Último adiós al ex canciller Augusto Ramírez Ocampo

Augusto Ramírez Ocampo murió a los 77 años de edad y fue quizá uno de los hombres que más luchó por la paz del país y del continente. Desde los inicios de su carrera política y hasta el último día, hizo parte del Partido Conservador.

Sus más allegados amigos lo describieron como una persona “muy humana” y “conocedor integral del país”. “Fue un hombre de carácter, estadista con una extraordinaria visión humana, un gran amigo”, manifestó Fernández de Soto, quien fue delegado por la familia de Ramírez para hablar con los medios de comunicación.

A finales de mayo, Ramírez Ocampo sufrió un preinfarto, sin embargo, esto no lo alejó de su ejercicio profesional y menos en plena conmemoración de los 20 años de la Constitución, de la que fue partícipe activo como constituyente.

A las 11:30 de la mañana del miércoles llegó el cuerpo del excanciller acompañado por familiares y amigos cercanos. Minutos más tarde, empezaron a llegar personalidades de la política colombiana.

“Esta ha sido una dolorosa pérdida para el país”, fue la frase que más se escuchó entre los que asistieron a la velación y conocieron el trabajo que adelantó Ramírez por la paz de Colombia.

Este jueves se celebrará una misa en la Catedral Primada de Bogotá y, posteriormente, se dará el último adiós al excanciller que hoy es recordado como el embajador de la paz.

EL AMIGO Y MAESTRO

Guillermo Fernández de Soto, quien no solo fue su amigo sino su vicecanciller en el gobierno de Belisario Betancur, llegó minutos después del féretro y desde ese momento se mantuvo junto a la familia.

Aseguró que su relación con Ramírez fue de una amistad profunda y además fue su “maestro”, quien “me dio probablemente la más importante oportunidad en mi vida cuando me nombró vicecanciller y eso me cambió la existencia”.

Para Fernández de Soto, el mayor legado del canciller fueron los principios y valores, además “la defensa de los temas sociales que tanto lo cautivaron. Augusto fue uno de esos colombianos que las nuevas generaciones tendrán que recordar”.

Otro gran amigo del excanciller fue el vicepresidente de la República, Angelino Garzón, quien aseguró que gran parte de su carrera profesional se la agradece a Ramírez porque también fue su “maestro”.

“Éramos muy amigos, para mí él era mi maestro, era mi consejero, gracias a su generosidad fui miembro de la Comisión de Conciliación Nacional, gracias a su generosidad fui Ministro de Trabajo. Gracias a sus enseñanzas en los diferentes cargos que he sostenido he podido salir adelante”, reconoció Garzón.

También destacó su entrega por la defensa de los Derechos Humanos y la paz. “Él era un hombre bueno en el sentido integral de la palabra, gozaba con los éxitos de los demás, tenía el principio de que es mejor dar que recibir, para mí fue un apóstol en la lucha por los Derechos Humanos, la paz y por la reconciliación”.

El presidente de la República, Juan Manuel Santos, lamentó el fallecimiento de Ramírez y reconoció que fue una persona que aportó conocimiento para que Colombia avanzara en temas de paz.

“Lamentamos enormemente esta muerte y enviamos nuestras condolencias a su señora Elsa y a todos sus familiares”, manifestó Santos.

SU PASO POR EL PARTIDO CONSERVADOR

El senador por el partido Conservador y expresidente de esa colectividad, Efraín Cepeda, recordó que Augusto Ramírez pasó su vida militando en ese partido y se destacó por su empeño en mejorar las relaciones exteriores.

“Se nos fue una autoridad suprema en la materia de relaciones exteriores y hoy solo podemos decir, paz en su tumba, con el corazón compungido como copartidarios de Augusto Ramírez Ocampo”, dijo Cepeda.

CARGOS PÚBLICOS

Augusto Ramírez ocupó diferentes cargos diplomáticos y políticos que para sus allegados fueron de admirar. Guillermo Fernández de Soto destacó su vida pública y dijo que la manejó con “pulcritud y con eficacia”.

Durante los gobiernos de los presidentes Andrés Pastrana Arango y Álvaro Uribe Vélez, fue una de las voces que más habló sobre el tema de la paz y las relaciones internacionales, no sólo por haber sido Canciller de la República durante el mandato de Belisario Betancur, sino por su trabajo en búsqueda de la paz en la mesa de diálogos con la guerrilla del ELN en La Habana, Cuba, y su exitosa labor como representante especial en El Salvador del  Secretario de las Naciones Unidas durante el proceso que vivió ese país para conseguir la paz.

Sus opiniones en la época de crisis del Gobierno Uribe con el presidente de Venezuela, Hugo Chávez,  siempre buscaron la conciliación entre los pueblos y la salida de los gobiernos para conseguir la paz en Colombia y evitar una confrontación entre países vecinos.

Fue Alcalde de Bogotá en la década de los ochenta, siendo el primer impulsor de la ciclo vía en la ciudad y la vía Circunvalar, pero sin duda su vida la dedicó a cercar el camino que condujera al fin del conflicto armado en Colombia.

Su trabajo en los últimos años así lo demuestra como miembro de la Comisión de Integración de Conciliación Nacional y Consejero Especial  del Director General de la UNESCO para la Cultura de la paz.

Otro de sus importantes papeles dentro de la vida nacional fue su labor dentro de la Asamblea Nacional Constituyente en 1991.

El vicepresidente de la República, quien también hizo parte de la Asamblea, recordó que “buena parte del contenido de la Constitución en todo lo que tiene que ver con los derechos fundamentales, humanos, sociales y ambientales, tiene el aporte de Augusto Ramírez”.

También se desempeñó como concejal y presidente del Concejo de Bogotá y fue congresista. Recibió el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional.

Se desempeñó como director del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en América Latina y el Caribe, director del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), ministro de Desarrollo y fue condecorado con la Máxima Orden por casi todos los países de América Latina y los principales países Europeos.

Estuvo al frente del equipo diplomático de Colombia, junto Guillermo Fernández de Soto, en el diferendo limítrofe que el país tiene con Nicaragua ante la Corte Penal Internacional de Justicia de La Haya por el meridiano 82.

Fue autor de las siguientes obras: “Por Colombia”, “Contadora”, “La nueva OEA”, “La deuda y el consenso de Cartagena”, e “Integración en las fronteras”.

En su paso como canciller de la República, luchó por la paz en Centroamérica, siempre se preocupó porque Colombia desde esa época ya se insertara en el mundo del pacífico. Estuvo dedicado últimamente a encontrar formulas para la solución del conflicto en Colombia de manera pacífica, pues creía en la paz como resultado de una solución negociada y no como resultado de una confrontación.

“Era un hombre que tenía una visión universal de nuestra política exterior, que siempre pensó que Colombia debía mirar al Universo. Él era un convencido de la paz, de que vamos conseguir la paz de manera negociada. No era amigo de la confrontación, concluyó Fernández de Soto.

 

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