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El inventario de armas de las Farc, una duda peligrosa

El destino final de las armas que convirtieron a las Farc en la organización ilegal más tenebrosa de Colombia es una de las decisiones que más tensión genera en la mesa de diálogos de La Habana.

Desde un principio los insurgentes dijeron que el Gobierno no logrará la foto de un rebelde entregando su fusil al Estado porque, para ellos, eso significa claudicación. Por eso en su discurso usan el término “dejación” de armas, en vez de “entrega”.

La delegación guerrillera propuso como coordinador de ese proceso a “Simón Trinidad”, quien está condenado a 60 años de prisión en E.U. (por secuestro) y, según ellos, es el más idóneo para hacer el inventario bélico del grupo.

Aunque “Rodrigo Granda”, miembro del Secretariado y representante en la isla, ha dicho que “hasta el último machete” está registrado en las actas de cada frente, el número exacto de armas en poder de las Farc es un misterio.

Pese a esto, información de desmovilizados y de agentes de Inteligencia permite aproximarse al catálogo de guerra de los subversivos.

El inventario

“La dotación personal de cada combatiente consta de un fusil con 8 a 10 proveedores y 400 cartuchos adicionales; una pistola, 8 granadas y un cuchillo o machete; una hamaca, dos pares de botas, una linterna, un reloj y una muda de ropa de civil”, narra “el Mono”, un reinsertado de la agrupación que pide la reserva de su identidad.

Los milicianos urbanos, en promedio, cuentan con una pistola, tres proveedores y dos granadas de provisión.
Las cuentas del Ministerio de Defensa indican que los combatientes de las Farc son 6.230; si se añaden los milicianos de sus redes de apoyo (dos por cada combatiente, según fuentes policiales), la cifra asciende a 18.690, que eventualmente se presentarán a la desmovilización.

Al cruzar los datos de dotación personal con el número de combatientes y milicianos, se deduce que el arsenal para el funcionamiento básico de la tropa asciende a, por lo menos, 24.920 armas de fuego ligeras (las que puede cargar una persona, como fusiles y pistolas), sin contar las de reserva, las perdidas en batallas y operativos (en promedio 1.300 anuales, según el Ejército), ni las descartadas por deterioro, cuyo balance desconocen los investigadores de la Fuerza Pública consultados.

El inventario continúa con las denominadas “armas de apoyo”. El capítulo II del Estatuto de las Farc define que la escuadra es la unidad básica de su estructura jerárquica, la cual consta de 12 personas.

“El Mono”, quien integró varias escuadras a lo largo de su carrera insurgente, recuerda que cada una cuenta con este apoyo: una ametralladora M60, un lanzacohetes RPG7 y un rifle para francotirador, “ese es el propio para espantar los moscos”, dice.

El comandante del Bloque Oriental, Henry Castellanos, alias “Romaña”, aseguró en una entrevista que las Farc tienen 80 frentes (de 220 hombres en promedio). Suponiendo que no esté inflando esa cifra, esto implica tener en operación 1.464 escuadras, de acuerdo con datos del estatuto. Siendo así, las armas de apoyo rondarían las 4.392 unidades.

El catálogo incluye armas no convencionales, que son más complejas de cuantificar porque por lo general solo se utilizan una vez: tatucos, minas quiebrapatas, cilindros bomba, “ramplas de llovizna” (láminas empleadas para arrojar explosivos) y dinamita.

Las cifras reseñadas están sujetas a verificación, mas la evidencia indica, según analistas de la Fuerza Pública, que los registros serían más altos.

¿Eso cuánto vale?

¿Cuál es el precio de todo el arsenal? Es otra cifra sobre la que se especula, sin llegar a datos concluyentes. El informe “Violencia, crimen y tráfico ilegal de armas en Colombia”, elaborado por la ONU (2006), estimó que las Farc invierten entre 35% y 50% de su presupuesto anual en adquisición y mantenimiento de armas, municiones y explosivos.

En 2013, el economista y exdirectivo del Banco de la República, Salomón Kalmanovitz, redactó el estudio “El impacto económico del conflicto interno colombiano y un escenario de paz”. Allí estimó que el presupuesto anual de las Farc sería de $3,6 billones de pesos, las mayoría provenientes del narcotráfico.

