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Que el dolor no termine con su tranquilidad

La actitud que un paciente asume frente a un dolor, es tan importante como la ingesta adecuada de los medicamentos para tratar el mismo.

Algunos dolores son momentáneos y otros son producto de una patología. Ambas clases están asociadas al daño de algún tejido.

El dolor es una experiencia sensorial desagradable asociada al daño de un tejido. Algunos dolores son pasajeros, no demoran más de un mes y se superan con la sola ayuda de analgésicos. Otros son crónicos, lo cual implica que son patológicos, producto de una enfermedad, que se puede profundizar”, afirma Adolfo Castilla, psicólogo.

“El dolor que es patológico está relacionado con enfermedades fuertes, crónicas y oncológicas. Entre ellas están: artritis, fibromialgia, síndrome del túnel carpiano, lumbalgia, cervicalgia, radiculopatía, y demás cánceres. Todas causan dolores que persisten durante mucho tiempo generando cambios en el paciente, debido a que se vuelven una limitación en sus actividades diarias, en su vida social y familiar”, agrega.

Según Castilla estas limitaciones generadas por un dolor, obligan muchas veces a los pacientes faltar al trabajo o les impide desarrollarlo de forma normal, les quita los deseos de salir porque el dolor no se los permite, hace que prefieran evitar las reuniones con otras personas por la sensación dolorosa que los lleva a aislarse e incluso limita su vida sexual.

Todo esto produce en el paciente cambios emocionales y de conducta específicos.

Cambia la actitud del paciente

Experimentar la presencia de un dolor constante y las limitaciones generadas por el mismo, llevan al paciente a tener cambios de actitud relacionados con diferentes emociones.

“Hay tristeza, que se puede convertir en depresión al no tener una ayuda inmediata porque puede generar ideas de minusvalía, desánimo, llanto, soledad y vacío; aparece el miedo, porque ya no puede trabajar y por ente la incertidumbre por el futuro de su vida, lo cual se puede convertir en ansiedad y generar taquicardia, angustia e intolerancia ante algunas circunstancias; hay rabia, acompañada de interrogantes como: ¿por qué me tiene que pasar a mi?, lo cual, si no es bien manejado se puede convertir en irritabilidad con la familia”, explica el Psicólogo.

“Todo esto puede acompañarse de trastornos de sueño e incomodidad constante con su vida, lo cual impide la rehabilitación del paciente”, añade.

Medidas a tomar

En estos casos la familia y el paciente deben tener en cuenta cuatro medidas indispensables para mejorar su calidad de vida.

“La primera, es aceptar la enfermedad. Muchas de estas enfermedades son irreversibles, entonces hay que aceptarlas y aprender a vivir con ellas. Al luchar en su contra, en ese campo de batalla termina el cuerpo aún más afectado; la enfermedad no está afuera sino que hace parte de uno mismo. Lo segundo es romper los círculos viciosos del dolor, es decir, no dejar que aparezca el estrés cuando llegan recibos y cuentas con deudas; hay que aprender a manejar esos momentos para que el cuerpo no termine más afectado”, dice el profesional de salud mental.

“Lo tercero es distraer el dolor, pues al concentrarse solo en éste, la sensación aumenta. Se puede lograr pensando en otras cosas y realizando otras actividades que satisfagan y ayuden a olvidarlo o moderarlo. Para esto también es necesario utilizar técnicas de relajación pasiva y respiración profunda. La cuarta medida es la programación psicolingüística, con la cual se logra romper la palabra dolor. En este proceso el paciente puede empezar a cambiar la expresión “me duele” por “tengo un malestar” o “me siento incómodo por algo”, porque el cerebro se programa a partir de lo que uno mismo dice y expresa. Acá también se debe tener en cuenta la reestructuración cognitiva, que se trata de romper ciertas creencias que se tienen sobre los dolores y patologías evidenciadas a partir de frases como: “es que me duele mucho” o “no voy a salir de este estado”, ante las cuales debe haber respuestas positivas como, “me sucede porque yo puedo lidiar con esto”, “esto es pasajero”, o “ya pasará”, puntualiza.

Lo que se necesita para aprender a manejarlo

Para el psicólogo Adolfo Castilla, en el proceso de aprender a manejar un dolor, es necesario:

Apoyo familiar. Muchos pacientes dejan de quejarse por su dolor, porque piensan que su familia está cansada de escucharlos y es necesario que se puedan desahogar para que su evolución sea mucho más rápida.

Farmacoterapia. Los medicamentos formulados deben ser ingeridos de forma adecuada para poder superar el dolor.

Manejo psicológico. Indispensable para que el paciente acepte su enfermedad, aprenda a convivir con ella, disminuya el volumen del dolor y el tratamiento se más afectivo.

Fisioterapia. Con ella se estimula al paciente a querer seguir mejorando y mantiene su mente distraída.

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