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"Quiero recuperar a mi hija"

El sábado 11 de octubre, a las 4:30 de la tarde, David* entró por su propia cuenta a la Corporación del Desarrollo Humano “Cordeshu”, el nuevo hogar de paso del Distrito que funciona desde hace un mes en el barrio Ceballos. Tuvo su primer contacto con la droga a los 7 años, hoy tiene 45 y ha decidido dejar de consumirla para recuperar el tiempo perdido con su hija de 22 años, una estudiante universitaria que reside con sus abuelos.

¿Cómo terminó en la calle?

Llevaba 10 años en la calle por culpa de la droga. Dormía donde me cogiera la noche, vivía con mi papá, pero llegó un tiempo en que me puse conflictivo y me fui de la casa. Él murió y yo seguí mi vida desordenada.

Empecé con la marihuana a los 7 años, por un familiar al que veía consumirla. Un día se me dio por coger un cacho (cigarillo pequeño) que había dejado por ahí, lo prendí y mi reacción fue irme en pura risa, casi pierdo el conocimiento, recuerdo que entró alguien a la casa y me vio tirado en el suelo, se dieron cuenta de que había fumado porque al lado mío estaba el cacho.

Luego conocí la cocaína, como a los 12 años, ya llevo 33 años metiendo kilos y kilos de eso. Lo mío era droga las 24, las 48, las 72, las 96, las 128 horas, mejor dicho, no dejaba de consumirla ni un solo día. Porquería es lo que metía, eso es mierda, pero es la realidad de mi vida.

¿Cómo ingresó al hogar?

Me enteré de la corporación por un hermano y entré porque no quiero consumir más droga. Ya estoy cansado de esa maldita vaina, ya no aguanto más, ya no resisto, siento que he desperdiciado los momentos más importantes de mi vida, me dediqué al peor de los actos: la drogadicción. Desde que entré a este sitio no he consumido más nada y si les digo que no he sentido ganas de meterme un pase les estoy mintiendo, me han dado crisis, pero le doy manejo, me gusta la cocina, hacer el aseo, en fin, trato de hacer actividades que me mantengan pensando en otra cosa.

¿Su hija sabe que está aquí?

No sé si está enterada. Ella es mi mayor motivación para salir de la drogadicción, quiero recuperarla, que sepa ella que apenas consiga un buen trabajo la voy a ayudar en todo lo que necesite, en lo que sea posible, yo la estuve ayudando, pero cada vez que tenía un empleo lo dejaba por estar consumiendo. Fui comerciante, vigilante y mensajero.

La cocaína me volvió una persona diferente. Aquí llegué sucio, barbón, no me cepillaba los dientes, no tenía nada, pero les digo una cosa, si he decidido quedarme en el hogar es porque ya sé lo que es la calle, sé que hay amistades que me invitarán a drogarme así no tenga dinero.

Ahora lo que quiero es recuperarme y para recuperar a mi hija. Su abuelo me dice las necesidades que ella está pasando, que tiene que trabajar duro, que tiene que esforzarse mucho, que él la ayuda pero no es suficiente, entonces eso me tiene dando vueltas la cabeza, yo estoy vivo y puedo hacer mucho por ella.

¿Algún mensaje para la gente?

A los que están en las drogas, o en cualquier vicio, lo primero es recordarles que arriba hay un Dios en los cielos, que se agarren de Él como lo hice yo, que no miren para atrás, que se despojen de todo, que si tienen a sus familias que no desperdicien los mejores momentos con ella, que abracen a sus hijos, a sus madres, hermanos, a todos, y aférrense a ellos.

EL HOGAR

Tiene capacidad para 35 personas, cuenta con un equipo de sicólogos, médicos, enfermeros y trabajadores sociales.

“Primero llegamos a sus cambuches, les contamos lo que hacemos, algunos aceptan, se pasan el día acá y les recordamos que hay gente que los quiere, que no se sientan olvidados, les decimos que el Gobierno está interesado en su rehabilitación, que lo pueden lograr por medio de las terapias. Les damos un kit de aseo, los peluquean y les ofrecemos cena y desayuno. La idea es que pasen la noche, algunos, como David*, prefieren quedarse todo el tiempo porque desean cambiar completamente”.  

*David: nombre ficticio para proteger la verdadera identidad de esta persona.

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