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Ciberdetectives que se salen del estereotipo

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La curiosidad los mueve. También la malicia. Esa que hace que sus ojos se muevan en todas direcciones para pillar un descuido.

El más obvio que con frecuencia encuentran: la clave del computador del gerente general debajo del teclado de su secretaria.

Recuerdan un caso clásico. Llevaban horas rompiendo la seguridad en una empresa, y nada funcionaba. En toda compañía hay alguien que se apellida “Gómez”, y las claves más obvias, se construyen con la primera inicial del nombre y el apellido.íZaz!, entraron al sistema.

En realidad, este equipo de seis informáticos, el grupo de ataque y diagnóstico forense de Fluidsignal, no quiere hacer daño. Antes bien, “nos pagan para decirle a un cliente que tiene los calzones abajo”, dice Juan Diego Henao. Sus compañeros sueltan la carcajada.

Sin embargo, guardan un protocolo serio. Nada de lo que encuentran lo conservan, entregan la evidencia documentada y han construido una wiki de conocimiento, en diez años de existencia.

Hacen parte de un grupo más amplio de 35 personas, encargados de ayudar a gestionar la seguridad informática de sus clientes. Ellos pueden ir de corbata o jean, y a veces les toca viajar a municipios alejados para recolectar evidencia digital, por ejemplo, de un fraude bancario.

Aunque encuentran rastros de ataques deliberados, también recolectan huellas de descuidos lamentables. “No hay parche (de seguridad) para la estupidez humana”, dice con desparpajo Juan Diego, quien rompe el molde de la personalidad predominante en este grupo: introspectivos, tímidos y analíticos.

Así son. Excepto cuando les toca enfrentarse a un cliente. Allí sacan la fluidez propia de un perito, para decir qué pasó y brindar una solución. La ética es su bandera, dicen.

A pesar de que no les gusta que les llamen hackers, utilizan sus herramientas, producto de años de lecturas, aprendizajes y uno que otro ensayo fuera de entornos controlados. “Quienes realmente son, no se precian de divulgarlo”, dice Juan Rafael Álvarez, director de Producción.

Luchan contra el mito que se ha forjado en las películas, de encapuchados tecleando frenéticamente, y mejor, promueven un enfoque racional de riesgos que se pueden evitar en un entorno muy conectado.

Son twitteros, hablan de gadgets y ya no le comen cuento al Facebook y menos para divulgar su vida privada. Nadie entiende lo que hacen, y a veces es preferible salirse por la tangente y decir que “arreglan computadores”. De nuevo ríen.

Ni ellos se escapan a las malas prácticas. Marcan goles cuando alguno de los compañeros deja su computador descuidado. Entonces, se sientan en la estación sin bloquear y mandan un correo con una invitación. Al final del mes, el que fue pillado in fraganti invita a un suculento desayuno.

Aunque creen que la “fuga de información” puede ser inevitable, extreman medidas cuando es necesario. Si la comunicación es confidencial, encriptan el mensaje.

En su maletín no se encuentra un arsenal de espía para hacer bien su trabajo. La mejor estrategia es tan simple como presentarse de corbata y pedir información. “Hay quienes preguntan y se responden”, dice Juan Diego.

Hace rato se montaron “ a la nube”. Optaron por Google Apps (la parte empresarial), y le sacan provecho a comunicarse por Gtalk, en especial cuando están en teletrabajo.

Contra la pregunta reiterativa sobre si la nube es peligrosa, ellos reflexionan que siempre es más sensato delegarle a otros lo que saben hacer, a mayor escala, con más recursos e infraestructura. ¿O dónde está más segura su plata: debajo del colchón o en el banco?”, se pregunta Andrés Roldán. El banco es una nube de plata, añade, y usted ni se entera dónde está la bóveda.

Con el mismo sentido común y pericia que da la experiencia, van tras los huecos de un blindado sistema de seguridad. Le temen a un “verdadero atacante, ese que por años, nunca se nota en la empresa”, y pasan por alto a los lammerso scripkiddies (aficionados, con poco conocimiento técnico), que solo quieren figurar.

Van tras las huellas y la evidencia. Combinan malicia y experiencia, un asunto menos peliculesco de lo que cualquiera imaginaría.

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