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El Galeón San José, el santo grial de los tesoros sumergidos

El esplendor del jueves 7 de junio de 1708 fue suficiente para que el almirante José Fernández de Santillán (conde de Casa Alegre) y comandante del galeón San José, viera con optimismo la posibilidad de zarpar hacía España. Al día siguiente, la imponente embarcación conocería el fondo del mar. (Lea aquí: Presidente Santos anunció el hallazgo del galeón San José)

Como si se tratara de un presagio, el tiempo cambió notoriamente, las nubes, como un manto gris, cubrieron el océano mientras una suave llovizna golpeaba la cubierta del barco que a paso lento avanzaba hacia costas españolas, quizá por el peso del armamento y los pasajeros, pero más que eso, por las piezas de oro y plata que llevaba en su interior y que muchos calculan en, por lo menos, 5 mil millones de dólares. 

La tarde de ese fatídico 7 de junio se aproximaban por el norte varios buques enemigos. Los gritos de los vigías españoles dieron el aviso. Las 13 embarcaciones que acompañaban el capitanía San José alistaron su defensa. Las esperanzas de los tripulantes se hundieron al igual que la embarcación. 

El Expedition, un buque inglés comandado por el comodoro Charles Wager, aprovechó los vientos y penetró las defensas españolas hasta llegar a 60 metros de distancia de la embarcación que, según muchos, llevaba la mayor cantidad de tesoros que se hubieran podido sacar de las Indias hacia España. 

Los 30 cañones de entre 10 y 18 libras que defendieron el San José no fueron suficientes para contener la arremetida inglesa trazada por Wager. 

A pesar del inminente choque militar, el San José no eludió la nave atacante. La intención era recibir al Expedition con una cortina de fuego que, según Casa Alegre, pondría a su favor el combate. 

El temor causado por el fragor de la lucha cundió en los ocupantes del barco, muchos eran mujeres, otros tantos eran menores, todos gritaban mientras se refugiaban en las bodegas. Sabían que de no ser asesinados, serían apresados y despojados de sus bienes. 

El humo tras el fuego de los cañones formaba una espesa cortina que además de acortar la visión ahogaba las órdenes que salían de la garganta de Fernández. Pistolas y sables se entrecruzaban en la cubierta del San José, uno a uno caían ingleses y españoles. 

La orden de disparar a quemarropa contra el Expedition fue silenciada por una explosión que hizo frenar la nave en seco para luego hundirse. 

Acababan de pasar las siete y media de la tarde y con el ocaso del día llegó también el del imponente galeón, el cual hoy reposa, según varias empresas ‘casa tesoros’, en las profundidades del Mar Caribe, cerca de Cartagena. Allí, en el fondo del mar, no sólo reposan los tesoros, sino cerca de 600 almas que se fueron con la que fue quizás la nave insignia del reinado español. 

EL TESORO 

El tesoro que muchos calculan en 5.000 millones de dólares, para otros fácilmente superaría los U$10 mil millones, si le fuera vendido a coleccionistas. (Lea aquí: Los litigios del galeón San José)

La embarcación, según los relatos recopilados en centenares de páginas dan cuenta de piezas de oro, plata y joyas, a los que se sumaban incensarios que un marqués le habría enviado a su sacerdote de confesión, los anillos que varios condes dejaron empeñados a un agiotista de ese tiempo, además de vajillas de plata dorada. 

También reposarían en él dos cofres de 289 marcos y un relicario grande y tres pequeños, cada uno con su pedestal de plata del Potosí, que el manifiesto inscribió como "regalos religiosos". 

A estas riquezas era necesario sumar lo que ingresó a la nave de contrabando, lo cual, se ha afirmado, podía duplicar lo registrado.

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