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Rastreo de celulares, preocupante, pero necesario para muchos

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Una persona empeñada en proteger su privacidad puede desactivar una función de su teléfono multiuso que permite rastrear el lugar donde se encuentra. Pero ello significa renunciar al servicio que la llevó a adquirir un teléfono de usos múltiples.

Después de todo, ¿cuán atractivo es un iPhone o un teléfono basado en el sistema operativo Android si no puede usarse para ver el desplazamiento del vehículo propio por un mapa o para saber si hay un buen restaurante cerca del lugar donde uno se encuentra?     

El debate sobre la privacidad en la era digital se intensificó en días recientes, cuando surgieron noticias de que el iPhone y la iPad almacenaban durante un año o más las coordenadas donde se ubica el usuario, gracias al sistema de localización global (GPS). Los teléfonos que utilizan el software Android, de Google, guardan también los datos de ubicación de los usuarios.     

Y no sólo se almacenan datos _lo que permitiría que cualquier persona que se apodere del teléfono o de la computadora “tablet” sepa con mucha precisión qué lugares frecuenta el dueño_, sino que éstos son transmitidos a las compañías, que los utilizan con fines de investigación.     

Una semana después, el 27 de mayo, Apple Inc. negó que el iPhone conservase el registro de movimientos de sus clientes hasta un año y atribuyó a malentendidos las preocupaciones por la posible invasión a la privacidad.     

La compañía aseguró que un archivo de rastreo publicitado por investigadores en cuestiones de seguridad no almacena los lugares por los que pasan los usuarios, sino una lista de fuentes de Wi-Fi y torres para comunicación inalámbrica en su área general.     

Apple, sin embargo, prometió ajustes al programa para mitigar las preocupaciones que causa ese archivo.     

El 4 de mayo, la empresa actualizó el iPhone para reducir el tiempo durante el que este superteléfono almacena información sobre el paradero de sus usuarios.     

Apple informó que los datos de ubicación no serán guardados durante más de una semana, después de que se instalen los cambios del sistema operativo del iPhone.     

Negó que estuviera espiando a los usuarios del iPhone. Sin embargo, reconoció que una falla de software podría comprometer la privacidad, por lo que hizo los nuevos ajustes al sistema operativo del teléfono multiusos.     

Días antes, trascendió que los cuatro mayores operadores celulares del país habían asegurado que sí solicitan el consentimiento de los consumidores antes de utilizar la ubicación física de alguno de ellos para proporcionar instrucciones viales, programas que permiten encontrar a familiares y otros servicios basados en la ubicación.     

Las empresas solicitarían también permiso antes de compartir los datos de ubicación de un suscriptor con cualquier programa móvil externo que aporte servicios similares.     

Pero en una serie de cartas al Congreso, las compañías inalámbricas añaden que carecen de poder para requerir que los fabricantes de teléfonos, como Apple, o los creadores de aplicaciones basadas en ubicación soliciten en forma similar el consentimiento de los usuarios si esos programas no dependen de los propios operadores para rastrear el paradero de una persona.     

En realidad, los proveedores de servicio celular han guardado datos de ubicación de los consumidores casi desde el nacimiento mismo de los teléfonos móviles. Es así como se cercioran de encaminar las llamadas y el tráfico de internet al lugar correcto. Las autoridades analizan datos de ubicación en los iPhone para contar con evidencias en casos penales, una práctica que según Alex Levinson, jefe técnico de la firma Katana Forensics, ha ayudado a declarar culpables a muchas personas.     

Y tanto Apple como Google han dicho que los datos de ubicación recabados de los teléfonos son anónimos, por lo que no es posible vincularlos con usuarios específicos.     

Pero algunos legisladores y muchos usuarios opinan que el almacenamiento de los datos abre la oportunidad de que la información privada de alguna persona sea utilizada indebidamente. Levinson, quien planteó el asunto del rastreo del iPhone el año pasado, coincide en que la gente debe comenzar a concebir los datos de ubicación como algo tan valioso y digno de protegerse como lo sería una cartera o el número de una cuenta bancaria.     

“No sabemos qué van a hacer ellos con esta información”, dijo Dawn Anderson, directora creativa y productora de programas para internet en Glen Mills, Pensilvania, quien desactivó la función GPS en su teléfono basado en Android, incluso antes de que surgiera el debate más reciente sobre el tema.     

Anderson dijo que no se pierde de ningún servicio relevante de ubicación, pues usa una unidad independiente GPS en su automóvil.     

“Con cualquier tecnología hay riesgos y fallas”, añadió. “¿Cómo podemos saber que esto no será comprometido de alguna manera y usado con fines delictivos?”     

Los organismos defensores de la privacidad destacan que los datos de ubicación permiten conocer detalles de la vida privada de una persona, incluidos los médicos a quienes consulta, los amigos que tiene y los lugares donde suele pasar el tiempo. Las bases de datos repletas de esa información serían blancos atractivos de ciberpiratas y hostigadores o incluso de abogados en materia de divorcios.     

¿Y si alguien sincroniza su iPhone con su computadora? Todo lo que haría falta para averiguar dónde se encuentra esa persona es obtener un software gratuito que retira información de la computadora. Se obtendrían así datos de la hora de llegada y de salida y los lugares visitados, todo perfectamente marcado en un mapa.     

Se podría argumentar que la privacidad no es un derecho tan preciado en la actualidad. La gente, a sabiendas, comparte información cada día; marca los restaurantes y tiendas que visita, en redes sociales como Foursquare; carga fotos de sus fiestas en Facebook, para que las vean los amigos de los amigos de sus amigos, y emite mensajes en Twitter, con detalles de sus vidas.     

Más de 500 millones de personas han compartido su información personal con Facebook para ponerse en contacto con amigos en el servicio de redes sociales. Miles de millones de personas realizan búsquedas cada mes en Google y Yahoo, aceptando sus “cookies” o herramientas de rastreo en la internet, a cambio de tener acceso a la información digital del mundo.     

Además, tomando en cuenta que unos 5.000 millones de personas utilizan ahora celulares, la ubicación de un individuo se ha convertido en otro aspecto que puede usarse para el “marketing”, de la misma forma en que los anunciantes utilizan actualmente los registros de búsquedas en la Web para mostrar avisos de acuerdo con los intereses de alguien por un equipo deportivo, una afición o ciertas tiendas.     

Autumn Bradfish, alumna de segundo año en la Universidad de Iowa, no considera que haya problemas con el hecho de que las compañías telefónicas utilicen su ubicación para producir anuncios específicos, siempre y cuando le den ofertas relevantes.     

Señala que no desactivaría la función de rastreo en su iPhone porque disfruta la aplicación de mapeo que le permite encontrar nuevos restaurantes.     

“Soy tremenda con los mapas”, explica”.     

El solo hecho de que la ubicación de alguien sea un factor variable hace de esta información algo mucho más valioso para los anunciantes. Cada lugar que una persona visita es una nueva oportunidad de ventas. En ese sentido, la tecnología de los teléfonos multiuso es un tesoro para quienes buscan integrar información sobre potenciales consumidores.     

Y los posibles usos de esa información ponen nerviosos a algunos usuarios.

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