Y el diario internacional The Economist, citando un estudio secreto del Gobierno, señaló el viernes pasado que los ingresos anuales pueden llegar a $10,5 billones de pesos.

A juicio de estas estimaciones, podría deducirse que el presupuesto para importar, fabricar, reparar y reponer el material bélico de la tropa sería de $1,3 o $5,25 billones al año. Los precios, sin embargo, tienden a reducirse porque en muchos casos las armas no son compradas, sino intercambiadas por droga con otras mafias.

¿Qué hacer con las armas?

En la historia de las desmovilizaciones en Colombia, nunca una organización ha entregado un arsenal superior en número al personal reinsertado.

Entre 1990 y 1998 se reintegraron a la vida civil siete guerrillas (M-19, Epl, Quintín Lame y otros), con 4.853 combatientes y 1.445 armas (3 a 1 en proporción).

En la desmovilización colectiva de las Auc (2003/06) se reintegraron 31.671 militantes, que presentaron 18.051 armas, según la Presidencia (un arma por cada dos combatientes aproximadamente).

En el plano internacional se mantiene la tendencia. En el informe “Delincuencia organizada transnacional en Centroamérica y el Caribe” (2012), la Oficina de la ONU contra la Droga y el Crimen explica: “en El Salvador, alrededor de 360.000 armas de tipo militar no fueron entregadas al final de la guerra; en Guatemala solo 1.824 fueron entregadas; en Nicaragua, 17.000 armas, a pesar de que se desmovilizaron 91.000 combatientes”.

En el caso de las Farc, ¿cuánto entregarán de su arsenal y qué destino se le dará? Esta es una de las misiones de la Comisión de Verificación encabezada por el Consejo de Seguridad de la ONU y la Celac, una vez se firme el acuerdo final en La Habana.

Jorge Giraldo, decano de la Escuela de Ciencias y Humanidades de Eafit y miembro de la Comisión Histórica del Conflicto que participó en la mesa de diálogos, afirma que “el arsenal de las Farc excede en mucho a su número de combatientes y eventuales desmovilizados”.

El académico asevera que uno de los modelos de desarme que contemplan los guerrilleros es el del IRA, en Irlanda. Allá no hubo entrega del material de guerra al Gobierno, ni se publicó el inventario, sino que en actos privados le cedieron las armas a unos inspectores internacionales.

Sobre el destino del arsenal, Giraldo supone que “la ONU podría convertirse en albacea y custodiarlo”.

Otra opción es fundir los aparatos y hacer obras de arte, rituales con víctimas o monumentos, como sucedió con el Epl y las Auc. El armamento de los paramilitares se fundió en la Siderúrgica Nacional, en Sogamoso (Boyacá).

Para el coronel (r) Luis Bernardo Maldonado, presidente de la Asociación Colombiana de Oficiales en Retiro de la Policía, la mejor opción es que los insurgentes le entreguen esos elementos al Estado.

“Con esas armas se cometieron infinidad de delitos y mataron a muchas personas, por eso deben desaparecer, fundirse y quedar en chatarra”, precisa el oficial (r), y descarta de tajo la posibilidad de que puedan ser reutilizadas por la Fuerza Pública.

El general (r) Harold Bedoya, excomandante de las Fuerzas Militares, no cree ni en dejaciones ni entregas. Para él, las Farc van a conservar lo mejor de su armamento.

Por eso dice que “con eso habrá un sofisma de distracción. Ellos van a entregar los tiestos inservibles y pasados de moda. Esa entrega será una gran mentira, porque el negocio de ellos es tener armas para amedrentar y coca para comprar consciencias”.

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Comentarios

No es claro?

A mi me parece muy claro que lo que mas aman estos enemigos de la paz son sus armas. Si las Farc quisieran realmente la paz y llegar a un acuerdo sobre lo que hicieron ya hubieran dejado sus armas. Pero es claro que lo que ellos quieren es llegar a un acuerdo sobre lo que van a seguir haciendo; guerra y hambre para Colombia.