomendaciones sobre cómo se debería hacer la reforma a la justicia penal militar. El 19 de abril y ya en el quinto debate a la Reforma a la Justicia, se retiró el artículo referente al fuero militar y con el mismo se confirmó el distanciamiento de la bancada conservadora y de los senadores pura sangre del uribismo, Juan Carlos Vélez y Manuel Enríquez.

La verdad es que al interior de la Unidad Nacional las relaciones del Gobierno con el Conservatismo han sido muy tirantes casi desde el inicio del Gobierno.

El primer distanciamiento se dio en noviembre de 2010 cuando se estaba tramitando el Estatuto Anticorrupción, momento en que el entonces ministro del Interior, Germán Vargas Lleras, se enfrentó con quien era presidente de la Comisión I, el senador Eduardo Enríquez Maya. La razón según trascendió por el conservatismo estaría frenando las leyes por la reestructuración de entidades del orden nacional en las que el Gobierno le estaría dando más cabida a los liberales.

Cinco meses después, marzo de 2011, pero ya por las facultades exrtraordinarias para crear y liquidar entidades, se dio otro enfrentamiento con el conservatismo, en donde el ministro Germán Vargas volvió a ser protagonista.

Sin embargo ha sido el 2012 el año en que las relaciones de Santos con el conservatismo se han fraccionado mucho más. En abril pasado y por los cambios en ministerios, en donde salió Beatriz Uribe del Ministerio de Vivienda, los conservadores aseguraron que estaban recibiendo un tratamiento de tercera de parte del presidente Santos.

Fue el 10 de mayo cuando el conservatismo puso a tambalear a la reforma a la justicia en el sexto debate. Fue en ese momento cuando esta bancada se opuso a que se acabara el Consejo Superior de la Judicatura, y fue tan sólo cuando hubo un cruce de llamadas a la casa de Nariño y la asistencia de varios ministros, se salvó la reforma.

En la U las cosas son diferentes, tras un inicio en que la mayoría de los 85 congresistas (senadores y representantes) atendían más las orientaciones del expresidente Uribe, Santos logró conseguir el apoyo de parlamentarios que en el pasado fueron llamados uribistas pura sangre, Armando Benedetti y Juan Lozano.

Sin embargo la tendencia que le es fiel a Uribe, los congresistas Miguel Gómez y Juan Carlos Vélez, han sido muy críticos al Gobierno y fueron ellos quienes advirtieron el fatídico camino al que llegaría la Reforma a la Justicia sino era modificada a tiempo.



EL CÚMULO

Pero el remezón al interior de la Unidad Nacional se dio hace una semana con el resultado final de la reforma a la justicia, cuando el presidente Juan Manuel Santos responsabilizó a todo el Congreso en cabeza de su coalición de gobierno que pretendió pasar la misma plagada de micos.

Los resultados no se demoraron en verse. Todos los partidos, incluidos los de gobierno, la oposición y los independientes aseguraron que las relaciones con el Gobierno están prácticamente rotas y que será muy difícil volver a componerlas.

Incluso el senador de la U, Roy Barreras, quien de cumplirse los acuerdos políticos sería el nuevo presidente de la corporación desde el 20 de julio, vaticinó que serán unos meses complicados los que vienen en la relación con el Ejecutivo.

“Cuánto trabajo tendrá que hacer el Gobierno para restablecer la confianza con todos los partidos, no se puede gobernar con titulares de prensa sino realidades jurídicas y políticas. Los congresistas no son solo instrumentos para usarlos de manera indolente”, sostuvo.

El miércoles de la semana que termina en su intervención ante la plenaria que discutía el hundimiento de la reforma Barreras sostuvo que: “Hoy este es un Congreso atropellado y tirado en el suelo, abandonado por el linchamiento mediático, y le estamos dando un voto triste de confianza al gobierno”.

En el mismo sentido se pronunció el senador y presidente del conservatismo Efraín Cepeda, quien aseguró que no será fácil volver a recobrar la confianza del Gobierno, y aunque no se declaró en la oposición Cepeda, dijo que ya su partido no irá sin objeción alguna a acompañar las peticiones del Gobierno, y en particular anticipó que uno de esos temas para analizar a profundidad será la reforma tributaria.

La senadora del Partido Verde, Gilma Jiménez, quien sería la segunda vicepresidente de la corporación en el próximo período de sesiones, dijo que “al Gobierno le pasa y no aprende”, en relación con la crisis nacional que se dio en noviembre del año pasado con la reforma a la educación, que para la senador había sido el principal revés de Santos en el Congreso.

Y es el mismo ministro del Interior, Federico Renfijo, quien resume de una manera muy particular la situación en que se encuentra la relación entre Ejecutivo y Legislativo, “hoy, la verdad sea dicha, tenemos una especie de matrimonio con dificultades, pero un matrimonio en el que queremos seguir juntos”.

Aunque fue objeto de un gran desplante de parte del Congreso que no lo dejó hablar el jueves y hasta ser abucheado, Renfijo dijo que ya está en la tarea que el matrimonio vuelva a su mejor momento, “invitaré al Congreso para que trabajemos con el mismo compromiso y dedicación que hemos demostrado en las dos primeras legislaturas”.

Vienen días muy difíciles en esa relación, y será el 20 de julio, cuando se instale el nuevo período de sesiones cuando se sabrá si al matrimonio de la Unidad Nacional se le irá alguno de sus protagonistas políticos.

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