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Violencia contra las mujeres, una cultura machista que no se ha tratado

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Cinco mil 882 casos de violencia contra la mujer atendidos, entre el 2013 y el 2015, por las cinco Comisarías de Familia que posee Cartagena, dan cuenta de la delicada situación que vive este grupo poblacional en la ciudad.

El panorama se agrava si se tiene en cuenta que la estadística solo recoge los datos completos de las comisarías de la Localidad 1 y 3. Las cifras de 2015 de la Localidad 2 están sin procesar porque la entidad no cuenta con el personal para hacerlo. Lo mismo ocurre con el recuento de los incidentes atendidos en lo que va del 2016 en las cinco comisarías. La razón es la misma: desde enero a estas oficinas no se les han asignado los profesionales, que la misma ley dice que deben tener, para brindarle un eficiente servicio a las mujeres. Es decir, la cifra es más abultada.

Pero el horizonte es mucho más oscuro advierte la secretaria distrital de Participación y Desarrollo Social, María Márquez Faciolince, al hacer énfasis en que hay otra estadística desconocida que corresponde a los hechos que no son denunciados por las víctimas. “Son muchas las mujeres que todavía se quedan calladas, que padecen en silencio y eso hace que la realidad sea más preocupante”, comenta la funcionaria.

TIPOS DE VIOLENCIA

Hay cinco formas de violencia contra una persona reconocidas por la sicología que encajan perfectamente en la coyuntura de violencia contra la mujer y que así las reconoce la ley en Colombia. La violencia física: incluye golpes, heridas abiertas y muerte. Violencia económica: sometimiento de la víctima por dependencia económica. Violencia sexual: cuando no se respeta la voluntad de la víctima para sostener relaciones sexuales. Violencia sicológica: cuando se destruye  con la palabra. Violencia simbólica: es la que utiliza los gestos y las acciones que destruyen la autoestima de la víctima, la desconoce como un ser inteligente y con cualidades.

Una mujer puede ser sometida a un solo tipo de violencia o a los cinco tipos, al tiempo. En la mayoría de los casos los agresores sueles ser los esposos, compañeros permanentes o novios.

¿Cuál es la razón para que esta mala práctica en las relaciones de pareja vaya en aumento muy a pesar de las campañas por parte del Estado y de organizaciones privadas para despertar la consciencia en las mujeres y animarlas a no dejarse maltratar y denunciar a sus victimarios?

Sicólogos, comisarios de familia y abogados enfocados en estos casos coinciden en que el problema tiene una raíz sociocultural muy profunda que atraviesa inconscientemente las creencias tanto de hombres como de mujeres y esto no solo permea la crianza diferencial por género de los hijos, la cual es la base para que un adulto halle razones para someter deliberadamente o para dejarse someter. También permea la puesta en práctica de las leyes existentes para tipificar los delitos y castigarlos.

“Alrededor de lo que es el ejercicio de ser hombre se ha construido una cultura machista, que en un principio se asumía como natural. Me refiero a esa relación de poder desigual que ejerce el hombre hacia la mujer. Pero se ha identificado que es una construcción sociocultural y que por tanto se puede deconstruir y establecer otras normas de relaciones y otra cultura, esta vez en relación hacia el respeto a la mujer”, explica Amaury Montero, sicólogo participante del único plan que se ha llevado a cabo en Cartagena en un intento de cambiar el pensamiento masculino frente a la mujer. Dicho plan se denominó Modelo Terapéutico Dirigido a Hombres que Requieren Apoyo en la Interacción con su Pareja y se realizó entre julio y octubre de 2014.

Montero explica que al hacer un rastreo inicial con los 60 hombres, que respondieron a la convocatoria, para detectar cuáles eran los pensamientos que desencadenaban la emoción de ira y en consecuencia la conducta violenta, se detectaron ideas equívocas que se han sostenido en el tiempo y generalizado entre la población masculina.

“Estas creencias ellos las veían como algo normal. Por ejemplo: nadie debe meterse en las peleas entre parejas, si el hombre está agrediendo a su mujer es porque ella hizo algo, para que las mujeres sean fieles hay que tratarlas fuertes. En la cultura equivocada sobre las que se han sentado hasta ahora las bases de la crianza, los hombres representan a la mujer como de su propiedad y asumen que son ellos los que les deben suplir y satisfacer todas las necesidades. Son los proveedores. Las ven como un objeto donde van a depositar toda esa protección en todo sentido y desde allí establecen unos patrones de relación donde tienen un control total sobre su pareja”, expresa Montero.

PROPIEDAD PERENNE

Esa creencia popular desacertada de que la mujer es propiedad perenne del hombre una vez ésta le haya dado el sí en el altar o en la cama ha sido el detonador en los cientos de casos que han despertado el repudio social mediático. Luz Dary Piñeres Llerena pertenece a esa dolorosa lista de mujeres violentadas por una ex pareja que no aceptó el rechazo. El 20 de noviembre de 2013, Luz Dary fue disminuida, casi al punto de la muerte, por su ex marido y padre de sus dos hijas, en un brutal ataque a puñal y patadas.

Los hechos se registraron, increíblemente, en el interior de la Parroquia de Canapote, luego de una eucaristía y aprovechando que se había quedado solo con Luz Dary, dado que ella trabajaba allí.

