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Anorexia: más que una moda, una enfermedad

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La delgadez es considerada hoy sinónimo de belleza y estética. Aunque muchas personas logran nivelar su peso teniendo una vida saludable, para otras se convierte en una obsesión, llegando a sufrir una enfermedad llamada anorexia.

Pero a diferencia de lo que muchos pensarían, la anorexia no es una patología de los últimos tiempos. Experiencias como la de Estela Luz Pretelt, una cordobesa de 39 años, confirman que la anorexia no apareció hace poco.

“Soy una mujer feliz, con dos hijos a los que amo y una carrera profesional. Pero en el pasado tuve anorexia y es realmente un tormento. La mayoría de quienes la hemos padecido, hemos intentado suicidarnos en algún momento creyendo que de esta manera podríamos terminar con el problema”, agrega.

La anorexia corresponde a un trastorno alimenticio que se presenta por temor a aumentar de peso. No se conocen sus causas exactas pero según estudios, varios factores influyen, entre los cuales se encuentra el funcionamiento hormonal y una predisposición genética, la cual se despierta más rápido cuando existe presión social que obliga a ser delgado”, afirma la psicóloga, Patricia Rueda.

Comentarios pueden desatarla

El caso de Pretelt fue generado por un comentario. “Tenía 13 años y un día cualquiera cuando me tomaban las medidas para un vestido, una persona cercana a mi hogar dijo que mi cintura era muy grande y ancha para mi edad. Eso me quedó en la mente y sin quererlo empecé a pensar ‘voy a dejar de comer un poquito para que no sea tan ancha mi cintura’, entonces disminuí un poco de alimentos en cada comida, así duré un año”, cuenta.

Según la psicóloga Rueda, es más común en las mujeres, aunque se puede presentar en hombres, y generalmente comienza en la adolescencia. Unas de las primeras señales es empezar a remover alimentos del plato o disminuir la cantidad que se ingiere.

“Sin darme cuenta se me empezó a salir de las manos y comer cada día menos se me convirtió en un reto, entre más aguantara, mejor. Después desayunaba sólo un café con leche, luego me lo llevaba al baño y lo botaba, después me lo tomaba para que no sospecharan e iba al baño a meterme el dedo en la boca para vomitarlo. Me di cuenta que si apretaba el estómago fuerte y aguantaba respiración, el vómito salía más rápido”, señala Estela.

Cuenta que con el tiempo fue dejando de merendar y tomaba mucha agua. Pero agrega que unos dolores de cabeza muy fuertes la agobiaban.

“Yo me decía a mí misma que esos dolores eran iban a pasar. Me retaba a pasar una semana completa tomando sólo jugo y así. Aunque había una parte de consciencia que me preguntaba porqué lo hacía, yo pensaba que no estaba haciendo nada malo”, dice.

Para Patricia Rueda, una de las características de las personas anoréxicas, es la perfección y la exigencia cada vez mayor para sí mismas.

Llegan más enfermedades

Estela narra que sin darse cuenta fue quedando con la piel pegada a los huesos. A pesar de que estaba feliz por verse delgada, mientras hacía 10º grado y sus compañeras crecían como mujeres, ella parecía una niña. Su periodo menstrual dejó de llegar, estaba desnutrida, su cabello estaba débil y su piel era de color de azufrado.

“Las monjas del colegio le dijeron a mi mamá que me llevara a otra ciudad porque me veían muy mal y pensaban que moriría”, acota.

Fue llevada a Barranquilla, donde le descubrieron hipotiroidismo, además de desnutrición. Allá estuvo un buen tiempo en casa de familiares suyos, y dice que el amor y la paciencia que le brindaron hizo que empezara a comer poco a poco.

Luego regresó al colegio y se sintió curada. Había recuperado peso y cursó su último grado sin problemas. Pero cuando terminó, los trastornos alimenticios reaparecieron.

“En ese tiempo el ingreso a la universidad era una cuestión política, mi padre era funcionario público y su partido había quedado por fuera. Fui viendo cómo mis compañeras se iban, me sumí en depresión y convertí la comida en mi compañera. Comía de manera exagerada, sin hambre y luego dormía. Aumenté mucho peso y mi desesperación se manifestaba. No lo podía controlar y una noche me estrellé la cabeza muchas veces contra las paredes de mi habitación; quería morirme para acabar con mi problema”.

Se dedica a contarlo

Hoy Estela Pretelt es otra persona, se dedica a contar su historia y dice que fue salvada porque quería vivir. Desde que empezaron a aparecer los estudios de su enfermedad, comenzó a analizarlos con mucho cuidado y se dio cuenta de que lo que sufrido en aquel momento de su vida había sido anorexia y bulimia.

A través de recopilaciones de su diario y basada en estudios médicos, escribió ‘Yo también sufrí de anorexia’, un texto que no sólo ha sido tomado por varios colegios para ser leído, sino que fue adoptado como un libro para adolescentes por Gobierno Nacional y lo comparte con personas de otros países.

Dicta charlas a padres de familia, a través de las cuales brinda consejos para manejar esta enfermedad. Dice que lo más importante es, “verlo como una enfermedad que se debe tratar con mucho amor, esa es la única manera de superarla”.

Reconózcala

La psicóloga Patricia Rueda, da algunas pautas para aprender a reconocer la aparición de la anorexia:

Siempre son muy perfeccionistas y exigentes con sí mismos.

Pasan la mayor parte del tiempo preocupados por su peso y su figura.

Tienen una imagen negativa de sí mismos, como si no se quisieran, a veces se desprecian.


Rueda reconoce que cuando se llega al vómito, la anorexia generalmente ya ha recorrido mucho camino. Dice que otras señales que se evidencian, son: sacar del plato alimentos que siempre se comen, hacer ejercicio todo el tiempo, ir al baño inmediatamente después de las comidas, la ingestión de pastillas para orinar o quitar el apetito y té para evacuar, aún siendo delgados.

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