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Escuelas también deben enseñar hábitos saludables

“Lo que no mata, engorda”, se suele repetir como una especie de sortilegio para espantar cualquier mal cada vez que se cae algo al suelo y luego es llevado a la boca.

Pocas personas puede asegurar con completa honestidad que no lo han hecho y, más aún, que no lo han hecho delante de un niño, los que suelen absorber como una esponja y repetir todos los comportamientos de los adultos que los rodean.
Precisamente ese, llevarse cosas que han caído al suelo a la boca, es un hábito no saludable que facilita la aparición de infecciones parasitarias intestinales y uno de los tantos que estudiantes de bacteriología de la Universidad de San Buenaventura encontraron en la investigación sobre los conocimientos, significados y las prácticas que tiene la comunidad de la Institución Educativa Mercedes Abrego, sede Sierrita, sobre las infecciones parasitarias.

Sobre el estudio
La investigación, realizada por Jafiza Alvis Cabal y Deiry Barreto Guerra, dejó en evidencia los hábitos no saludables, practicados tanto por niños como por adultos del colegio, así como los tratamientos a base hierbas usados con frecuencia para paliar los síntomas que, a largo plazo, pueden resultar nocivas para la salud.
Mediante entrevistas y talleres con los empleados de la institución, docentes, padres de familia y los niños, Alvis y Barreto encontraron que los conocimientos que los adultos vinculados con la escuela tienen sobre los hábitos saludables provienen de creencias y costumbres transmitidas en su mayoría de generación en generación.
“Identificaban los parásitos como un riesgo para la salud y por lo tanto debían prevenirlos, pero también encontramos que algunos veían normal tener parásitos y hasta les parecía ‘saludable’ porque les ‘limpiaba el organismo’. Al analizar esto, te das cuenta que son factores de riesgo para que se mantenga la prevalencia de estas infecciones en Cartagena, la tercera causa de enfermedad en la ciudad”, comenta Alvis Cabal.
Muchos de los participantes en el estudio conocen los hábitos saludables para evitar las infecciones como lavarse las manos después de ir al baño y antes de comer, no llevarse a la boca nada que caiga en el suelo y hervir el agua; pero, a pesar de conocerlos, no los ponen en practica ni se los enseñan a los niños.
Las investigadoras también encontraron que los participantes desconocen la diferencia entre estar infectado y estar enfermo.
“Cuando se les preguntaba cómo sabían si tenían una infección parasitaria intestinal muchos hacían énfasis en los síntomas, es decir, vómitos, dolor de estomago, mareo y dolor de cabeza. Ellos piensan que nada mas tienen parásitos cuando presentan síntomas pero todos los participantes desconocían que aunque no se presenten síntomas puedes tener parásitos intestinales”, explica Alvis Cabal.
Ante una infección parasitaria, las investigadoras encontraron que los participantes suelen recurrir y confiar más en la medicina tradicional o herbaria.
Utilizan preparaciones con ajo, semillas de papaya, anamú, hierba santa, cebolla y quenopodium, entre otros.
Estas preparaciones “las utilizan de manera arbitraria, sin saber que tienen componentes químicos que se acumulan en el organismo y pueden provocar alteraciones en el sistema nervioso central”, explica la bacterióloga.
Los tratamientos herbarios utilizados realmente tienen efecto vermífugo (antiparasitarios) sin embargo algunos pueden deteriorar la salud, como es el caso de la hierba santa, compuesta principalmente por tujona, una cetona que actúa sobre los receptores de ácido gama -amino butírico en el cerebro, además de inhibir receptores que activan las neuronas ocasionando espasmos musculares, convulsiones y muerte.
Otra de las hierbas utilizadas, el anamú, puede ocasionar lesiones gástricas, prurito, cefalea y mareos, sus componentes son potencialmente cancerígenos y no se recomienda su uso en embarazadas ya que puede producir abortos.
Entre las costumbres para prevenir y tratar las infecciones parasitarias intestinales se encontró que también suelen recurrir a rezos para evitar las “energías negativas” y otras creencias como “ingerir el desparasitante los días siete, diecisiete y veintisiete de cada mes, para que mueran los parásitos y las personas recuperen su buena salud”.
Algunos de los entrevistados desconfiaban de la medicina facultativa y los tratamientos farmacológicos, creen que generan reacciones adversas que pueden empeorar la enfermedad que padecen.

Recomendaciones
Las investigadoras esperan que el estudio le sirva al DADIS, para corregir las deficiencias a nivel de infraestructura que se encontraron en la escuela y que incrementan las posibilidades de adquirir una infección parasitaria.
Entre esas se encontró que los baños, sin puerta, están ubicados frente a la zona donde los niños comen y al lado de la cocina. La cocina, por su parte, no cuenta con un sitio adecuado en el que puedan desechar las basuras. Estas condiciones contribuyen a que se presenten moscas y cucarachas, “vectores que en las paticas pueden tener parásitos y pasarlos a donde se posen”.
También recomiendan que se cumpla con lo establecido en el Decreto 3075 de 1997.
Esta normatividad “les exige a las escuelas que las personas que se van a encargar de la manipulación de los alimentos se les realicen exámenes médicos y análisis de laboratorio para evitar la contaminación de los alimentos que manipulen”, indica Alvis.
También aconsejan realizar capacitaciones continuas para mantener al personal actualizado sobre las medidas preventivas para evitar la transmisión de infecciones.
Las investigadoras afirman que las campañas en las que se les entrega el desparasitante con algunas indicaciones no sirven de nada si no se concientiza a la comunidad sobre la necesidad de adoptar los hábitos saludables tanto en las casas como en las escuelas.
Por eso, recomiendan realizar campañas educativas continuas en las que se incluyan a los padres, docentes y al personal de la institución, eso ayudará a erradicar los hábitos no saludables que provocan enfermedades parasitarias y a evitar las prácticas que puedan resultar nocivas.

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