“Él me pidió que nos quedáramos para hacer un rosario por la salud de su hermano y cuando terminamos me dijo que quería regresar conmigo a lo que contesté que no. Me dio 37 puñaladas y cuando por fin pude quitarle el cuchillo me levantó a patadas hasta dejarme moribunda”, recuerda Luz con lágrimas en sus ojos y aferrada más que nunca al amor de Dios. “Yo no morí por misericordia de Dios. Sostuve dos batallas, una contra mi atacante físico y otra contra el demonio. En medio de los golpes y las heridas yo oraba y aclamaba a Dios y cuando empecé a repetir la oración de San Miguel Arcángel, él se empezó a alejar hasta dejarme encerrada en la iglesia. Yo estaba desangrándome, pero Dios me dio las fuerzas para caminar como pude hasta la puerta principal y abrirla para pedir ayuda. Lo sorprendente es que esa puerta tiene un cerrojo que pesa muchísimo y hoy día no lo puedo abrir y esa vez lo abrí de un tajo pese a mi debilidad. Cuando abrí iba pasando un señor al que le pedí ayuda y este alertó a unos muchachos que estaban jugando fútbol para que llamaran a la Policía. Duré casi una hora para que me pudieran sacar y llevar a una clínica porque la puerta estaba protegida por una reja que tenía un candado que la gente no podía abrir ni con segueta”.

Luz Dary sobrevivió después de varias cirugías. Ella contó con la suerte que no tuvieron 19 mujeres que fueron asesinadas en 2013; 27, en 2014; 11 en 2015 y 3 más en lo que va de 2016.

A su verdugo le dieron 4 años de cárcel, de los cuáles solo estuvo uno en prisión. El resto de la sentencia la cumple domiciliaria por problemas de salud. Luz Dary también tuvo éxito en que su victimario fuera capturado y condenado en el año siguiente a los hechos. En otras situaciones como la de Beatriz Taborda Fernández la justicia ha ido mucho más lento. A esta mujer el 3 de mayo de 2015, su compañero permanente, en ese momento, la sometió delante de la hija de él y que ella lo ayudaba a criar, a una golpiza de patadas, puños y lanzamiento de la escalera. Falta poco para que se cumpla un año de lo sucedido y aun no se realiza la audiencia de imputación de cargos al agresor.

JUSTICIA PERMEADA POR FACTORES SOCIOCULTURALES

Ruby del Carmen Beleño Suárez, abogada penalista y directora ejecutiva de la corporación Gestores Urbanos, precisa que los patrones socioculturales de la violencia agujerean la justicia en Colombia.

“La violencia contra la mujer en Colombia sí es un delito. Normativamente nuestro país es muy rico en materia de protección de los derechos humanos de las mujeres. El problema está en la sensibilidad de la institucionalidad. Hay una debilidad frente a la aplicación de la norma y encontramos muchas veces resistencia en el aparato estatal por parte del funcionario que atiende la temática. Es una resistencia de tipo cultural más que de tipo normativo que empaña la actuación del funcionario público que atrapado en estos patrones socioculturales erróneos se cuestiona si la mujer es responsable de lo que le pasó”, manifiesta Beleño.

Al respecto, la comisaria de familia de la Localidad 1, Margarita Robles Villegas, refiere que en una investigación que hizo la Procuraduría se evidenció que en muchos operadores administrativos responsables de poner en práctica la ley de protección a la mujer persistían imaginarios culturales que encasillan a las mujeres a una conducta de obediencia plena y atención a los maridos.

“La investigación arrojó que en aras de todos esos imaginarios culturales primaba la autoridad del hombre contra la mujer y esto en un momento dado puede influenciar en una actuación o decisión administrativa o judicial. Hace falta mucha más formación para transversalizar el cambio cultural que evoca las leyes que en Colombia protegen a la mujer”, menciona Margarita Robles.

CAMBIO DE ÓPTICA

Es un compromiso ciudadano e institucional abordar la erradicación de la violencia contra la mujer y promover cambios en la generación actual y en las futuras para contribuir a la eliminación de toda forma de violencia, opina Ruby Beleño.

Desde la Secretaría de Participación y Desarrollo Social se trabaja en la apertura para el próximo 23 de marzo del Centro de Orientación a la mujer que funcionará en el consultorio jurídico de la universidad Rafael Núñez, en el Centro. En el sitio se les brindará acompañamiento jurídico y sicológico a las víctimas para que denuncien a los agresores y superen las secuelas que quedan luego de estos episodios.

Sin embargo, los organismos que trabajan de cerca en esta problemática reclaman una campaña local y nacional para cambiar la mentalidad masculina dado que los hombres son los mayores agresores de las mujeres.

“Si miramos las estadísticas de Medicina Legal, detectamos que en muertes violentas y suicidios las principales víctimas son hombres y después cuando se muestran los datos estadísticos de la violencia intrafamiliar los principales agresores son los hombres en su rol de esposos o parejas permanentes o novios y en este caso las víctimas son las mujeres; lo que nos da muestra de un ejercicio violento de lo que es la masculinidad”, expresa Amaury Montero.

Frente a esto, Montero señala que es necesario impulsar campañas educativas que enseñen a los varones a identificar cuáles son los pensamientos que desencadenan la ira contra las mujeres y a deconstruir esas representaciones. Una cátedra sobre el respeto a la mujer podría ser parte de la respuesta institucional y de la solución a un problema de violencia de género histórico.

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