Cada vez que Rafael Torres ve la foto del tercero de sus siete hijos, Camilo José Torres Torres, rompe en llanto. Y no es para menos.
A Camilo José, de 39 años y quien perdió una pierna hace dos años luego que una volqueta lo arrollara, lo está llorando desde el lunes en la noche, cuando lo balearon en la sala de su casa, en Turbaco, sector Camino a Arjona.
Estaba junto a uno de sus tres hijos cuando un sujeto, que descendió de una moto en la que iba como parrillero, llegó a la residencia, metió una pistola por la reja que protege la puerta principal, que estaba abierta, y le dio dos balazos en la espalda.
El sicario huyó con su compinche y al herido lo socorrió un vecino, que en un carro particular lo llevó al Hospital Local de Turbaco. Allá llegó sin signos vitales, pues los proyectiles que recibió le afectaron varios órganos vitales.
Sus parientes están llenos de dolor y preguntas, pues aseguran que Camilo José Torres, quien trabajaba haciendo papeleos en el cementerio de Turbaco, no tenía problemas de ninguna clase, ni mucho menos amenazas de muerte.
Este es el segundo trabajador del cementerio de Turbaco asesinado en poco más de seis meses. El 15 de noviembre del año pasado mataron a Óscar Alcalá Díaz, sepulturero del mismo campo santo.
Estaba a solo unos pasos del lugar, junto a varios amigos, y de repente un sicario llegó y abrió fuego contra el grupo. Mató a Óscar y otro hombre resultó herido.
